domingo, mayo 3, 2026
Ideas
Susana Cordero de Espinosa

Susana Cordero de Espinosa

Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

Nicaragua del alma

​Evoco esa reunión en honor de Rubén Darío como una de las más entrañables y significativas a las que haya asistido, pues Nicaragua, en el 2016, corría otra suerte. Hoy se encuentra clausurada en ella la Academia Nicaragüense de la Lengua.

En mi último artículo en Plan V,  citaba el poema Lo fatal de Rubén Darío, parte de Cantos de vida y esperanza publicados en 1905.  Su dolor de ser y no saber nada se aliaba en mi memoria a Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir, del incomparable Jorge Manrique.

Mientras en Lo fatal el poeta esgrime la carencia de explicación de la experiencia humana preñada de libertad y fuerza pero falta de propósito y privada de sentido, Manrique mantiene su imbatible fe  de orden religioso.

Me referiré a mi experiencia viva de Nicaragua, cuando en el 2016 acudimos a ella y visitamos la vieja ciudad de León, lugar del natalicio de Darío.

A Francisco Arellano Oviedo (1941- 2021), entonces  director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, debemos la entrañable y luminosa reunión en memoria de los cien años de la muerte del incomparable Darío, «máximo representante del modernismo literario en lengua española», llamado, en justicia, «príncipe de las letras castellanas», por su enorme mérito creativo quien, según los estudiosos, «es el poeta que ha tenido la mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispano».

​Evoco esa reunión en su honor como una de las más entrañables y significativas a las que haya asistido, pues Nicaragua, en el 2016, corría otra suerte. Hoy se encuentra clausurada en ella la Academia Nicaragüense de la Lengua; han sido expulsados, entre otros nicaragüenses notables, académicos, catedráticos, profesores, religiosos (todos,  perseguidos políticos) los académicos nicaragüenses Gioconda Belli y Sergio Ramírez, exiliados desde 2021, hace ya cuatro años.

¿Mencionar aquí, si no es para mostrar el general desprecio que concitan los Ortega-Murillo hoy ‘copresidentes’ de Nicaragua, encaramados al poder ‘gracias’ a sucesivas elecciones fraudulentas?:

“… Nicaragua renovó una vez más el mandato de Daniel Ortega y Rosario Murillo al modificar la Constitución en febrero de 2025. La reforma extendió el mandato presidencial de cinco a seis años y declaró a Murillo copresidenta; aprobada en la Asamblea Nacional,  entró en vigor”.

Sus historias personales producen pavor. Ella, por dentro y por fuera una especie de bruja adornada, profusa de ropas coloridas y joyas oscuras; él, exguerrillero que renunció al recuerdo de la dignidad de su lucha contra Somoza. A los dos, Zoilamérica, hija de la Murillo, les acusa de haber abusado sexualmente de ella con abominables actos de perversión.

Pero respiremos aire limpio: Al llegar al aeropuerto de Managua llené el formulario en que constaba una pregunta sobre el hotel en que nos hospedaríamos, referencia que yo no tenía; tras la ventanilla, el receptor dudó al verlo incompleto, pero cuando le dije que venía invitada a la celebración de los cien años de la muerte de Darío, me preguntó,  emocionado hasta la médula, si conocía de memoria alguno de sus versos; evoqué La princesa está triste / ¿qué tendrá la princesa? / los suspiros de escapan de su boca de fresa… Sonreímos los dos y salí, sin otro trámite que el de su emoción y la mía, para encontrarme con el director de la Academia de la Lengua y doña María Manuela Sacasa de la Selva, sobrina carnal de otro gran poeta, Salomón de la Selva.

Ya en el hotel se hallaban Darío Villanueva, entonces director de la Real Academia Española y  varios directores de academias de países cercanos. Pasamos días hermosos, entre gente incomparablemente generosa y digna, y viajamos a León, ciudad del nacimiento e infancia de Darío. Vivimos allá el gozo de la ciudad que se volcó entera para celebrar la presencia de Darío, su nacimiento y su partida, pues el poeta, incansable viajero, murió en 1916, también en León.

Como en las viejas ciudades coloniales, vigila su plaza principal la catedral barroca, “Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María” …  En ella, al lado derecho del altar mayor y al pie de la estatua de San Pablo, se encuentra la tumba de Darío, bajo la escultura en tamaño casi real de un hermoso león, que perezoso,  marmóreo y crepuscular, guarda el sueño del poeta.

¿Cómo olvidar el detalle del joven nicaragüense, profesor de lengua en un pueblo remoto y, a la vez, orgulloso recitador de Darío, que nos acompañó y guio por los caminos? ¡Que no haya caído bajo las balas asesinas de la policía, hoy entregada a Ortega-Murillo!

A él debo el gozo triste de haberle oído repetir, entre otros versos, el indecible destino de la princesa de Sonatina, que parece el de su propio y amado país:

La princesa no ríe, la princesa no siente; / la princesa persigue por el cielo de Oriente / la libélula vaga de una vaga ilusión

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias