miércoles, abril 22, 2026
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Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

Migrantes: el aporte de los «nadies»

Los migrantes son quienes, una vez más, arriman el hombro para que la economía no muera por inanición ante la falta de recursos que deberían provenir de la inversión extranjera directa y nacional.

De acuerdo con cifras del Banco Central, Ecuador registró en 2024 un nuevo récord por concepto de remesas, al recibir USD 6.539,8 millones, lo que representó un incremento del 20,1% en comparación con la cifra reportada en el lapso de 2023, que se ubicó en USD 5.447,5 millones.

Por otra parte, en lo correspondiente al primer trimestre de 2025, al país ingresaron USD 1.724,3 millones enviados por los expatriados, monto que, comparado con igual periodo de 2024, equivale a un aumento del 23,7%, todo esto a pesar de las serias dificultades que tienen los migrantes ahora mismo en los Estados Unidos de América, lugar que concentra el 75,6% del total de las remesas que ingresan al país.

Valga decir que resulta difícil imaginar a la economía ecuatoriana (ciertamente débil y dependiente) sin el componente de remesas que constituye uno de los principales puntales del consumo interno y que, en la práctica, sostienen a la propia dolarización. Recordemos que los ingresos obtenidos a través de este rubro casi se equiparan con el monto anual recaudado por impuesto a la renta que, en 2024, representó USD 6.638,9 millones (incluidos valores ocasionales).

Lo cierto es que –una y otra vez– los desheredados del sistema, los expulsados de su terruño debido a la falta de oportunidades, son quienes arriman el hombro para que, de una u otra forma, la economía no muera por inanición ante la falta de recursos que deberían provenir de la inversión extranjera directa y nacional, la cual sigue siendo marginal y esquiva, pese a los anuncios de varios gobiernos de generar políticas encaminadas a provocar un shock de inversiones para utilizar una frase empleada políticamente por el repudiado gobierno del expresidente Guillermo Lasso; o, por el propio actual gobierno, con aquello de dedicarse a recorrer el mundo por sus cuatro costados, en busca de acuerdos que generen opciones para la atracción de capitales. Al final del día, esperemos que todo esto no se convierta en palabras vacías, discursos intrascendentes que se contabilizan en segundos para una inútil publicidad oficialista o actas de compromiso suscritas en un papel que lo aguanta todo.

En las actuales condiciones, resulta difícil intentar dejar de vivir del crédito, como lamentablemente lo hace el Ecuador ya por muchos años, hipotecando irresponsablemente con ello el futuro de las presentes y nuevas generaciones, si antes no se resuelven los graves problemas vinculados con la inseguridad, el crimen transnacional, el narcotráfico, la pobreza, creciente desigualdad social, crisis institucional, corrupción, pérdida de valores y de la ética pública.

Debemos entender que la compleja realidad en que se vive no puede ni debe ser enfrentada, exclusivamente desde la óptica militarista, creyendo puerilmente que, con estados de excepción y limitación de las libertades de los ciudadanos, se puede contener a la violencia. Resulta una irracionalidad y hasta una locura pensar que haciendo lo mismo se puedan obtener resultados diferentes.

Lo cierto es que mientras algunas privilegiadas familias enteras de ADN y seguramente de otras organizaciones políticas se aseguran cargos al interior del Estado, como lo recientemente desvelado al interior de la Asamblea Nacional, los pobres, los nadies, los migrantes, deberán seguir soportando no solamente el dolor que representa haber sido expulsados de su propio país, movidos por la falta de empleo, sino también, lidiar con una política migratoria trumpista claramente racista y xenófoba.

Por lo tanto, cada dólar enviado como remesa resume no solamente el sudor que representa el trabajo realizado para conseguirlo, sino también, las grandes limitaciones y sacrificios que hay que hacer para ahorrar cada centavo, incluido ahora el enfrentar diariamente al miedo a la deportación y al probable pago desde 2026 de un impuesto sobre las remesas, impulsado por un gobierno republicano que se define con base al dinero y a la defensa de las grandes corporaciones.

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