jueves, mayo 7, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

¿Se cae o no se cae?

Todavía no se sabe con certeza cuál será la factura electoral que pasen al gobierno las decisiones tomadas en los últimos dos meses. Pero, a no dudarlo, serán elevadas, inclusive para poner en riesgo los resultados que esperan en la consulta popular de noviembre.

Que el presidente Noboa se caiga luce poco probable, pero no imposible. En un país donde la convulsión social y la inestabilidad económica se han vuelto un mantra, bastan unas cuantas situaciones o unas cuantas decisiones equivocadas para que un gobierno se precipite al abismo (o se precipite sobre sus propias bayonetas, como decía el doctor Velasco Ibarra).

El fantasma de la defenestración de autoridades siempre pulula por el escenario político. En los últimos 25 años, el conjuro ¡FUERA! ha precedido el apellido de todos los presidentes de turno en las protestas populares. Y no pocos mandatarios alimentan al fantasma, ya sea por ineptitud o por irresponsabilidad. Luego de dos años de ejercicio del poder, Daniel Noboa continúa en modo improvisación, dando palos de ciego a diestra y siniestra. Y las consecuencias están a la vista.

Todavía no se sabe con certeza cuál será la factura electoral que pasen al gobierno las decisiones tomadas en los últimos dos meses. Pero, a no dudarlo, serán elevadas, inclusive para poner en riesgo los resultados que esperan en la consulta popular de noviembre. Si Noboa pierda en las urnas, la situación se volverá inmanejable.

Y ahí cabe una pregunta de rigor: ¿por qué en un momento previo a un proceso electoral, que en concreto implica un referéndum de aprobación o desaprobación del régimen, el presidente Noboa toma decisiones polémicas, impopulares y hasta incoherentes? La arremetida contra los jueces de la Corte Constitucional, la obstinación con la que pretendió hasta el final imponer el proyecto minero en Kimsacocha, el alza del precio del diésel y la represión al movimiento indígena conforman un paquete de medidas incomprensibles en la coyuntura político-electoral que vive el país. ¿Soberbia, estrategia o simple desubicación?

Así, el camino para una salida institucional y democrática de la crisis nacional se estrecha a medida que el conflicto se incrementa. A menos que el gobierno se esté jugando por una opción abierta y descaradamente autoritaria, no se entienden esas decisiones. Y la confusión general únicamente abona a una mayor volatilidad política. Como ya ha ocurrido en el pasado, es suficiente con un episodio imprevisto para que, como en las tragedias griegas, el drama se desencadene. Y no siempre con los resultados esperados.

En estas condiciones, la consulta popular de noviembre se convierte en un punto de inflexión, precisamente por la incertidumbre política. Los contenidos de las preguntas, incluida la eventual convocatoria a una asamblea constituyente, pasan a segundo plano frente a los resultados finales de las votaciones. Si el gobierno pierde, su caída pude pasar de probable a inevitable.

 

Octubre 1, 2025

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