sábado, junio 13, 2026
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Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Mónika Silva: crónica de un crimen de Estado anunciado

He utilizado el término crimen de Estado, porque pocas horas más tarde del asesinato, sin que se haya realizado la autopsia correspondiente, el ministro del interior, John Reimberg, aseguró que la muerte de Mónika Silva se trataba de un suicidio.

“No solo son corruptos, son asesinos.”

Monika Silva

 

Hace cuatro días nos conmocionó la muerte de Mónika Silva Koniuszek, ciudadana polaca que vivía en Montañita desde 2014. Ella estuvo militando a favor de los derechos de las comunas y fue una ecologista incansable que apoyó decididamente a campesinos humildes de la provincia de Santa Elena. Además, se enfrentó, sin ambages, al poder político y económico del gobierno de Daniel Noboa. Sí, Daniel Noboa, el presidente que quiere crear una imagen acrisolada de ser un mandatario que lucha contra narcos y delincuentes jugándose la vida. Lo real es que Noboa se moviliza con más de cien militares que protegen su seguridad y la de sus familiares. A Mónika, el Estado, que sabía de las múltiples amenazas de muerte en su contra, nunca la protegió, es más la persiguió.

Existía un espíritu indómito en esta mujer de mirada oceánica que se rebelaba ante cualquier forma de abuso de poder. Denunció varios casos de corrupción, especialmente vinculados al tráfico de tierras en Santa Elena. El más importante fue el caso Sunshine, en el que evidenciaba tráfico de tierras y lavado de activos por parte de empleados de Noboa Trading, empresa de la familia del presidente de la república.

Otro caso importante que denunció Mónika fue el de la empresa Bellitec, de la familia de Niels Olsen, expresidente de la Asamblea. Esta empresa habría adquirido, de manera irregular 740 hectáreas de terrenos comunitarios que fueron vendidos por el exalcalde Otto Vera, hoy asambleísta socialcristiano. Allí se armó un tinglado tenebroso de tráfico de influencias para beneficiar en última instancia al emporio Noboa quien pretendía construir un proyecto inmobiliario.

También denunció testaferrismo por parte de Cynthia Gellibert, hoy súperministra de Noboa, quien compró más de 90 hectáreas en Olón, utilizando a una empleada doméstica. Todas estas tierras formaban parte de proyectos inmobiliarios que afectaban zonas de alta biodiversidad.

Mónika fue contundente respecto a los casos de corrupción de PROGEN, donde se encuentran involucrados, aunque no procesados, Inés Manzano y Roberto Luque, ministros muy cercanos a Daniel Noboa. Puso el dedo en la llaga respecto a la alianza mafiosa entre políticos corruptos y traficantes de tierras. La lista de la gente denunciada por esta volcánica defensora de las comunidades está compuesta por Niels Olsen, Inés Manzano, Cynthia Gellibert, Otto Vera, Pancho Tamariz y el inefable contralor Mauricio Torres, quien la terminó denunciando penalmente. Es decir, tenemos un contralor que persigue a activistas defensoras de comunas, y que no ha hecho nada frente a los peores casos de corrupción de este gobierno.

En campaña, Daniel Noboa prometió un país donde lo más importante era la libertad ciudadana para expresar, sin temor, cualquier opinión. Además, hablaba de que el poder tenía que ser censurado si no cumplía con el mandato popular. Ha sucedido todo lo contrario, se ha instalado un régimen dictatorial de persecución y silenciamiento a voces opositoras. Presos políticos en cárceles para criminales, partidos políticos de oposición perseguidos, periodistas asesinados, más de 51 casos de desapariciones forzadas. Este momento, Daniel Noboa, quien se atreve a hablar de que “defenderá su buen nombre y el de su familia del correísmo” se olvida de que fue electo no para defender su buen nombre, sino para cumplir con sus ofertas de campaña. Él no ha cumplido con nada, solo ha cumplido con el FMI…

Claro, Noboa se autoproclamaba defensor de la libertad, pero ha dejado en absoluta indefensión a ecologistas, feministas, defensores de comunas. Núnca brindaron respaldo a Mónika, la valiente polaca que se enfrentó al poder y que pese a todas las amenazas de muerte que tenía en su contra, no recibió protección del gobierno. Paradójico y nauseabundo que después del asesinato de Silva, Noboa disponga protección especial a Cynthia Gellibert, una de sus súperministras que justamente fue denunciada por la activista polaca.

He utilizado el término crimen de Estado, porque horas más tarde del asesinato, sin que se haya realizado la autopsia correspondiente, el ministro del interior, John Reimberg enfatizó que la muerte de Monika Silva se trataba de un suicidio porque la activista de Montañita se encontraba deprimida y tomaba pastillas. Reimberg ha insultado, nuevamente, a otra víctima de un crimen de Estado. Lo hizo con los niños del barrio Malvinas y ahora lo hace con Mónika. Después de la mal intencionada declaración de Reimberg, se aclaró en la autopsia que existió un fuerte traumatismo craneal antes del fallecimiento de la ecologista polaca.

Mónika percibía la liminalidad en la que se encontraba; por ello en su red social X se definía como una “activista anti-corrupción, defensora de los derechos de la Pachamama y de los grupos vulnerables. Aún viva.” Ahora ya no está con nosotros; estamos seguros de su inconmensurable amor a la vida y a sus dos hijas de cinco y diez años. Lo de Monika Silva fue, sin duda, un crimen de Estado, por acción u omisión. Que su espíritu siga volando alto y que se haga justicia.

 

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