Torpemente los “estrategas” de la campaña de Noboa habrán creído que, pensando que el mundo electoral se dividía entre correîstas y noboístas, los dudosos se iban a plegar luego de ver una foto infamante de Glas llevado con trofeo a una cárcel a medio construir. Lo que en esa primitiva conclusión no se consideró es que hay una porción de electores que repudiamos, asqueamos del correismo, por su autoritarismo y su corrupción; que abogamos por su judicialización, pero no dispuestos a danzar bebiendo en cráneos la sangre del enemigo. Hay normas éticas no escritas. Por decencia, ya no se pisotea y patea al caído.
En esa misma línea de conducta, Noboa ha creído que el anticorreismo, que es una expresión política contraria a toda forma de autoritarismo, abuso de poder y exclusión; iba a aplaudir y tolerar esas mismas conductas con otras caras. No es igual, pero se parece; aunque muchos de sus áulicos, comensales de palacio, se hayan esmerado, sin éxito, de maquillar sus excesos, de justificar sus abusos, y de argumentar que el correísmo era peor; o que para evitar el retorno de autoritarismo corrupto, es necesario una dosis de lo mismo. Dividieron el mundo en dos: el noboísmo y el correísmo, parecidos pero opuestos. Conclusión carente de lógica racional. Hay una porción de electores que no suscribimos ningún abuso, sea del color que sea, y son quienes el domingo 16 de noviembre tachamos la opción NO en la papeleta, como expresión de desconfianza total, basada en los hechos y en repudio a los intentos de otra refundación para otro autoritario.
Los que se roban todo, incluso un resultado que nos les pertenece, festejaron como si fueran triunfadores. Pero, la realidad es implacable y poco a poco se ha ido imponiendo para demostrar que tras el voto negando las preguntas de Noboa, esta la evidencia que el mundo electoral no está dividido entre dos polos de parecidos; sino que hay variedad de posturas de ciudadanos que no comemos propaganda.
No lo veo posible, por el perfil de la personalidad de Noboa, que se tenga la sensibilidad de entender que es insuficiente y cansino denostar del correismo. La forma de combatir esa lacra es gobernando bien y diferente, sobre todo esto, diferente a lo que repugna del correísmo. El revolving de ministros, la escapatoria física de la crisis a un viaje sin destino ni explicación, su ausencia real en la noche de la derrota, dibujan a un personaje sin las capacidades emocionales y volitivas para repostar del fracaso; aparte de sus notorias limitaciones retóricas y conceptuales. Roto el mito de que si no eres correísta eres noboísta y viceversa, Noboa está enfrentado a proponer y actuar en esa atmósfera de diversidad de puntos de vista que deberían confluir en la defensa de ls democracia, el fortalecimiento de las instituciones y la derrota a la corrupción.
Noboa debe reorientar su estrategia de comunicación. Es insultante que hable con monosílabos o gesticulaciones. Hacen falta contenidos, hacen falta conceptos, no consignas y gabinete de cotorras que repiten sin sentido de autoestima. Eso fue aquella zonza idea que los delincuentes tienen preferencia en atención médica. Los bufones la repetían para convencer que, tan solo por esa mentira, era urgente una asamblea constituyente.
Deben producirse reformas constitucionales, sin duda. Desideologizar el sistema económico, cambiar atribuciones del Consejo de Participación Ciudadana y el de la Judicatura. Pero creo que Noboa perdió la oportunidad de hacerlas. En un nuevo referéndum, seguramente volverá a perder. Antes de encubrir la eficacia de un supuesto plan fénix, y culpar a la constitución y a la Corte Constitucional del incremento de la violencia, intente reformas a la ley de Control constitucional, para evitar que jueces usen el garantismo para dar impunidad a quienes les coimen; intente reformas a las normas disciplinarias de la Policía, para evitar que los corruptos no puedan ser separados de sus cargos; y dote de capacidades de inteligencia e investigación a los policías para que sigan cumpliendo con desarmar estructuras criminales. Construya las capacidades estructurales para que el Estado defienda a la nación de la arremetida delincuencial. No sirvió el engaño de la cabalgata en la playa como antesala de la irrupción de fuerzas extranjeras para patrullar calles y caminos (qué ridículo fue todo eso).
La arrogancia e inexperiencia política y pública no le permitieron entender, a Noboa, que su popularidad era prestada. Así, también perdió esa idea que era el gran elector y que su toque convertía todo en triunfo. Todo esto terminó.
En este escenario, es tarea de ciudadanos, políticos y opinadores crear espacios de contrapeso, de orientación, de oposición decente. Las voces discrepantes contra abusos y corrupción mostraron fuerza electoral y deben mantenerse activas para impedir que el país intente ser secuestrado ya no solo por una fuerza política nefasta, sino por dos. Esa fuerza, la de estos sectores que no suscribimos esa supuesta polarización -entre parecidos- también se sobrepuso a la conjura de medios: digitales, radios, canales, periodistas, creadores de contenidos, que de forma impúdica se volcaron a reproducir las sandeces de la propaganda oficial.
El tiempo pone las cosas en su lugar. El resultado de la consulta popular, empezó a hacerlo.
