En los lejanos años 80 del siglo pasado, el circo eran un espectáculo novedoso para la familia y en particular para los niños. El globo de la muerte, donde cuatro motorizados giraban dentro de una esfera metálica, era el número estrella; luego de los trapecistas y los domadores de animales, quién robaba la atención era el mago. Vestido con elegante terno oscuro, chistera y corbata de lazo comenzaba su presentación mostrando pañuelos de seda y luego se dirigía al público para un ingenuo número con una moneda, una bolita roja o una pequeña paloma. Comenzaba un mantra clásico: Abracadabra…, abracadabra patas de cabra es y el inocente acto de magia del circo popular se concretaba. El mago hacia desaparecer frente a nuestros ojos la bolita, la moneda, el alado animalillo, los que aparecían en otra parte, la moneda en la oreja de un espectador, la bolita dentro de la boca del mago, la palomita salía volando cuando el mago sacaba la chistera que tuvo siempre sobre su cabeza. Abracadabra…, patas de cabra, todo aparecía otra vez, dejando a los infantes maravillados.
Muchas décadas después asistimos a un espectáculo de desaparición mucho más elaborado, un acto que no lo hace un mago de chistera, pero que por el contexto parece desarrollarse en un circo. En este mágico truco no desaparece una moneda, sino 76 millones de dólares que se esfuman en un fin de semana de los registros del Servicio de Rentas Internas. No es en un abrir y cerrar de ojos, como lo hiciera el mago de la chistera, esto ocurre en un fin de semana. El día viernes en la plataforma del Servicio de Rentas Internas (SRI), la entidad estatal recaudadora de impuestos se constataba que un poderoso grupo económico adeudaba al fisco USD 98’017.242,71 dólares, pero Abracadabra… patas de cabra, el día lunes, en ese mismo registro aparecían solo USD 21’796.856,17. En un acto de magia realizado en un fin de semana desaparecieron USD 76,2 millones
Pocas semanas antes la Asamblea Nacional, al aprobar una ley económica urgente, concedió una nueva remisión monetaria, desde la cual se perdonaban multas e intereses a los que adeudaban impuestos al fisco, léase, aquellos que evaden o eluden la carga tributaria. La condonación de multas e intereses supuestamente, se da sólo cuando se haya pagado la deuda, es decir, el monto de impuestos causado que no fue pagado a tiempo o que se fue acumulando. En la cuenta del SRI del Grupo Exportadora Bananera Noboa consta un pasivo de 21 millones, se presumiría que no pagaron el capital adeudado, pero fueron beneficiados con la condonación de multas e intereses.
¡Abracadabra! un acto de magia particular para un evasor particular. Una persona jurídica que se acoge a la remisión sin que haya pagado el capital respectivo, desde una ley hecha con dedicatoria, que a pocos días de su estreno no es cumplida. El que sigan esos 21 millones impagos significa que no se dieron sanciones por parte de los órganos de control del Estado. Nuevamente vendrán moras, intereses, multas, gastos administrativos, demandas y contrademandas legales, que se seguirán acumulando, hasta que venga una nueva remisión monetaria, vía decreto del presidente de la república o como en el último caso, desde una ley aprobada en la Asamblea Nacional con bombos y platillos.
Datos macroecónomicos presentados por diversos académicos indican que, si se recaudaría una mínima parte de los impuestos no pagados, se reduciría significativamente el déficit fiscal. Otros estudios dicen que desde hace ocho años las élites económicas del Ecuador no pagan impuestos y más de 9000 grandes contribuyentes tienen inconsistencias en tributación. El incremento del IVA al 15%, que en realidad va para déficit fiscal, no hubiera sido necesario, así como tampoco desvincular, con el pretexto de la reducción del déficit a 5000 trabajadores del sector público. Si el Estado hiciera que las leyes en contra de la evasión y elusión se cumplan contra las élites morosas se podría salvar al Hospital Eugenio Espejo, que está en terapia intensiva, contratar más docentes para el sistema de educación pública, mejorar los procesos y servicios del Estado.
Pero quiénes no cumplen con sus deberes tributarios pertenecen al bloque de poder político, a un grupo monopólico o a ambos. Son dueños o accionistas de alguna institución bancaria, de grandes inmobiliarias o de ambas. El evasor beneficiado por ese acto de magia acaecido el fin de semana no es cualquiera, es el hombre más rico del país y a la vez padre del Presidente de la república Daniel Noboa. Es quizás por eso que los órganos de control del Estado y el mismo SRI miran para otro lado y por ello, en un fin de semana, cambiaron mágicamente los números. Abracadabra, patas de cabra, se esfumaron más de 76 millones de dólares sin que mediara un mago, en este país que se parece cada vez más a un circo. Ese millonario “acto de magia”, por supuesto, no será el último.
