A menos de 48 horas de la primera vuelta en elección presidencial colombiana, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa anunció, el 29 de mayo de 2026, mediante una interacción pública difundida en redes sociales junto al candidato colombiano Abelardo de la Espriella, que Ecuador eliminaría desde el 1 de junio los aranceles aplicados a productos colombianos. La decisión, presentada como resultado de conversaciones con el aspirante presidencial, provocó una inmediata reacción diplomática de Bogotá, que acusó a Quito de interferir en el proceso electoral. El episodio no solo reabrió las tensiones bilaterales entre ambos gobiernos, sino que colocó a Noboa en el centro de la campaña colombiana, al asociar una medida de política comercial con un candidato y no con los canales institucionales tradicionales.
Hemos alcanzado un acuerdo con Abelardo de la Espriella para fortalecer la cooperación en comercio, energía y seguridad, en beneficio de ambos países.
Las medidas adoptadas en los últimos meses tuvieron un objetivo claro: proteger nuestras fronteras, combatir el crimen… pic.twitter.com/3jLhsL6W4g
— Daniel Noboa Azin (@DanielNoboaOk) May 30, 2026
De hecho, la impensada victoria por 600 mil votos del derechista Abelardo de la Espriella frente al izquierdista y heredero de Petro, Iván Cepeda, volteó las expectativas electorales desde el Ecuador. Daniel Noboa se apresuró a felicitar a De la Espriella, con quien refrendó un apoyo político, que fue calificado por la cancillería colombiana como una intromisión en la contienda electoral de ese país, y cuestionado también por Cepeda cuando se ratificó su paso a la segunda vuelta, aunque detrás del candidato de la ultra derecha.

I. Las patas cortas de las mentiras políticas
La decisión de Daniel Noboa difundida el viernes 29 de mayo de 2026 a través de X, anunciando la eliminación de los aranceles a productos colombianos durante una videollamada con Abelardo de la Espriella, no puede leerse como un simple gesto comercial. El hecho define un efecto político directo sobre el proceso electoral colombiano.
La noticia no es que Noboa eliminó aranceles. Tampoco que habló con de la Espriella, ni que Paloma se quedó sin datos para llamar por teléfono a Noboa. Lo extraordinario es que una decisión de política comercial exterior fue anunciada en plena campaña presidencial de otro país, junto a uno de los candidatos, desplazando los canales diplomáticos tradicionales y generando acusaciones de injerencia electoral.
El presidente ecuatoriano no comunicó la medida desde un canal institucional, ni la presentó como cumplimiento de una obligación comunitaria andina, sino como resultado de un entendimiento con un candidato presidencial de ultraderecha. Ahí se revela el núcleo del problema: una decisión que afectó a comerciantes, consumidores y economías fronterizas terminó convertida en insumo de campaña para una facción política extranjera.
El movimiento es todavía más grave porque Noboa venía utilizando la inseguridad en la frontera como justificación para imponer aranceles contra Colombia. El relato oficial sostuvo que la medida respondía a la falta de cooperación del gobierno de Gustavo Petro frente al crimen organizado. Sin embargo, al anunciar el retiro de los aranceles junto a de la Espriella, esa explicación quedó sin piso; si el problema era técnico, comercial o de seguridad binacional, debía resolverse entre Estados, no mediante una escenificación electoral con un candidato. Si podía levantarse por conversación política, entonces nunca fue una medida sustentada exclusivamente en criterios técnicos.
La señal es inequívoca: Ecuador dejó de actuar como vecino institucional y pasó a operar como actor lateral de la campaña colombiana.
La secuencia también muestra un desplazamiento dentro de la derecha colombiana: en el tramo decisivo Noboa se alinea públicamente con de la Espriella en lugar de Paloma. No es posible afirmar, sin evidencia directa, que lo hizo solo porque las encuestas favorecían desde el principio al candidato conservador por sobre Paloma Valencia; pero sí puede sostenerse que Noboa eligió aparecer con quien en ese momento concentraba mayor proyección dentro del bloque duro de derecha, alineado con Trump y sus intereses en Aerica Latina.
La señal es inequívoca: Ecuador dejó de actuar como vecino institucional y pasó a operar como actor lateral de la campaña colombiana.
