martes, abril 21, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Póker, política y elecciones

Los procesos electorales en la región se parecen cada vez más a un juego de póker. Todos le apuestan a una combinación de suerte con astucia. Si la baraja se presta y el blofeo surte efecto, el menos pensado se puede alzar con el triunfo.

Si alguien tenía dudas respecto del colapso de los sistemas políticos en América Latina, solo tiene que volver la mirada al Perú para aclararlas. El caos electoral que vive ese país no es el resultado de la absurda proliferación de candidaturas, ni de la inoperancia institucional, ni de las típicas artimañas de los partidos políticos. Se trata, al contrario, de una crisis profunda, estructural, orgánica. Que entre los votos nulos y blancos superen a la primera candidata al balotaje significa que el proceso electoral está completamente deslegitimado.

La ciudadanía dejó de creer no solo en las elecciones, sino en el sistema de representación. Lo poco de formalidad que le quedaba a la democracia se está escurriendo por el caño del desencanto y la desconfianza populares. Y si se considera que lo que está en juego en el Perú es la elección de un presidente o presidenta, el panorama es aún más deplorable. Quien llegue al sillón presidencial tendrá que dormir con un ojo abierto. Sobre todo, porque en ese país la destitución de presidentes se ha convertido en deporte nacional.

Acá en el Ecuador ya tuvimos una amarga experiencia con las elecciones seccionales de 2023. Varios alcaldes y prefectos llegaron escoltando al voto nulo. Esta condición propició que algunos sectores intentaran revocatorias que al final no prosperaron, pero que no dejaron de alborotar al gallinero.

Los integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) también tuvieron votaciones exiguas. Esta falta de legitimidad podría ser la causa principal para la seguidilla de remociones que han colocado a ese organismo en estado de coma. Y la debacle institucional ha terminado siendo un laberinto irresoluble.

Las consecuencias son que los procesos electorales en la región se parecen cada vez más a un juego de póker. Todos le apuestan a una combinación de suerte con astucia. Si la baraja se presta y el blofeo surte efecto, el menos pensado se puede alzar con el triunfo.

Pero la pokerización electoral no se limita únicamente al terreno del sufragio. También se instala en el mundo de la política. Y prácticamente está arrastrando al mundo a una precariedad devastadora. Nadie sabe a ciencia cierta si las amenazas de Donald Trump son reales o si solo se trata de fullerías. Si damos crédito a sus anuncios, ya ha ganado la guerra contra Irán al menos tres veces. Mientras tanto, el conflicto se mantiene y amenaza con agravarse.

El Ecuador también está listo para que sea el azar, y no la política, el que decida su futuro. Después de la metida de mano del Consejo Nacional Electoral (CNE) en el calendario de las próximas elecciones, el escenario está abierto a todo tipo de apuestas y aventuras. Inclusive más que en procesos anteriores. Los outsiders serán desplazados por tahúres, apostadores y ruleteros que irán al todo o nada.

 

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