sábado, junio 20, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Los malos olores de la política

¿Está la banalidad de la política en los zapatos del presidente o en el mismo primer mandatario? La última pregunta es pertinente a la luz de la tendencia cada vez más acentuada de Noboa de adentrarse en el terreno simbólico de la imagen en desmedro de la realidad.

Hace más o menos 20 años, mi hija Maya llegó de la guardería cantando un estribillo que decía “zapatito cochinito, cambia de piecito”. Seguramente la canción era parte de una actividad lúdica a propósito de la higiene personal de los niños. El mensaje era simple: si no se lavan los pies, no le echen la culpa de la pecueca a los zapatos. (Revisando Internet vi que en el 2021 un grupo musical no muy conocido, Kings of the South Ragga, lanzó un disco con el sugestivo título de Zapatito cochinito).

La semana pasada, los zapatos de lujo del presidente Noboa irrumpieron abruptamente en el campo de la política nacional. A tono con la trivialidad del suceso, las redes sociales, ese territorio propicio para la banalidad, se inundaron con comentarios, críticas, memes, respaldos y cuestionamientos. Los graves problemas que padece el país pasaron a segundo plano. Como en las películas infantiles, un par de zapatos tuvieron la virtud mágica de trasmutar la realidad. Cenicienta.

Sin embargo, los zapatos del presidente —estrafalarios desde donde se los mire si consideramos la situación y el lugar— no pueden tomarse como una casualidad, ni como la expresión de una estética punkera-oligárquica acorde con la última moda. Son parte de la parafernalia publicitaria y mediática que copó el acto de presentación del informe a la nación y que, en la práctica, fue el pistoletazo inicial de la campaña electoral. Más que de un distractor, se trató de un mensaje subliminal para sus jóvenes electores. Para los duros y para los potenciales. Daniel Noboa apunta fríamente a ese mundo paralelo al de la política formal que constituye la virtualidad informática. Toca esperar a las próximas encuestas para ver cuánto impactó el derroche de imágenes de ese día, en un segmento de la población cada vez más decisivo en las urnas.

Pero tanto el estribillo infantil, como los zapatos del presidente, nos obliga a una reflexión más compleja: la relación entre un objeto y un sujeto. ¿Están los malos olores en el zapatito o en el piecito?

¿Está la banalidad de la política en los zapatos del presidente o en el mismo primer mandatario? La última pregunta es pertinente a la luz de la tendencia cada vez más acentuada de Noboa de adentrarse en el terreno simbólico de la imagen en desmedro de la realidad. Justamente por eso la consigna del Nuevo Ecuador con que pretende trazar una ruta para el país luce como una mera abstracción.

Inclusive se puede ir más al fondo y extrapolar ambas anécdotas al espacio estructural de la política. Es decir, a la relación entre gobierno y sistema político. ¿Cuál de los dos es responsable de la podredumbre que corroe al Ecuador? Llevamos siglos proponiéndole al sistema político que cambie de gobierno cada cierto tiempo, como si se tratara de un piecito maloliente que lo contaminara. Obviamos señalar que el sistema político también destila unos malos olores insoportables.

 

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