La sospecha política se refuerza con las coincidencias señaladas alrededor de las visitas de Álvaro Uribe a Ecuador y la escalada arancelaria. Ese elemento debe manejarse con cautela, porque las coincidencias no prueban causalidad, pero en análisis de coyuntura sí permiten formular una pregunta legítima: ¿por qué decisiones comerciales tan sensibles para la relación bilateral se producen en contextos de movimientos políticos de Uribe en Ecuador? La respuesta no puede reducirse a una acusación mecánica, pero tampoco debe descartarse como casualidad inocente. La política exterior ecuatoriana se mueve dentro de una zona de afinidades ideológicas, cálculo electoral regional y uso instrumental de la frontera.
II. El costo interno del show político
El juego político a lo interno de Ecuador no golpeó a las mafias. Golpeó a Carchi, a Tulcán, a pequeños comerciantes, transportistas, importadores, consumidores y familias que dependen de la circulación cotidiana de productos colombianos. También encareció bienes, tensionó cadenas de abastecimiento y expuso a pequeños industriales ecuatorianos a represalias comerciales. Noboa presentó la medida como defensa de la seguridad nacional, pero quienes pagaron la factura no fueron los actores criminales sino los sectores sociales con menor capacidad de presión política.
Previamente, en Ecuador, se preparó el terreno de la opinión pública -como dicta el manual- mediante una escalada discursiva iniciada en febrero sobre seguridad, comercio fronterizo y desequilibrios económicos con Colombia. La segunda mitad de febrero de 2026 voceros gubernamentales ecuatorianos mencionaron la posibilidad de revisar mecanismos comerciales bilaterales con Colombia, y se planteó públicamente la necesidad de compensar costos de seguridad asumidos por Ecuador.
Tras la geopolítica se encubren intereses económicos. Las promesas de acuerdos que beneficien a Ecuador y Colombia si gana De la Espriella, deben buscar sobre coordenadas de millones de dólares en juego que interesan a las élites de ambos países.
La Secretaría General de la Comunidad Andina emitió las Resoluciones 2581 y 2582, mediante las cuales concedió a Ecuador y Colombia un plazo de diez días hábiles para desmontar las restricciones comerciales consideradas incompatibles con el ordenamiento comunitario. El organismo concluyó que la denominada “tasa de seguridad”, que había llegado a incrementarse hasta el 100 % para determinados productos colombianos, constituía en los hechos un gravamen arancelario encubierto y ordenó su eliminación. Asimismo, dispuso la reapertura del Centro Binacional de Atención en Frontera (CEBAF) de San Miguel, en Sucumbíos, para restablecer las condiciones normales del intercambio fronterizo. Como consecuencia, durante la segunda mitad de mayo el Estado ecuatoriano ya habría iniciado los procedimientos técnicos y administrativos necesarios para desmontar progresivamente las medidas cuestionadas y dar cumplimiento al dictamen andino.
Pero, la estrategia de comunicación del gobierno ecuatoriano convirtió -por milésima vez- una obligación institucional en una puesta en escena, el show incluyó en la tarima a un ilusionista del país vecino. El aforo se vendió a ambos lados de la frontra. La eliminación de aranceles no fue un favor concedido por de la Espriella ni una victoria diplomática del candidato colombiano, fue la salida tardía de una medida que había deteriorado la relación bilateral y que ya estaba sometida al marco jurídico andino. La operación comunicacional consistió en transformar el retroceso en épica: presentar la corrección de una política dañina como gesto de liderazgo regional.
La presión sobre el gobierno ecuatoriano venía desde sectores comerciales, emprendedores, transportistas, pequeños industriales o familias afectadas.
III. La geopolítica después de cien años de soledad
El episodio también debe leerse dentro del alineamiento de Noboa con Donald Trump. Mientras Trump recibió a Gustavo Petro en la Casa Blanca en febrero de 2026 en los inicios de la disputa comercial, Noboa quedó en una posición secundaria. Esa escena permite una lectura incómoda: Ecuador fue útil para presionar a Colombia, pero no es necesariamente central para Washington. Muchos piensan que Noboa es un aliado clave de la estrategia estadounidense en la región, dado que al tío Donald le conviene tener soportes que sostengan sus intereses en migración, narcotráfico y presión sobre gobiernos no afines que operen como utensilio de recomposición conservadora del mapa político latinoamericano.

