jueves, abril 2, 2026
Ideas
Aldo Lorenzzi Bolaños

Aldo Lorenzzi Bolaños

Abogado, escritor y analista internacional

Venezuela: un día para recordar en la región

Antes de que se entronice nuevamente un gobierno democrático en Venezuela, se requiere una etapa de estabilización con control territorial y recomposición de las instituciones militares y civiles. Solo así Venezuela encontrará el camino de la paz y el desarrollo.

En la madrugada del 3 de diciembre de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar importante en Venezuela, algo que muchos venezolanos esperaban desde hace años y que, durante el primer gobierno de Trump, aparentemente pudo haberse concretado; sin embargo, fuerzas extrañas impidieron en ese momento que se realizara una operación similar. Hoy se han valido de una orden judicial de una corte norteamericana y no de la intervención directa de un régimen, lo que constituye una gran diferencia que quizá no se ha explicado bien.

Este punto es central, porque introduce un elemento de legitimidad jurídica que distingue esta acción de otras intervenciones ocurridas en la región durante las últimas décadas.

Ahora bien, hasta el día de hoy es materia de análisis la manera en que fue extraído Maduro de su búnker, con casi ningún daño, por lo que seguramente en algún momento saldrá a la luz la forma en que se llevó a cabo esta operación.

Existieron muchos defensores de los derechos humanos que pedían a Estados Unidos que se lleve a cabo un debido proceso, lo cual estamos seguros de que se dará, ya que los delitos de los que Maduro es señalado —como su vinculación con el cartel de narcotráfico “El Cartel de los Soles”— incluyen crímenes de lesa humanidad, delitos relacionados con el narcotráfico, la trata de personas y la posesión de armas, entre otros.

Por ello, será juzgado como un delincuente y capo de un cartel de narcotráfico, con testimonios comprobados, según lo que declaró en los momentos posteriores a la captura la fiscal Pam Bondi, en una corte del sur de Nueva York.

El proceso judicial, más allá del caso individual, tendrá efectos políticos regionales inevitables.

Seguramente, muchos líderes de la izquierda y del “socialismo del siglo XXI” temblarán a partir de hoy, y es muy probable que se conozcan muchos hechos desde que, en el año 2013, Maduro llegó al poder tras la muerte de Chávez, un ciclo que aparentemente llega a su fin en estos primeros días de enero.

Una lección política para la región

Cuando Chávez llegó al poder en Venezuela, le vendió al pueblo venezolano una propuesta diferente, la de un antisistema encarnado en un caudillo que respetaría la institucionalidad y la democracia, algo que no cumplió.

Se creó así una corriente concebida en Cuba, el llamado “Socialismo del siglo XXI”, cuyos primeros objetivos fueron copar las instituciones del Estado, expropiar la propiedad privada y censurar los medios de comunicación. Posteriormente, se impulsó una nueva Asamblea Constituyente, y esta receta se fue esparciendo por la región, convirtiéndose en una forma de gobierno durante muchos años en países como Argentina, Ecuador y Bolivia, entre otros.

Estos procesos trajeron más pobreza, impunidad y corrupción. Para muestra, un botón: Odebrecht. Una vez que desmonto este aparato político oportunista en toda la región, las poblaciones de nuestros países han vuelto a elegir propuestas más conservadoras y proempresa.

La experiencia venezolana confirma que la captura del Estado precede al deterioro económico y social.

El camino por recorrer y el nuevo escenario internacional

Si bien hoy se dio un paso importante en el retorno de la democracia venezolana, esto recién empieza: son casi 25 años de dictadura camuflada de democracia. Se deben reconstruir las instituciones del Estado, los gobiernos subnacionales y sanar las fisuras de una sociedad castigada y reprimida por una dictadura cruenta y sin ningún tipo de miramientos hacia sus opositores.

El camino por recorrer es vasto; sin embargo, ya se ha empezado con la reconstrucción del país caribeño, que tardará años en recuperar el pleno Estado de derecho, contar con instituciones desideologizadas, un sistema de justicia no politizado y una serie de pasos que pondrán a Venezuela como un país que puede ser un actor relevante en los próximos decenios.

No obstante, es importante entender lo que pasó en Venezuela y aprender la lección para que, en los próximos años, estemos atentos a quienes buscan usurpar el poder y perpetuarse en él.

Es importante darnos cuenta, también, de que la forma en que se practica el multilateralismo en el mundo ya no es el camino. Hoy, con un mundo multipolar, organismos como la ONU, la OEA y la OTAN ( y sus organismos que dependen de ellos) ya no están cumpliendo sus fines.

Este contexto explica por qué las grandes potencias están actuando cada vez más de manera directa y selectiva.

Es muy pronto para saberlo; sin embargo, quiero traer a colación lo que sucedió a finales de la última década de 1980 del siglo pasado, cuando Estados Unidos intervino en Panamá y terminó con el régimen de Noriega. Un año después, cuando volvió la administración civil, el 5 de diciembre de 1990, se produjo una intentona militar que fue neutralizada por el Ejército estadounidense.

Por ello, antes de que se entronice nuevamente un gobierno democrático en Venezuela, se requiere una etapa de estabilización con control territorial y recomposición de las instituciones militares y civiles. Solo así Venezuela encontrará el camino de la paz y el desarrollo.

Lo ocurrido no solo redefine el futuro de Venezuela, sino que reconfigura el equilibrio geopolítico de la región, un tema que será materia de otro análisis.

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias