miércoles, abril 22, 2026
Ideas
Carlos Burgos Jara

Carlos Burgos Jara

Catedrático universitario y crítico literario

De nepotismos y ferias

Cancelar a un participante de la Feria Internacional del Libro de Quito por hacer un chiste que a alguien no le gustó parece ser un signo de los tiempos… No es un asunto nuevo. El manejo del área cultural del Municipio de Quito resulta, desde hace algún tiempo ya, bastante preocupante.

He leído los artículos de Leonardo Valencia y Roberto Aguilar sobre la Feria del Libro de Quito (FILQ). Lo que denuncia Aguilar es lamentable, aunque no debería extrañar a nadie: el mundillo cultural ecuatoriano se parece cada vez más al ambiente descrito por Milan Kundera en su novela «La broma». Cancelar a un participante de la FILQ por hacer un chiste que a alguien no le gustó parece ser un signo de los tiempos.

Lo que sorprende un poco es leer las reacciones de algunos conocidos y no tan conocidos que, queriendo aparentar ecuanimidad, han reducido las críticas a la FILQ a una simple disputa de bandos enfrentados o al lamento de dos o tres autores resentidos por no haber sido invitados. Desde luego, ninguno de ellos (y menos aún los organizadores del evento) se ha tomado la molestia por contestar con claridad las preguntas que plantea el texto de Valencia en referencia a irregularidades en el proceso de selección de participantes.  

No es un asunto nuevo. El manejo del área cultural del Municipio de Quito resulta, desde hace algún tiempo ya, bastante preocupante.  A las preguntas de Valencia, se podrían añadir otras más. Propongo una cuantas: ¿cómo explicar, por ejemplo, que el grupo alrededor de la revista Sycorax (al que pertenece Daniela Alcívar, directora de la “Casa Carrión”) haya sido sistemáticamente premiado por el municipio quiteño a partir del año 2018? ¿Cómo interpretar el hecho de que algunos de los jurados que entregaron varios de esos premios pertenezcan al mismo grupo de la revista o sean parejas o amigos cercanos de estas personas? ¿Cómo entender que entre dicho grupo y alguna de sus parejas sumen siete premios municipales en apenas cinco años (con ediciones, como la de 2021, en que hicieron triplete y acapararon todos los premios Gallegos Lara)? ¿Cómo explicar que la única persona del grupo que no ha recibido un reconocimiento municipal haya sido Bertha Díaz, que hasta donde entiendo es también la única que no ha publicado un libro? ¿Cómo responder a la casualidad de que de ese mismo grupo haya salido la curadora de la última FILQ (flamante premio municipal de poesía Jorge Carrera Andrade) sobre la que se ciernen varias de estas interrogantes que apuntan, una vez más, a prácticas nepotistas?

En algún momento alguien tendrá que responder a estas preguntas.  Después de todo, los eventos y premios en cuestión se pagan con dinero público y lo mínimo que se puede pedir es que se aclaren estos puntos que despiertan la suspicacia de cualquiera.  Una cosa más. Sería bueno, al menos esta vez, evitar responder bajo el imperio de los adjetivos y las falacias “ad hominem”, tan valoradas y extendidas en el medio cultural local. Atacar al que pregunta, llamándole de todo para desviar la atención del contenido de la pregunta, es una práctica penosa que se debería empezar a dejar de lado por el bien de todos.

 

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