Otra lectura puede sugerir que se prefirió la presión antes que el consenso; una foto temprana de los tres mandatarios haciendo las pases gracias al arbitraje de Trump podía resultar digna del anhelado retrato para la posteridad, pero no era rentable para la política de los halcones que resguardan la región. La historia del mundo prueba que tras la geopolítica, se encubren intereses económicos. Las promesas de acuerdos que beneficien a Ecuador y Colombia si gana de la Espriella, deben buscar sobre coordenadas de millones de dólares en juego que interesan a las élites de ambos países. En el pajar de los negocios en sectores estratégicos, empezando con el energético, hay muchas y muy evidentes agujas de sinergias comerciales bilaterales marcadas por cámaras que favorecen a poderosos intereses y dejan de lado a economías subalternas, a pequeños y medianos emprendedores y actores productivos.
Que la prensa alineada y las redes sociales siembren narrativas de hermandad democrática, pragmatismo político, santas alianzas contra el “Socialismo del siglo XXI” entre cientos de miles de ingenuos consumidores de información y opinión predefinida desde redes digitales, y logren juntarlos bajo las faldas de componendas oscuras, es otro tema.
Washington administra sus relaciones regionales con pragmatismo: puede presionar a Petro, amenazar a Petro, negociar con Petro y, al mismo tiempo, alentar a sus aliados latinoamericanos para ejercer en medida de sus posibilidades una línea dura contra ese y cualquier otro gobierno incómodo. En esa arquitectura la doctrina “Donroe” no cede la dirección de la estrategia, solo utiliza instrumentos para gestionarla. Ser funcional no equivale a ser relevante. La invasión a Venezuela para tomar su petróleo —que desde el chavismo prefirió negociarlo con China y Rusia, y usarlo para fortalecer a los satélites de la izquierda regional— habla claramente de los límites de la “real politik” trumpista.
El riesgo de una derrota suponía un impacto severo para Noboa. No solo por haber jugado equivocadamente, sino porque quedaríá expuesta la fragilidad de toda la operación.
En Colombia habrá una segunda vuelta entre Iván Cepeda y De la Espriella. Eso no estaba claro cuando Noboa llegó a acuerdos con De la Espriella, por ello resultó extraña la seguridad con la que el régimen apostó por anticipado a favor del candidato de la ultraderecha colombiana. El riesgo de una derrota suponía un impacto severo para Noboa. No solo por haber jugado equivocadamente, sino porque quedaríá expuesta la fragilidad de toda la operación: aranceles impuestos bajo pretexto securitario, economía fronteriza sacrificada, tensión diplomática con Colombia, alineamiento con el uribismo y resultado electoral adverso. La factura política interna puede ser alta porque la ciudadanía verá con mayor claridad que se usó el comercio nacional como ficha de una disputa ajena.

El punto es que Noboa convirtió la política exterior en prolongación de su estrategia comunicacional interna. Usó la frontera como escenario, la inseguridad como argumento, los aranceles como castigo, Colombia como adversario y la derecha uribista como aliada. Pero esa cadena no fortaleció al Ecuador. Lo expuso. La seguridad fronteriza exige cooperación, inteligencia, desarrollo local, diplomacia y control financiero del crimen. Noboa eligió otra ruta: espectáculo, polarización y subordinación geopolítica. Su retórica prometía soberanía; su práctica revela dependencia. Su discurso hablaba de proteger al país; sus decisiones terminaron protegiendo una apuesta electoral ajena.
Mucha suerte, voluntad y fortaleza le deseamos a Colombia, país que despúes de varias décadas, merece una democracia que no produzca tanta muerte, inequidad e injusticia entre su gente buena.
IV. Línea de tiempo
- Anuncio de la medida desde Ecuador (21 enero del 2026).
- Vigencia (1 febrero).
- Posicionamiento ministerial de la medida (9 febrero); COMEX-CAN (febrero-mayo).
- Resolución de la CAN ordenado retirar las restricciones comerciales (14 mayo).
- Plazo otorgado por la CAN para cumplir: 10 días.
- Anuncio Noboa-De la Espriella en X (29 mayo)
- Derogación efectiva (1 junio).
