La polarización política de las sociedades latinoamericanas del siglo XXI está poniendo en riesgo a las democracias de nuestros países porque nos encontramos frente a grupos antónimos que han pauperizado el nivel discursivo y racional del debate político. Kirchnerismo y antikirchnerismo en Argentina; chavismo y antichavismo en Venezuela; correísmo y anticorreísmo en Ecuador, son ejemplos de la permanente dicotomía en la que sobreviven nuestros países que no reconocen otredades y que se alimentan de violencia y fanatismo.
Claude Levi Strauss planteó, hace algunas décadas, su teoría de las oposiciones binarias como un mecanismo intelectual del ser humano para entender la realidad. Sin embargo, los binarismos que atraviesan la historia humana, si van más allá de lo cognitivo y se mimetizan con lo emocional van a generar dogmas, no posturas ideológicas. Para el caso ecuatoriano, y mirando los resultados de las últimas elecciones, la polarización entre correísmo y anticorreísmo se ha exacerbado. En la última campaña electoral no presenciamos una batalla de ideas, sino una especie de guerra religiosa donde todo se redujo a venerar a un caudillo o a odiarlo. Pensar con matices, prácticamente resultó una herejía.
Días antes de las elecciones Juan Carlos Holguín, ex canciller de Lasso y Vicente Albornoz, decano de Economía de UDLA, coincidieron en el fracaso político y económico del gobierno del banquero. Holguín fue más enfático al sentenciar que Lasso había servido, en bandeja de plata, las elecciones presidenciales al correísmo. Siguiendo una lógica política austera, si un gobierno utiliza un modelo político-económico y fracasa, es muy probable que su antónimo gane en las siguientes elecciones. Lo real es que en un país atravesado por esta grieta ideológica no imperó el mínimo raciocinio y se impuso el rechazo al correísmo. No triunfó Noboa, perdió Correa.
No puede ser que la política sea un tema tabú, aparentemente no podemos tocar ese tema porque la intolerancia es tan grande que enseguida surgen los conflictos y la cultura de la cancelación. Mientras continúe esta grieta seguiremos siendo un país subdesarrollado, a la deriva
En una conversación informal con mis estudiantes de una universidad de clase media, en Quito, la gran mayoría argumentó su voto a favor de Daniel Noboa para impedir el regreso del correísmo. No existieron ambages, el leitmotiv fue enfrentar al caudillo de revolución ciudadana. Son jóvenes que ya entienden el valor de lo político y que razonan, pero que viven en una país agrietado, dividido, intolerante donde cada día resulta más fácil pensar desde estereotipos eludiendo un análisis macroeconómico o de modelos de desarrollo.
Rafael Correa, líder de la Revolución Ciudadana, después de conocer los resultados electorales, con tono vitriólico culpó de la derrota de su candidata de centroizquierda, a la cruzada contra el correísmo emprendida por la derecha y los medios de comunicación. Añadió que incluso en esta cruzada la derecha y el gobierno de Lasso, asesinaron a un candidato a la presidencia para que este magnicidio sea incriminado al correísmo. No realizó ninguna autocrítica respecto a las limitaciones de su candidata y a la poca coherencia que tiene para el progresismo presentar una candidata evangélica. Simplemente, es absurdo pensar en una izquierda evangélica. Anticorreísmo ciego, correísmo ciego, no existe reflexión en ninguno de los dos bandos, sólo odio entre ambas posturas.
El mayor beneficiado de esta grieta política fue Daniel Noboa Azín, el hijo del magnate Álvaro Noboa, que llegó a la presidencia sin un plan claro de lo que quiere hacer y con un improvisado equipo de gobierno. Daniel celebró su victoria electoral en el restaurante más caro de Olón, rodeado de la oligarquía más presuntuosa de Guayaquil. Después de dos días apareció en Carondelet rodeado de sus colaboradores, incluyó a viejas figuras del neoliberalismo como Alberto Dahik y a nuevos cuadros vinculados a corporaciones y a empresas que venden armas. ¿Qué tal?, ¿querían cambios? Las oligarquías sólo cambian de herederos, nunca de estructura.
En Ecuador, las diversas mafias de narcotraficantes tienen nexos con el capital financiero y con las oligarquías ecuatorianas. Basta mencionar que los mayores cargamentos de cocaína incautados en Europa se enviaron desde bananeras. El año pasado, según el portal Primicias, 136 empresas exportadoras de banano estuvieron vinculadas al tráfico de cocaína. ¿Podrá Daniel Noboa romper con las élites económicas que han sido parte del tráfico de estupefacientes? ¿Tendrá la decisión política de generar una transformación ética en la burguesía agroexportadora? ¿Será un Lasso 2.0? El tiempo dará la razón a los votantes de Daniel o simplemente confirmará que vivimos atravesados por una grieta política insalvable que impide el desarrollo de una verdadera democracia porque las creencias políticas se han convertido en dogmas de fe.
Nuestro país tiene que enfrentar a las mafias de narcotraficantes, incrustadas en las instituciones públicas y privadas. Mafias que poseen una ubicuidad sorprendente, grupos delictivos camaleónicos que provocan temor y muerte. Enfrentarnos a un enemigo tan poderoso requiere un país menos caótico y creo que la grieta política es una forma de aniquilación del estado democrático. O aprendemos a escucharnos sin maldecirnos o nos seguimos hundiendo. No puede ser que la política sea un tema tabú, aparentemente no podemos tocar ese tema porque la intolerancia es tan grande que enseguida surgen los conflictos y la cultura de la cancelación. Mientras continúe esta grieta seguiremos siendo un país subdesarrollado, a la deriva.
