viernes, abril 3, 2026
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Aldo Lorenzzi Bolaños

Aldo Lorenzzi Bolaños

Abogado, escritor y analista internacional

El Canal de Panamá: amenazas y posibles salidas

Para la administración Trump, el Canal de Panamá representa dos objetivos clave: aumentar la hegemonía y el control militar y asegurar el control sobre el tránsito de mercancías, favoreciendo a las empresas estadounidenses.

En los últimos meses, el Canal de Panamá ha sido centro de atención debido a situaciones que involucran su administración e impacto en el comercio global, ya que esta infraestructura marítima facilita el tránsito entre el Atlántico y el Pacífico. Donald Trump reconoció esta importancia. Si bien durante su campaña para ocupar la Casa Blanca no hablo mucho de este puerto construido por EE.UU., una vez en el poder ha sido uno de los primeros puntos en su agenda.

La historia del Canal se remonta a principios del siglo XX, cuando Estados Unidos lo construyó y administró. En 1979, el tratado Torrijos-Carter transfirió la administración a Panamá, que desde entonces ha invertido en su modernización, incluyendo la participación de empresas chinas en la operación de ambos extremos. Hoy, el Canal facilita el 6% del comercio mundial, conectando 170 países y 1,920 puertos, siendo crucial para EE.UU. y su hegemonía.

La crisis actual

Durante la administración de Donald Trump se gestó una crisis al buscar renegociar los costos del Canal. A esto se sumó la estrategia de la Franja y la Ruta de China, que buscaba interconectar a más de 60 países. EE.UU. presionó a Panamá para retirarse del proyecto y ahora busca mejores condiciones comerciales, sumado a la posible venta de acciones de empresas chinas a capitales estadounidenses.

Pese a que Panamá declinó de participar en este proyecto por la intermediación americana, la administración va más allá y ahora busca mejores condiciones para que ellos puedan transportar sus cargas y sus mercancías con mejores condiciones que otros países. A este panorama hay que sumarle que las dos empresas chinas que operan hoy el canal de Panamá venderán sus acciones a empresas de capitales americanos.

Amenazas y posibles escenarios

La creciente influencia china en la operación del Canal de Panamá, infraestructura clave para el comercio global, y las tensiones geopolíticas nos llevan a pensar en posibles amenazas y escenarios que pueden poner en riesgo la seguridad de la región.

Para la administración Trump, el Canal de Panamá representa dos objetivos clave: aumentar la hegemonía y el control militar, posiblemente a través de un Memorando de Entendimiento que permita la presencia militar estadounidense en la zona, y asegurar el control sobre el tránsito de mercancías, favoreciendo a las empresas estadounidenses que adquirirán las acciones de los operadores chinos actuales. Esta estrategia podría limitar el avance de China en la región.

Estados Unidos, como principal potencia naval, visualiza la presencia militar en el Canal como una forma de consolidar su hegemonía. Alternativamente, China podría buscar desarrollar infraestructura en otros países centroamericanos como Honduras, Guatemala y Nicaragua, estableciendo una presencia importante en la región.

Esta incipiente guerra hegemónica revela diversas amenazas: el aumento de aranceles para productos que transiten por el Canal, o el establecimiento forzado de una base militar estadounidense para proteger el statu quo, implicando una coadministración con Panamá.

Si bien son numerosos los escenarios y amenazas que se vislumbran, lo único que parece seguro por el momento es el mantenimiento de las condiciones actuales del Canal. Con la nueva administración y la presencia de empresas estadounidenses en ambos extremos de la vía interoceánica, podría esperarse un período de relativa calma.

Sin embargo, esta aparente estabilidad no debe generar complacencia. En un mundo marcado por la incertidumbre geopolítica y la creciente competencia entre potencias, el futuro del Canal de Panamá, y por ende la seguridad y prosperidad de la región, penden de un hilo, a la espera de una próxima tempestad.

Ante este panorama, los países de la región deben reflexionar sobre su rol y cómo actuar con prudencia. Un consejo sería evitar tomar partido en una confrontación entre potencias. Es clave preservar la autonomía y garantizar que el canal de Panamá siga siendo un motor de desarrollo para toda América Latina, no un escenario de conflicto global.

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