miércoles, abril 29, 2026
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Isabela Morelli

Isabela Morelli

Comunicadora digital de la Fundación Pachamama

El fuego y la sequía afectan a los ríos voladores

Estos incendios no solo destruyen la biodiversidad, sino que también alteran los llamados ríos voladores, corrientes de vapor de agua que generan lluvias en vastas áreas de Sudamérica.

Los incendios forestales que han devastado Quito en los últimos días no son un evento aislado. Más de mil incendios han arrasado nuestra ciudad este verano, exacerbados por una sequía que ya lleva más de 50 días. La combinación de altas temperaturas, falta de lluvia y la introducción de especies no nativas, como el eucalipto y el pino, han creado un ambiente perfecto para estos desastres causados naturalmente o por acción humana.

Mientras nuestros bomberos luchan sin descanso, la naturaleza está perdiendo su capacidad de regenerarse. Y no es sólo Quito: la Amazonía, el «pulmón del mundo», se encuentra en llamas, con más de 53.000 incendios reportados este año en Brasil y Perú.

Estos incendios no solo destruyen la biodiversidad, sino que también alteran los llamados «ríos voladores», corrientes de vapor de agua que generan lluvias en vastas áreas de Sudamérica. Estos ríos ahora transportan humo, intensificando la sequía en los Andes ecuatorianos y amenazando la salud de quienes dependen de estos ecosistemas para sobrevivir. Los ríos voladores, también conocidos como ríos atmosféricos, son un fenómeno natural clave para el equilibrio climático de América del Sur y desempeñan un papel crucial en la distribución de agua en gran parte del continente. Estos «ríos» son flujos masivos de vapor de agua que se generan en la cuenca amazónica, donde la inmensa selva actúa como un enorme sistema de bombeo natural. A través de la evapotranspiración, los árboles liberan grandes cantidades de humedad a la atmósfera, creando corrientes de vapor que son transportadas por los vientos hacia otras regiones, incluyendo los Andes ecuatorianos.

La importancia de este sistema es vital para la provisión de agua y la estabilidad climática no solo en la Amazonía, sino también en zonas montañosas, como las ciudades de los Andes ecuatorianos. Sin los ríos voladores, estas regiones experimentan una drástica disminución en las precipitaciones, lo que causa sequías más severas y prolongadas. Esto afecta directamente la agricultura, las fuentes de agua potable, y genera una mayor competencia por los recursos hídricos. Además, las reservas naturales de agua, como los páramos andinos, que ya están bajo presión debido al cambio climático, también son gravemente comprometidas, ya que dependen de las lluvias constantes para su sostenibilidad.

Este sistema de agua es tan delicado como crucial, y cualquier alteración en la Amazonía, ya sea por deforestación, incendios forestales o el extractivismo, pone en riesgo la estabilidad de los pueblos indígenas que la habitan y la biodiversidad. Sin este aporte hídrico esencial, las ciudades y comunidades de los Andes enfrentarían mayores desafíos relacionados con el acceso al agua y la producción agrícola, lo que también podría derivar en inestabilidad económica y social.

Que la tragedia que vivimos estos días en Quito, nos sirva como un llamado de advertencia contundente de que el cambio climático ya está aquí, afectando nuestras vidas de formas cada vez más destructivas.

Actualmente, los gobiernos locales tienen una valiosa oportunidad para aplicar modelos efectivos que limiten los monocultivos de eucalipto y pino, impulsando al mismo tiempo la siembra de agua y la regeneración ecológica de nuestros territorios. Desde el 2022, el proyecto ‘Reforestando Bosques Comestibles’, financiado por Reforest’Action y apoyado por el Municipio de Pastaza y Fundación Pachamama, ha mejorado el entorno de las comunidades mediante la reforestación de especies forestales, frutales, medicinales y comerciales vinculadas a cadenas de valor justas en la Amazonía. A la fecha, se han plantado 170.326 árboles de 105 especies en 1.064.5 hectáreas, contribuyendo significativamente a la biodiversidad y resiliencia de los ecosistemas amazónicos.

El proyecto Reforestando bosques comestibles actúa como una solución para la preservación y restauración de los ríos voladores y del bioma amazónico ecuatoriano. De igual manera, un proyecto de reforestación con plantas nativas que promueva la siembra de agua y la regeneración ecológica en las áreas afectadas por los 1.000 incendios que Quito ha sufrido este año también representa una solución eficaz para mitigar los daños y restaurar el equilibrio ambiental en la región.

Los incendios forestales no se combaten solo en el momento; la prevención debe comenzar hoy, preparando el próximo año con medidas concretas. Instamos al gobierno y a los municipios locales a tomar medidas decisivas: capacitar a las comunidades rurales en el manejo sostenible de desechos, ofrecer incentivos a los agricultores para evitar la quema, reforzar los sistemas de alerta temprana, lanzar campañas de comunicación para educar sobre cómo actuar ante un incendio, y promover proyectos de reforestación con especies nativas.

A largo plazo, la protección permanente de la Amazonía ecuatoriana exige políticas que promuevan una transición hacia energías renovables, alejándonos del modelo extractivista que pone en peligro tanto a la selva como a los pueblos indígenas que la habitan. Ecuador debe aspirar a convertirse en un referente regional en la protección ambiental. Este compromiso debe estar respaldado por acciones concretas en favor de la justicia climática.

Desde Fundación Pachamama, hacemos un llamado urgente a las autoridades, a la sociedad civil y a cada ciudadano para detener la destrucción de nuestros ecosistemas y asumir nuestra responsabilidad en la lucha contra el cambio climático. No esperemos a que las llamas consuman nuestras ciudades para actuar. Juntos, podemos proteger nuestro hogar.

* Isabela Morelli es coordinadora de comunicación digital de la Fundación Pachamama.

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