martes, junio 2, 2026
Ideas
Diego Ordóñez

Diego Ordóñez

Abogado, ex secretario de Seguridad del Estado

La corrupción Daniel, la corrupción…

Todo autoritario que se precie, lo primero que requiere es poner el yugo a los jueces. Ya lo vivimos hace diez años. Volvemos a padecer esta agresión a la garantía de independencia judicial.

En España, el izquierdista Pedro Sánchez está cercado por una corrupción sin precedentes. Sus compañeros de ruta, enredados entre coimas y prostitutas; sus conmilitones atrapados en tráficos de influencias; su esposa, su hermano abusando de sus vínculos y ahora su mentor, Rodríguez Zapatero, adornado con zafiros y brillantes, metido en las alcantarillas de una red de corrupción de millones de dólares de dinero venezolano y salvatajes a los empresarios parasitarios. Todo eso da asco; pero más asco da el cinismo y la desvergüenza de Sánchez. Cara de baqueta, empernado a la silla de gobierno, negando lo evidente.

En México, el vínculo del actual y del anterior gobierno con el narcotráfico es una verdad irrefutable. La protección que ofrece la presidenta Scheinbaun a un gobernador involucrado por el capo del cartel de Sinaloa, es ofensiva a la moral pública. La fórmula: el silencio, el cinismo, la negación.

Vistos estos ejemplos de cómo se entrelaza la corrupción y la impunidad; de cómo el poder político niega la evidencia y decide mandarse por el fundillo un mínimo sentido de integridad, debería servir para que Noboa pinte un retrato diferente de su gestión y una definición distinta en relación con la moral. Que un gobierno que alardea del “nuevo Ecuador”, que se pretende ser diferente del más grande grupo político de corrupción que ha tenido la historia de este país; sea, en verdad, diferente. Pero no. El del nuevo Ecuador, tal cual como Sánchez, como Scheinbaun, también Correa como muchos más de la izquierda corrupta, que niegan lo evidente; que con desparpajo han defendido y defienden a sus cercanos, a sus amigos; Noboa, que se he maquilado anti-Correa, procede de forma impecablemente igual; ha optado por la misma fórmula de la izquierda, supuestamente su contradictora: corrupción e impunidad.

Progen, ATM, los chalecos para FFAA. Apenas dos años de gestión y ya acumula millones de perjuicios al país. Y peor que aquello, acumula muchos impunes y protegidos que es la peor y detestable forma de corrupción.

De todos estos atracos, los íntimos al poder tienen la protección oficial; la que ofrece tener en el bolsillo al fiscal y a los impresentables del consejo de la judicatura. Todo autoritario que se precie, lo primero que requiere es poner el yugo a los jueces. Ya lo vivimos hace diez años. Volvemos a padecer esta agresión a la garantía de independencia judicial, y volver a indignarnos con impotencia de corruptos de alto vuelo que están fuera del alcance de la ley.

La prensa independiente, que sobrevive a la agenda del miedo, ha hecho, en estos días, aportes inmensos de una verdad que oculta el fiscal de bolsillo: correos electrónicos, visitas técnicas, constatación de chatarra repintada, pagos sin garantías. Tanto que abruma no solo por evidencia de responsabilidad como por la desfachatez del silencio de los involucrados.

Pero la corrupción no acaba con estos casos. Está aquella que se refleja en la palabra mentirosa. En aquella palabra que fabrica falsedades que se presentan como verdades. No hay entrevista en la que Noboa, en la que conversa con sus serviles, en la que se constata mediante contraste con datos y hechos -y lo hacen periodistas que a pesar de los riesgos persisten en escrutar al poder- que el 70% es falso y el 30% dudoso. ¿Lo hace con intención? Me refiero a que si Noboa desconoce la verdad con la convicción de que no miente; o ¿lo hace con la certeza que falta a la verdad? En cualquier caso, mentir a sabiendas por ignorancia, no es ético. Es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.

 

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