La realidad nos supera. Lidiamos a diario con noticias de una humanidad que lejos de mejorar, retrocede. Deambulamos en un territorio que se hunde en violencia y corrupción. Experimentamos la negligencia pública y privada. Vivimos en modo absurdo y normalizamos la frustración como estado mental.
Nos acomodamos lo mejor que podemos en un túnel sin luz y sin final, invocando eternamente un milagro y su mesías.
Renunciamos a una visión colectiva, a liderazgos confiables y a los propósitos que trasciendan la supervivencia para llegar al estado de resignación que todo lo pudre desde adentro.
Resistir es ejercer el derecho a mejorar en el cotidiano. Decir, hacer, enseñar, compartir, defender, discutir, organizar, crear, dialogar, proteger, son verbos cargados del oxígeno que se requiere para no embalsarmarnos en la desesperanza y heredar un algo mejor del desastre que creamos.
