Los problemas que se le avecinan al Ecuador en el corto y mediano plazo son de una gran envergadura. La proforma presupuestaria para el 2025, la recuperación de la producción petrolera, la crisis de la salud, la inseguridad derivada del crimen organizado, el crecimiento económico, la desintegración del tejido social, la crisis de los partidos políticos, la crisis de la justicia, entre otros.
El presidente Noboa dio muestras de pericia política, gracias a la cual obtuvo una victoria contundente en febrero. Aprendió durante el período de transición tras la muerte cruzada algunos aspectos de la difícil tarea de gobernar. Pero ya como presidente constitucional para el período 2025-2029, se ha topado con dificultades que atañen a una experticia específica, desconocida en el ámbito de la micro política. Quienquiera que estuviera en su lugar sería evaluado sobre su capacidad para dirigir el país.
Ahora, cuando se aproximan las elecciones seccionales voces muy autorizadas como las de los ex alcaldes Paco Moncayo y Roque Sevilla en entrevistas publicadas en los diarios La Hora y Expreso, respectivamente, destacan el perfil del futuro alcalde de Quito. Sevilla resalta la capacidad de administrar una ciudad que no la tiene ni el académico ni el político. Moncayo da mucha importancia al liderazgo, indispensable para diseñar y ejecutar un proyecto de consenso que congregue a ciudadanos y sectores representativos de la ciudad.
Si estos criterios son válidos para gobernar una ciudad, con mayor razón lo son cuando se trata de todo un país. Por ello es tan necesario contrastar las expectativas de los ciudadanos, que hicieron un acto de fe sobre la capacidad de Noboa para ejercer la dirección del país, y los hechos reales de su administración en los tres meses de su gestión. No se trata de emitir juicios implacables, sino de aportar con ideas para un mejor diseño de las acciones propuestas.
El portal Primicias examina el plan de eficiencia del gobierno basado en la conformación de nuevos “superministros” a través de la fusión de algunos ministerios. En el caso de educación hay interrogantes que se deben despejar. La falta de articulación entre los niveles educativos ¿cómo se la va a enfrentar? ¿Cómo va a funcionar la nueva estructura? No se entiende la lógica de esta fusión y se teme que afloren nuevos problemas de gestión, como ya se advierte en el caso del viceministerio de Deportes. Los deportistas del programa de alto rendimiento se sienten desconcertados por la inestabilidad administrativa de este organismo.
Un tema que ha salido a la luz con la creación del Comité Nacional de Salud es la complejidad que entraña el enfrentamiento de la crisis sanitaria y de salud que vive el Ecuador desde hace ya algunas décadas. Expertos dudan que con este organismo se puedan remediar en algo los escollos que afronta. Concurren varios factores: el tema presupuestario, la disponibilidad de medicamentos, el personal médico existente, la corrupción y las deficiencias de gestión. También incide la formación de los médicos: generales y especialistas. La crisis hospitalaria ha requerido la militarización de algunos hospitales para frenar la corrupción. Pero además de estos desajustes en el campo de la salud predomina un enfoque curativo en detrimento de uno preventivo. Y junto a ello hay criterios opuestos sobre a quiénes corresponde la dirección de este proceso: a los médicos, a los gremios, a los trabajadores de la salud, o a quienes conocen las técnicas de la gestión, aunque no sean médicos. El desconocimiento de los médicos sobre lo administrativo les dificulta una buena gestión. Por su parte los administradores que conocen de las técnicas de gestión ignoran los temas médicos ¿cómo conciliar estos dos saberes?
Las fusiones de los ministerios y el recientemente creado Comité Nacional de Salud entrañan un desafío de gobernanza, entendida como la forma de gobernar del Estado en interacción con actores estatales y no estatales para gestionar asuntos públicos de manera eficiente y democrática.
Gobernar, como se ve, requiere del apoyo de un tipo de conocimiento desconocido en la academia. El estudio de la política, por ejemplo, no debe quedarse en nociones teóricas al servicio de los análisis de coyuntura o de estudios estructurales, y sus consecuencias sociales y políticas, sino que debe adentrarse en los temas de la gestión y del gobierno. Los saberes académicos están desligados de los campos de la acción y de la toma de decisiones. Los políticos dudan de la solvencia de los académicos para resolver problemas prácticos. Un buen economista no será necesariamente un buen ministro de economía; ni un buen médico, un buen ministro de salud. Aprender a gobernar supone asimilar el conocimiento de la práctica.
Es difícil ser un estadista en el Ecuador, analiza Ernesto Albán Ricaurte en Expreso. Es más fácil ser un político empírico que es capaz de ganarse la confianza de los electores en una campaña electoral y tomar decisiones reactivas a problemas complejos. La capacidad para ver más allá de la coyuntura implica conocer el manejo de los instrumentos de gobierno, como la gobernanza. El estadista ve más lejos aun y se adelanta al momento histórico en el que vive, a través de una capacidad para aprender de la realidad y para innovar. Ello exige una gran formación intelectual, así como valores éticos.
Esta reflexión es válida no solo para el presidente Noboa sino para todos quienes aspiran a representarnos ahora o en el futuro inmediato, a nivel local y nacional. El país no puede salir adelante sin dirigentes con este perfil. La consulta popular debería apuntar a este objetivo.
