Viernes 27 de septiembre de 2024, tres días después de los incendios simultáneos en diferentes bosques de Quito. Respiro un aire denso, siento la madera quemada y restos de ceniza. Las nubes aumentan, la temperatura está bajando y tímidas gotas de lluvia caen en el parabrisas, son pocas y la sensación límbica continúa. Después de treinta minutos una tempestad moderada atraviesa el norte de la ciudad, la gente respira aliviada, la naturaleza, mil veces mancillada por el ser humano, nos devuelve la esperanza con su impronta de agua que se esparce como una bendición cósmica.
En el 64 d.c, Nerón, emperador de Roma, fue acusado por algunos historiadores de incendiar deliberadamente Roma para despejar un gran espacio urbano donde ubicaría su proyecto palaciego, la Domus Aurea. A lo largo de la historia, el poder ha estado relacionado con la piromanía. El fuego ha sido utilizado por corporaciones inmobiliarias, empresas petroleras, agroindustriales y madereras para devastar bosques nativos, selvas y manglares. Quito acaba de sobrevivir a tres días de piromanía en serie donde el fuego con su fuerza ciclópea puso en riesgo a miles de familias que experimentaron la sensación de perder sus viviendas en cuestión de minutos. Una ciudad en medio de piromanía, polarización política, cambio climático y cortes de luz… ¿qué podía salir mal?
En cuestión de horas, Quito pasó de Patrimonio de la humanidad a capital del fuego. Unas 150 hectáreas de bosque endémico y también de eucaliptos, pinos y cipreses fueron atacadas por pirómanos, siguiendo un guion siniestro para crear caos y destrucción. La capacidad para enfrentar incendios del Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano fue superada por la sucesión de atentados contra los bosques del Auqui, Guápulo, Bellavista, Barrio Bolaños y Parque Metropolitano. Está claro que fue un atentado en serie, pero ¿quiénes poseen tanta ambición para devastar el entorno natural que le dota a Quito de flora, fauna y misterio?
Tiempos distópicos, violentos, fugaces como el fuego y como la vida. Estos incendios fueron provocados en momentos de crisis económica, social y política en Ecuador, un país repleto de fanatismo, desgobierno y tinieblas. La caída en picada de la popularidad de Daniel Noboa, que para variar se encontraba en Estados Unidos, dejando un país que sobrevivía entra apagones y bandas de narcotraficantes, todo esto configuraba un escenario político caótico. Las redes sociales exudaban acusaciones, noticias falsas y múltiples inculpaciones entre los dos bandos políticos en los que se ha dividido Ecuador desde hacía quince años. Correísmo y anticorreísmo, la dicotomía infinita que avanza como un incendio de conciencias que ya no entienden la realidad desde matices sino desde opuestos.
La piromanía política como estrategia de actores políticos para exacerbar conflictos, sin preocuparse por las consecuencias que esto trae en la sociedad, es una de las grandes debilidades de nuestro país. Seguimos repitiendo esta coartada, todo hay que encasillarlo en este binarismo político para sentirnos más racionales y responsables. Todo lo contrario, mientras partimos de esta tenebrosa estrategia, sólo seguimos alimentando el fuego con nuestros delirios y afiebradas mentes. Pasó con Eloy Alfaro, una turba de fanáticos lo quemaron, tal vez fue la muestra de irracionalidad política más grande de nuestra historia, ¿por qué seguir siendo parte de nuevas hogueras bárbaras?
El gobierno de Daniel Noboa ha mostrado ineptitud e irresponsabilidad extremas. Noboa gobierna desde una burbuja, rodeado de gurús de la comunicación que juegan con cifras falsas y mensajes atiborrados de banalidad desde la red social Tiktok. Noboa prometió enfrentar el estiaje a través de la transmisión eléctrica y un acuerdo con Israel para almacenar y tener reservas de agua, lo que hizo fue contratar barcazas turcas que no generan ni el 10% de lo programado. No ha realizado un mantenimiento adecuado de las centrales hidroeléctricas y apenas ha invertido el 5% de lo planificado para energía eléctrica. Este momento tenemos una economía semiparalizada con apagones diarios de hasta 10 horas, ¿acaso no existe demasiada pobreza intelectual por parte de un gobernante cuyo único objetivo ha sido satisfacer su ego de niño rico?
Con la crisis energética, pasamos del eslogan “el gobierno que resuelve” a la frase del ministro de energía: “sólo Dios sabe cuando lloverá”. Inoperancia, oportunismo y vulgaridad, así quedaría sintetizado el primer año de gobierno del magnate del banano que se encuentra en una competencia de mitomanía con Guillermo Lasso. Los experimentos con la derecha ecuatoriana siguen siendo nefastos. Nuestra oligarquía nunca ha sido un grupo comprometido con su patria, siempre ha terminado saqueando al Ecuador para luego refugiarse en sus mansiones en Miami disfrutando de su dinero guardado en sociedades offshore. No estoy haciendo un llamado para que voten por el correísmo, tampoco sería un sacrilegio, pero por favor NO más experimentos con la oligarquía iletrada de esta hermosa nación, no merecemos tinieblas, piromanía y zozobra.
