viernes, mayo 1, 2026
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Consuelo Albornoz Tinajero

Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

El presidente no pudo descifrar al Ecuador

Es responsabilidad del gobierno, como proponente de una constituyente, encaminar las reformas que por años han clamado tanto los ecuatorianos y que sean posibles de ejecutar sin acudir a una refundación constitucional. Y responder por las expectativas frustradas de quienes se cansaron y le dijeron no.

El rechazo a las propuestas plebiscitarias del presidente Noboa indican, entre otras, su dificultad para descifrar las inquietudes, demandas y necesidades de la mayoría de ecuatorianos. Una multiplicidad y variedad de anhelos que muestran un paisaje socio político cultural complejo por las entrecruzamientos y divergencias entre estas expectativas. De esto no tuvo claridad el presidente Noboa. Le faltó observar, escuchar, dudar, preguntarse y no dar por hecho los motivos de los diferentes apoyos que a partir de distintas circunstancias le entregó la ciudadanía ecuatoriana desde su primer triunfo electoral.

El año pasado, la crisis eléctrica que generó apagones de hasta 14 y 16 horas no afectó su campaña presidencial.  Y este año, su decisión de eliminar el subsidio al diésel lo mostró como un gobernante valiente, decidido y dispuesto a arriesgar su capital político.  A muchos ecuatorianos no les gustó la medida, pero la aceptaron pues fue explicada técnica y económicamente y hasta la resignaron como necesaria. También fue aprobada por un buen segmento de ecuatorianos la estrategia que adoptó para impedir la escalada del paro convocado por dirigentes del movimiento indígena y por evitar que Quito volviera a convertirse en un territorio bajo asedio y asolado, como aconteció con las movilizaciones de 2019 y 2022. Pero, apenas concluido el paro indígena en Imbabura, Noboa convocó a un referendo y a una consulta sobre una constituyente. En esos momentos tal decisión pareció incomprensible e inoportuna y fue el terreno propicio para que el descontento que habían provocado sus medidas recientes tomara cuerpo y se expresara como rechazo en las urnas a todas las preguntas de su consulta. Hasta fue acusado de no demostrar empatía ni percibir que había sectores del pueblo que estaban al límite y ya no iban a ceder más.

Le faltó experiencia en el manejo de la gestión pública y política y en no contar en su entorno con funcionarios con este conocimiento y, sobre todo, con experiencia y capacidad para aportar a que el gobernante ejecute aquello que es lo más importante para la población de un país:  atender sus problemas. Casi desde cuando se estrenó como presidente, Noboa no mostró ni disposición ni cuidado para explicar y dar cuenta de sus acciones y razones a los mandantes. Cuando una persona recibe explicaciones de buena fe es capaz de comprender, pero cuando no las escucha pueden sobrevenir la desconfianza y la impugnación. La comunicación asertiva ha sido la gran ausente y notada cada vez más en el gobierno de Noboa.

Así como el no (con un promedio del 60 por ciento) respondió a esas diversas razones, sintetizadas en un resentimiento y frustración ciudadanos, y también en el temor porque tantos comicios pudieran deteriorar aún más la situación económica, el sí (alrededor del 40 por ciento) estuvo alimentado por la esperanza, una relativa confianza en el mandatario y la urgencia de una nueva carta política para desterrar las taras institucionales que han enredado al Ecuador desde el 2008 cuando fue aprobada la constitución creada para dificultar cualquier reforma, como si la realidad no mutara incansablemente. Este electorado estaba muy interesado en recuperar la autonomía de la justicia, a partir de recobrar el principio de unidad jurisdiccional, cuya destrucción en 2008 debilitó a la función judicial y permitió que la administración de justicia se dispersara en diversos organismos y perdiera su independencia, como otro poder del estado. ¿Es viable este cambio sin necesidad de una constituyente, sea como reforma parcial o enmienda?  Otro anhelo de los votantes por el sí iba en pos de cambiar las reglas para la práctica y ejercicio de la democracia, a través de mejorar notablemente la representación de los llamados partidos políticos y de sus afiliados. El código de la democracia existente no puede ser el acicate número uno para la inexistencia de partidos políticos y, por tanto, para la desaparición de una vida político partidista responsable y libre de los intereses de los propietarios de las organizaciones caudillistas.

Es responsabilidad del gobierno, como proponente de una constituyente, encaminar las reformas que por años han clamado tanto los ecuatorianos y que sean posibles de ejecutar sin acudir a una refundación constitucional. Y responder por las expectativas frustradas de quienes se cansaron y le dijeron no. Desde luego, deberá distinguir entre los cuestionamientos provenientes de posiciones conservadoras, ancladas en el pasado, y que esperan que el país siga así también. Y reconocer los matices constructivos de los otros noes así como como de quienes optaron por los síes.

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