jueves, mayo 21, 2026
Ideas
Rafael Paredes Proaño

Rafael Paredes Proaño

Ex embajador de Ecuador en Colombia

Petro en las Galápagos

Independientemente de la informalidad, un encuentro presidencial es de los momentos más relevantes que pueden tener las relaciones entre dos países. La escasa atención mediática es un indicador del poco valor que se asigna, tanto en Ecuador como en Colombia, a los vínculos vecinales.

El motivo de la invitación fue para agradecer la disposición del gobierno de Colombia de vender energía eléctrica al Ecuador. A fin de dotarle de oficialidad al evento, el comunicado que se emitió desde la presidencia ecuatoriana dice que el tema ambiental, la seguridad, la cooperación y los temas fronterizos fueron las cuestiones que se abordaron en un lugar que para los ecuatorianos y para el mundo es una insignia de la ecología y de la conservación. Siendo los asuntos ambientales esenciales para la humanidad, los otros son de relevancia y actualidad para ambos países, en medio de la aguda crisis climática que atraviesa el Ecuador.

“Siempre estaremos agradecidos y es una lección importante de cómo debemos como región estar interconectados en materia energética”, habrían sido las palabras del presidente del Ecuador.

No hubo una declaración conjunta. Al parecer por el nivel de informalidad sólo hubo una “intervención conjunta” y un boletín resumen. Cada mandatario expresó un par de frases acerca de lo que desde su criterio fue el motivo de la reunión.

Independientemente de la informalidad, un encuentro presidencial es de los momentos más relevantes que pueden tener las relaciones entre dos países. La escasa atención mediática es un indicador del poco valor que se asigna, tanto en Ecuador como en Colombia, a los vínculos vecinales. En general, la política exterior, como un área de las relaciones internacionales, últimamente ha quedado relegada a una cuestión de menor consideración.

Entre las expresiones conocidas del encuentro, se puede rescatar el interés de trabajar conjuntamente: “Debemos ya entender que las necesidades y la compatibilidad de nuestras naciones siempre van a ser mayor que con otras potencias y, si es que nos juntamos, seremos una potencia imbatible” habría asegurado Noboa.

En cuanto a la frontera los mandatarios han dicho que prevén organizar una “mesa de trabajo” -entre los ministerios de defensa-, para “discutir estrategias que permitan cambiar la realidad de la zona”. Se han referido específicamente al sector de Mataje y su zona costera. “Es un lugar de cruce de economías ilegales” y se busca que se convierta en “cruce de economías lícitas”, habría dicho Petro.

Hasta no hace mucho tiempo, los vínculos con Colombia mantuvieron el primer nivel de relacionamiento comercial. Los lazos poblacionales en la frontera norte tenían un impacto de gran trascendencia para las provincias de la sierra y del oriente. El desplazamiento por el puente internacional de Rumichaca generaba un significativo movimiento de personas y bienes en ambos sentidos. Para el Ecuador llegó a ser el principal destino de sus exportaciones. Con el auge de la globalización, Colombia reforzó su mirada a la “estrella polar del norte”, expresión que se la registró desde inicios del siglo XX. Esa política, y el debilitamiento del Ecuador en materia comercial, dejaron atrás esos niveles de compraventa. El Ecuador se mantuvo en el Grupo Andino, entidad regional con poca capacidad de implementar y hacer cumplir las reglas de juego. Colombia avanzó en los Tratados de Libre Comercio.

En Galápagos, Petro ha recordado que ambos países son ricos en producción agrícola y ha puesto como ejemplo el café y el cacao, “productos que gozan de gran acogida en los mercados mundiales”. “El impulso de esos objetivos podría articular la lucha de ambos países contra el narcotráfico, uno de los flagelos que azota a ambos lados de la frontera y que tiene repercusiones regionales”, habría añadido el mandatario colombiano.

Poco después de resuelto el histórico conflicto de límites del Ecuador con su vecino del sur, se incrementaron las diferencias en la frontera norte. Junto al problema ambiental del glifosato, se violó la soberanía nacional para desmantelar un puesto guerrillero colombiano y se rompieron relaciones; pero luego, con el gobierno que firmó la paz con esa guerrilla hubo las mejores relaciones, cuestión que se mantuvo con las administraciones posteriores de ambos países. Sin embargo, el “acuerdo de paz” colombiano produjo severos impactos sobre el Ecuador. Los “disidentes”, en su mayoría vinculados al gigantesco tráfico de drogas y otros conexos, quedaron con el control de ese territorio, en su mayoría rural que, al sur de Colombia, paralelo a la frontera con el Ecuador, buscaron ampliar sus dominios: atacaron puestos policiales y militares, secuestraron y asesinaron civiles y periodistas, en poblaciones afectadas por el tráfico de sustancias ilegales.

Los mecanismos de relación para abordar todos los asuntos de vecindad se realizaron con gran periodicidad de manera anual. Desde antes de la ruptura de relaciones, las Comisiones de Vecindad y, después, los Gabinetes Binacionales. Estos últimos han sido la ocasión para realizar reuniones presidenciales, sin distingo del signo político del gobierno de turno en cada país. La política internacional, y la de vecindad más aún, siempre fue de Estado y estuvo por encima de la política interna. Esos encuentros han sido una ocasión para repasar cuanto tema incide sobre los vínculos de los dos vecinos: desde la construcción de puentes —además de reforzar Rumichaca se han construido dos: San Miguel (gran apoyo del oleoducto OCD) y el de Mataje (varias veces inaugurado, pero no abierto)— hasta cuestiones del abastecimiento eléctrico, época en que Ecuador promovía la venta de electricidad a Colombia.

“Las tensiones sociales y políticas serán inmensas, pero América Latina tiene que unirse” para salir adelante habría afirmado Petro que no dudó en reiterar que Latinoamérica puede convertirse en “la potencia mundial de la vida”.

El jefe de Estado colombiano al tratar temas ambientales ha recordado las reuniones COP 16 y COP 29, que alertan un incremento del 15 por cien en las emisiones de dióxido de carbono. El presidente del vecino país volvió a hacer gala de su oratoria para referirse a la trágica situación ambiental del mundo. “Esto significa una catástrofe, no solo para la vida natural sino para nosotros mismos, y sobre todo para los pueblos que vivimos al sur, porque tiene un efecto social diferencial”, ya que “entre más pobres más efectos tiene”.

No se sabe si hablaron sobre Venezuela o Argentina. Lo sustancial es que se haya producido la reunión. En relaciones internacionales no hay nada más importante que el diálogo, al contrario de lo que prevalece en el mundo de hoy: la guerra para imponer soluciones.

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias