domingo, junio 14, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Bukele: la vieja tara de América Latina

América Latina no ha dejado de padecer esta tara de manera permanente. Los últimos tiempos han sido pródigos en la aparición de caudillos autoritarios con distinta pátina ideológica, pero con la misma naturaleza antidemocrática.

No se trata de un referente respecto de dos modelos de gobierno aparentemente contradictorios, tal como lo presentan la mayoría de los analistas políticos. El triunfo arrasador de Nayib Bukele en El Salvador más bien obliga a una interiorización de las sociedades latinoamericanas, a propósito de nuestras atávicas pulsiones autoritarias no resueltas ni superadas.

Del monarca distante y etéreo de la colonia, el continente pasó a la presencia omnipotente, concreta y violenta del caudillo heredada de la independencia. Una impronta que, al parecer, no ha podido ser borrada luego de dos siglos de vida republicana. En esencia, asistimos al fracaso de las instituciones como condición para el ejercicio democrático de la política. Los pueblos siguen apostándole a figuras mesiánicas que, por obra y gracia de alguna fuerza superior, pueden rescatarles del abismo reiterado y persistente de las crisis.

El caso salvadoreño es particularmente patético. Tres décadas de una feroz confrontación entre una guerrilla de izquierda y un sector de la ultraderecha que controlaba al ejército no se saldó ni con una revolución ni con una salida democrática. El resultado fue el crónico empantanamiento de la pugna política. En medio de la polarización entre el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), surge una figura que, al mismo tiempo que sintetiza a ambas fuerzas en conflicto, se convierte en su mayor verdugo.

En efecto, Bukele nació en la vida política apadrinado por el FMLN. Sin embargo, una vez en el poder puso en práctica la agenda de los sectores más reaccionarios de la sociedad salvadoreña. Hoy, los dos partidos que hegemonizaron la política durante los últimos veinte años han sido prácticamente aniquilados por la aplanadora oficial.

Bukele no es un fenómeno novedoso en la región. Simplemente, nos retrotrae a las épocas pre democráticas de la historia de América Latina. Que sea milenial y que base su estrategia en el uso intensivo de las redes sociales solo hace una diferencia de forma con el pasado. La clave está en su habilidad para activar electoralmente los dispositivos más perniciosos de la sociedad: el miedo, la inseguridad, la incertidumbre, el odio. Y su propuesta es una delirante mezcla de brutalidad y devoción: la fuerza es la única opción para combatir la inseguridad; el resto queda en manos de Dios, como enfáticamente lo dijo al momento de proclamar su triunfo.

América Latina no ha dejado de padecer esta tara de manera permanente. Los últimos tiempos han sido pródigos en la aparición de caudillos autoritarios con distinta pátina ideológica, pero con la misma naturaleza antidemocrática.

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