martes, abril 7, 2026
Ideas
Gonzalo Ortiz Crespo

Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Abrumados

Abrumados por la economía, el gobierno que tenemos que aguantar y una naturaleza que puede desatar su enorme potencial destructor, incluso abrumados como estamos, la respuesta no es cruzarse de brazos, dejarse atrapar por la angustia o huir.

El final de las vacaciones veraniegas en la Sierra debería tenernos a todos con el ánimo en alto para enfrentar el nuevo curso. Pero la realidad es que estamos abrumados. No salimos de nuestro asombro ante la vileza del Gobierno con los dirigentes de la marcha indígena, pero nos deprime más todavía la falta de una pequeña dosis de dignidad y autocrítica de los fanáticos de Correa y su modelo, que no solo aceptan todo lo este hace sino que, en especial en sus repugnantes tuits y otros comentarios en las redes sociales, lo apoyan con muestras de un racismo y un machismo tan crudo que uno pensaría que el Ecuador ha regresado varios siglos para atrás.

E incluso abruma que tantos intelectuales, sociólogos, politólogos, historiadores, literatos convertidos en intelectuales orgánicos del correísmo, sigan apoyando a un modelo fascista, justificando todos sus excesos, ya sea como funcionarios del Gobierno ya sea como “funcionales” al régimen, cuyos defectos obcecadamente se niegan a ver.

También nos abruma la economía: intentos tan tardíos como el proyecto de ley sobre las iniciativas público-privadas, que quieren presentarse como novedad cuando tienen más de un siglo (el ferrocarril impulsado por Eloy Alfaro fue de este estilo: se concesionó a la compañía formada por Archer Harman, la Guayaquil & Quito Railway Co., la construcción y explotación de una obra pública), y el recorte de US$ 800 millones en el Presupuesto, que debió hacerse mucho antes para dar señales de seriedad y compromiso con una conducción racional de lo fiscal, se unen al desplome continuado de los precios del petróleo, que ha llegado a menos de US$ 40 por barril, nivel a la que no aporta recursos al presupuesto del Estado, por las tarifas de los contratos de prestación de servicios.

¡Y sobre eso, la naturaleza! El mar y el volcán, El Niño y el Cotopaxi. Como lo dice el  Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno El Niño (Ciifen), “El Niño ya está presente en el Pacífico Tropical desde hace aproximadamente dos meses y su intensidad sigue en aumento. El Niño está ya influyendo sobre el clima regional en distintas formas y con diversa magnitud. Hay consenso de los modelos globales de predicción en que El Niño podría alcanzar intensidad fuerte a finales del 2015 y extender su permanencia en los primeros meses del 2016”.

El Cotopaxi, que inició sus emanaciones el 13 de agosto, se halla desde el jueves 20 en una actividad fumarólica incesante, que ha llenado las redes sociales con fotos, algunas verdaderamente hermosas y otras escalofriantes, mientras El Chasqui, Pastocalle, Mulaló, Lasso se van llenando de ceniza, la que también llegó a Quito el sábado 15 y el domingo 23 (a los barrios del sur, pero también, en forma leve, al norte). Sabemos que todo depende de la dirección de los vientos, y que si el Cotopaxi sigue así y comienza el invierno, la corriente predominante del viento cambiará y trasladará mucha más ceniza hacia Los Chillos y Quito. Pero nadie sabe si seguirá así. Ojalá no aumente su actividad.

Frente a la naturaleza, fuera de rezar, hay que prepararse para los escenarios más adversos. El Ecuador ha avanzado mucho en obras de control de inundaciones, pero no debe dejar de construirse las que faltan. Ante el volcán, reina la preocupación entre los agricultores y ganaderos del área de influencia, en especial, en los cantones Mejía y Latacunga, porque la ceniza no es solo un polvo inerte que cae sobre las plantas y puede sacudirse, sino que con frecuencia tiene elementos químicos que manchan, carcomen o corroen las hojas y frutos, y que obviamente es veneno para los animales que pastan la hierba contaminada.

Entonces, abrumados por la economía, el gobierno que tenemos que aguantar y una naturaleza que puede desatar su enorme potencial destructor, incluso abrumados como estamos, la respuesta no es cruzarse de brazos, dejarse atrapar por la angustia o huir.

Los planes de evacuación tienen que seguir ensayándose y corrigiéndose. En Quito, ya deberían las autoridades municipales reforzar la protección (el sistema Pita-Tambo puede resultar seriamente dañado en caso de una erupción) y emprender campañas de comunicación para el ahorro de agua y las prácticas para limpieza de ceniza (desde el cuidado que hay que tener al subirse a techos, terrazas y antepechos, hasta la forma correcta de poner la ceniza en bolsas, las calles en que deben colocarse y los sitios de disposición final). La absurda centralización de la información decidida por el Gobierno no debe implicar un verticalismo en la acción, porque lo que se logrará es el caos cuando se rompa la cadena de mando. Hay que preparar a las comunidades, empoderando a los liderazgos propios de estas.

Frente al Gobierno, la lucha ciudadana puede ser más efectiva y lo será. Al menos los indígenas y trabajadores y decenas de miles de ciudadanos están dispuestos a continuar la lucha, con el objetivo central de que no pasen las reformas constitucionales disfrazadas de enmiendas, y vislumbrar un final en el plazo constitucional para este Gobierno sordo y autoritario. Que golpeen y tiznen a Salvador Quishpe; que golpeen, vejen y coloquen en un limbo jurídico a Manuela Picq; que golpeen y humillen a Carlos Pérez Guartambel y a tantas docenas de dirigentes maltratados y apresados en las provincias de la Sierra, no va a sofocar el levantamiento que, como bien dijeron los dirigentes y se vio en la solidaridad de los pueblos por los que pasó la marcha y en el Parque de la Resistencia, ya no es solo indígena.

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