martes, abril 21, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Itinerario de una reelección

¿Por qué el presidente pide financiamiento extraordinario únicamente para un año de guerra, cuando todos sabemos que, al menos por la experiencia de otros países, ese conflicto puede ser interminable? Simple: porque ese plazo calza a la perfección con el calendario electoral de 2025. La ilusión bélica será su mejor estrategia para la reelección.

Era evidente. O, como dicen los físicos, se caía por el peso de la obviedad. En la última contienda electoral para la presidencia de la república, todos los candidatos iban por la reelección en 2025. No se justificaba tanto esfuerzo ni tanta inversión para un período de año y medio.

Luego de la primera vuelta electoral, los dos finalistas jamás lo desmintieron. A lo mucho, obviaban referirse al tema de la reelección bajo el argumento de que el país necesitaba propuestas acordes con las grandes necesidades nacionales. Como siempre, la grandilocuencia de los discursos de campaña velaba las intenciones menos nobles y más pedestres, aunque más pragmáticas y concretas.

El velo se corrió apenas el nuevo presidente se posesionó. Daniel Noboa no tuvo ningún empacho en afirmar, desde el inicio de su mandato, que la reelección inmediata constaba dentro de su agenda. Que luego haya moderado esa afirmación, sembrando dudas calculadas en el mundo de la política, no le quita contundencia a la intención. Tan solo rediseña la estrategia y reconsidera los tiempos, esos factores imprescindibles en una política tan volátil como la ecuatoriana.

En la práctica, toca prestarles mucha atención a los hechos. Mejor dicho, a las iniciativas y decisiones concretas que nacen del gobierno. Unas debidamente planificadas, como la alianza legislativa con los socialcristianos y el correísmo para la aprobación de leyes favorables a los intereses empresariales; otras escogidas al calor de las circunstancias, como la declaratoria de conflicto armado interno a partir de la exacerbación de la violencia criminal. Puro sentido de la oportunidad.

Que hoy Noboa goce de una aceptación ciudadana inédita en la Historia nacional no es una casualidad. Es el resultado de la manipulación ágil y perversa del miedo colectivo. Cuando las sociedades se asoman al abismo de la devastación, siempre regresan a ver anhelantes el ceño fruncido de la autoridad o el cetro autoritario y mesiánico del caudillo. ¿Cómo, si no, surgieron el fascismo y las teocracias contemporáneas?

Un debate ausente de la actual coyuntura nacional –y cuya sola mención puede hacernos acreedores a una sanción digna del Santo Oficio– es si la salida a la violencia criminal debe darse por la vía del sable o de la ley. En buen romance, si la respuesta es el autoritarismo o la democracia. Porque de esa opción dependerá nuestro futuro.

Por ahora, el recurso a la fuerza va ganando la partida. La ciudadanía aplaude la militarización del espacio público sin meditar ni en sus consecuencias ni en sus posibilidades reales. Deposita en las armas su esperanza de una paz difusa e incierta. Y Noboa, hábilmente, monta su itinerario sobre esa angustia colectiva.

¿Por qué el presidente pide financiamiento extraordinario únicamente para un año de guerra, cuando todos sabemos que, al menos por la experiencia de otros países, ese conflicto puede ser interminable? Simple: porque ese plazo calza a la perfección con el calendario electoral de 2025. La ilusión bélica será su mejor estrategia para la reelección.

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