jueves, abril 23, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Pan para el perro

En política, los acuerdos son un tema de posibilidades. Y las posibilidades dependen de la capacidad de los involucrados para convertirlas en hechos. ¿Hasta dónde tiene el movimiento indígena la capacidad de presión para que Luisa González cumpla con los términos de un acuerdo?

Un grave error constituye la última decisión de la dirigencia de Pachakutik y de la CONAIE: haberle ofrecido apoyo a Luisa González para la segunda vuelta electoral con la condición de que cumpla una agenda con seis puntos programáticos es como ofrecerle un pan a un perro con la condición de que se cepille los dientes después de tragárselo.

Luisa González está desesperada por llegar a Carondelet. Hará y dirá cualquier cosa con tal de lograrlo. Una vez en el poder, poco o nada —más bien nada— le importará la agenda del movimiento indígena. Los indios seguirán siendo los atrasapueblos que tanto enfurecían al caudillo prófugo; los territorios indígenas seguirán siendo zonas de conquista para el expansionismo minero o petrolero; la plurinacionalidad seguirá siendo una anomalía para el desarrollo.

Los discursos del mal llamado progresismo no son más que cantos de sirena. En lugar de ponerse cera en las orejas, como los marinos de Ulises, la izquierda boba ecuatoriana prefiere dejarse arrastrar al naufragio. La tetación (no de tentar, sino de teta) es demasiado sugestiva como para desecharla. Frente a la ilusión del triunfo electoral, los correístas obtusos ya están preparando el arranche burocrático. Poco importa que en el camino queden numerosos remellados y trasquilados, por la simple razón de que no hay cama para tanta gente. Igual vale el intento.

A la dirigencia de Pachakutik y la CONAIE le falta conocer un poco de Historia. Sobre todo, para entender cómo funcionan las negociaciones y acuerdos en el mundo de la política. Cuando Hitler y Stalin suscribieron el pacto Molotov-Von Ribbentrop, la izquierda mundial, por orden del jerarca soviético, salió a festejar una supuesta alianza en contra de las potencias imperialistas occidentales. Así se llegó al absurdo de hacer ondear las banderas con la hoz y el martillo junto a las banderas con la esvástica. Al final, el pacto solo sirvió para que el gobierno nazi preparara la invasión a la Unión Soviética.

Todo terminó en la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad: en menos de seis meses murieron dos millones de personas en los campos de Stalingrado. Hitler se comió el pan y nunca se cepilló los dientes.

En política, los acuerdos son un tema de posibilidades. Y las posibilidades dependen de la capacidad de los involucrados para convertirlas en hechos. ¿Hasta dónde tiene el movimiento indígena la capacidad de presión para que una eventual primera mandataria cumpla con los términos de un acuerdo?

El problema de la propuesta es que se presta para demasiadas ambigüedades. Porque lo mismo podría suceder con Daniel Noboa, también desesperado por llegar al poder. ¿Y si el actual presidente se compromete a cumplir con las exigencias de la dirigencia indígena? ¿Será suficiente, frente al electorado común y corriente, rechazarlo bajo el argumento de que es un representante de la derecha?

Si la dirigencia indígena quería darle el apoyo a Luisa González a partir de justificaciones ideológicas, mejor hubiera sido que tome esa decisión sin condicionamiento ingenuos. Porque tal como está, el posible acuerdo con el correísmo parece la antesala de una invasión.

Marzo 14, 2024

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