miércoles, abril 15, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

El cambalache electoral de Noboa

Daniel Noboa no tiene empacho en sacrificar al electorado indígena, que le dio las dos victorias presidenciales, a cambio de un electorado más alineado con un discurso belicista, pragmático y clientelar.

La ministra de Gobierno, Zaida Rovira, afirmó en una reciente entrevista que el presidente Noboa toma decisiones sin pensar en el costo político. Según la funcionaria, lo hace como resultado de un análisis profundo de las necesidades históricas del país.

Esta declaración puede ser interpretado desde dos enfoques. El primero, como una salida diplomática para minimizar la imagen de improvisación que proyecta el primer mandatario, y que ha sido motivo de duros señalamientos desde distintos sectores. El segundo, como la revelación de una indescifrable estrategia que apunta a consolidar la fuerza del régimen frente a la consulta popular de noviembre. Sin embargo, ninguna de las dos interpretaciones evidencia un manejo estructurado, solvente y sobre todo serio de las riendas del Estado.

Es que existe demasiada espontaneidad en las decisiones más complejas y polémicas que ha tomado el gobierno en los últimos meses. El alza inconsulta y precipitada del precio del diésel, en un momento previo a un proceso electoral, aparece como la más incomprensible. Absurda, sería la palabra más adecuada.

Si tomamos en cuenta los efectos inmediatos derivados de esta decisión, las consecuencias pueden ser catastróficas para las intenciones el gobierno. En efecto, el paro indígena está provocando un desgaste acelerado de la imagen oficial. Según las últimas encuestas, el grado de aceptación y la popularidad de Noboa han sufrido una merma considerable. Algo parecido sucede con la aceptación de una nueva asamblea constituyente. Por esto, precisamente, es más pertinente analizar estas decisiones como producto del desconocimiento y la informalidad política antes que de la coherencia y la madurez que requiere un estadista.

Frente al empecinamiento demostrado por el gobierno con las movilizaciones y reivindicaciones sociales, únicamente cabe una lectura, todavía imprecisa dada la opacidad del escenario político: Daniel Noboa apunta a un cambalache electoral. En palabras más simples, no tiene empacho en sacrificar al electorado indígena que le dio las dos victorias presidenciales a cambio de un electorado más alineado con un discurso belicista, pragmático y clientelar. Es más, muchas declaraciones de altos funcionarios de gobierno, así como la propaganda oficial, tienen un tufo racista indigerible.

El objetivo del gobierno luce tan perverso como temerario: poner al resto de país de su lado (lo que, en buen romance, implica poner a todo el mundo en contra de los indígenas). De ese universo ideologizado saldrán, supuestamente, los votos para asegurar el triunfo del SÍ en las urnas.

La ecuación no es ni tan simple ni tan obvia. Al contrario, refleja una visión demasiado pedestre y obtusa del país, de la conflictividad social, de la historia del movimiento indígena y de la compleja problemática nacional. No existe ninguna certeza de que el pretendido cambalache funcione. Más bien parece que el gobierno se encamina a un callejón sin salida.

 

Octubre 20, 2025

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