Les robaron el fútbol a los pobres
Marcelo Bielsa
Mundial de fútbol 2026: tiempo de ilusión, euforia, bronca y emociones contradictorias que nos trasladan a otros parajes mentales. Olvidamos genocidios, dictaduras, paquetazos, aumento de la criminalidad y de la corrupción. Creo que incluso nos olvidamos de quiénes somos y de nuestro porvenir en un país con un gobierno antidemocrático. El mundo se detiene y por un momento parecería que existe una creciente eudaimonía universal. Todo es una sensación evanescente y fugaz porque cuando termina cada partido del mundial de fútbol regresamos a nuestra realidad. La religión es el opio de los pueblos, la frase emblemática de Karl Marx podría ser sustituida por la del fútbol es el opio de los pueblos.
“La pelota no se ensucia”, dijo en su despedida del fútbol, frente a un estadio repleto en La Bombonera, el genial e irrepetible Diego Armando Maradona, un futbolista que se declaró el enemigo número 1 de la FIFA. Antes del mundial de Alemania 1974, Joao Havelange dijo: vengo a vender un producto que se llama fútbol. Lamentablemente, lo logró. Cosificó al deporte más hermoso del mundo y lo puso en manos de una organización mafiosa. El fútbol al convertirse en negocio y espectáculo dejó de ser el deporte inspirador que conjugaba imaginación y coraje para terminar reflejando las distopías de un mundo globalizado y atomizado donde racismo, xenofobia, clasismo y aporofobia van ganando terreno.
En 2026, el mundial organizado por la FIFA y adaptado al modelo Trump de industria del espectáculo incorpora cambios lamentables. Primero la segregación a países que no están del lado del establishment gringo: Rusia, Irán, Irak, e incluso países sudamericanos como Uruguay.
El caso de Irán es dramático: primero negaron visas a algunos miembros del staff, después no les permitieron quedarse en Los Ángeles, la ciudad donde están jugando. El equipo persa está obligado a viajar desde Tijuana, 24 horas antes del partido para después regresar a México inmediatamente. Su director técnico, Amir Ghalenoei dijo que “son el equipo más oprimido del Mundial”. Por último, les anularon un gol brillante donde la interpretación del VAR es cuestionable. La pelota no se ensucia, pero el fútbol sí.
Otra aporía en este mundial es la desnaturalización del juego que no tenía pausas de tres minutos de rehidratación. Según Marcelo Bielsa: “jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que culturalmente se había construido para interpretar el fútbol. No le agrega nada y le quita mucho”. Otros técnicos como Jurgen Klopp y el mismo Gustavo Alfaro criticaron la visión puramente comercial de esta interrupción en nombre del bienestar físico de los jugadores.
Al mismo tiempo, apareció la magia, no solo la de Messi que, pese a sus 39 años, no deja de regalarle al mundo esa sensación de asombro que supera lo real, cuando marca un nuevo gol. También habló de deportistas marginales como el guardameta de Irán, Aliza Beiravand, un deportista que creció en la pobreza extrema, pero que ha defendido su arco como si se tratase del estrecho de Ormuz. Hasta el momento Beiravand ha realizado la atajada más espectacular del mundial. En Tijuana, la gente anima a los iraníes en sus entrenamientos arengas como: “Irán hermano, ya eres mexicano” …La geopolítica del poder totalmente trastrocada por la magia y la valentía.
Algo parecido sucedió con el genial Lamine Yamal, goleador de España, que al marcar su primer tanto en un mundial corrió hacia el córner y se arrodillo para rezar mirando hacia La Meca -un sujud de agradecimiento, que ya es musulmán- y luego realizó su celebración habitual: el “304” con las manos, en homenaje a Mataró, el barrio marginal donde creció, cuyo código postal es el 304.
En el caso de nuestra selección, creo que nos ha desencantado a todos porque prácticamente estamos eliminados del mundial. La industria del fútbol convirtió a un grupo de jóvenes soñadores que luchaban en el campo de juego por un balón, en una legión de dioses apáticos y cobardes. La caída emocional ha sido extrema, porque nuestra TRI era lo único que le dotaba de unidad y sentido de nación a nuestro país. Ahora el desafío es asumir nuestra realidad como nación contradictoria y en graves problemas económicos y políticos. Basta de opio religioso y futbolístico.
Siguiendo con este deporte que combina arte y corrupción, el inefable Daniel Noboa estuvo en el momento y lugar indicados. Minutos antes del gol que nos marcó Costa de Marfil, las cámaras de la transmisión internacional lo enfocaron en uno de los palcos más lujosos, cuya entrada costaba 20.000 dólares. Obviamente, Noboa en su agenda de este penúltimo viaje internacional (ya van más de 40), no mencionó absolutamente nada sobre asistir a un espectáculo tan costoso. ¿Acaso no estamos frente a un caso de peculado?, ¿Por qué la mirada huidiza del presidente, como diciéndose “me pillaron”?
Claro, después de la derrota de la selección, la ciudadanía estalló en insultos no en contra de Sebastián Beccacece, el errático técnico argentino, sino culpando al presidente de la república por traernos mala suerte. Y es que la pasión por el fútbol es tan desproporcionada que la gente realizó una catarsis colectiva contra el gobierno. Al fin, la gente se sintió realmente afectada por un gobierno prepotente, corrupto e inepto. Supongo que si Noboa asiste al partido contra Alemania y Ecuador pierde, quién sabe, el pueblo se tome las calles y derroque al presidente de cartón.
