martes, mayo 12, 2026
Ideas
Juan Carlos Calderón

Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

El cinismo planta la pica en Washington DC

Varios asambleístas del correísmo acudieron a la CIDH a denunciar lo que está haciendo Noboa, que es todo lo que el correísmo hizo mientras tuvo el poder total.

Tres asambleístas de la Revolución Ciudadana viajaron a Washington DC, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar lo que el gobierno Daniel Noboa ha hecho. En las fotos en las redes (anti) sociales aparecen Jahiren Noriega, Verónica Íñiguez y Xavier Lasso. Todos muy formales y educados, han denunciado:

Cierre del espacio cívico.

Persecución contra periodistas, activistas, sindicatos y organizaciones sociales.

Criminalización de defensores de los derechos humanos.

Amenazas a la independencia judicial.

Militarización y declaratoria de Conflicto Armado Interno.

Persecución judicial contra opositores políticos.

Suspensión ilegal de partidos y movimientos políticos.

Instrumentalización de los justicia para perseguir a opositores.

Encarcelamiento del alcalde de Guayaquil.

Falta de independencia del CNE y del TCE por influencia del poder Ejecutivo.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, considero que esto es un avance. Primero, porque han llegado hasta la capital del odioso imperio, y a la CIDH, el corazón del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. En el correato, por diez años, la CIDH fue denostada, fue el cuco del gobierno, y llegaron a plantear salirse del Sistema Interamericano. Les llamaron metidos, se negaron a que lleguen delegaciones, y evitaron sistemática y agresivamente cumplir sus pedidos, exhortaciones y medidas cautelares y emitieron diatribas y burlas desde las tribunas del poder.

También me parece un avance que el correísmo reconozca, admita y denuncie todas las cosas que les parece mal en el gobierno de Noboa, porque eso y más lo hicieron ellos, punto por punto, mientras fueron gobierno. Alguien podría calificarlos como caretucos, como lo hacía su líder, sensei y guía espiritual contra quienes en su momento fuimos a la CIDH o quienes denunciaron dentro y fuera del país lo mismo que ellos están denunciando ahora. Pero me parece bien que quienes montaron este sistema persecutorio de terrorismo de Estado, desde el 2007, aún vigente, consideren que este es un atentado a los derechos humanos, individuales y colectivos y una afrenta a la democracia. Así que muy bien por el correísmo, adelante, a seguir denunciando que está muy mal cerrar el espacio cívico con la persecución y cierre de organizaciones de la sociedad civil; perseguir, atacar, intimidar o asesinar a periodistas y defensores de la naturaleza; criminalizar a líderes sociales y defensores de los derechos humanos; que está muy mal amenazar la independencia judicial (de plano, tomársela), usar la Fiscalía para perseguir opositores, montar un estado de propaganda, usar las instituciones públicas para amedrentar e intimidar a quien piensa y actúa distinto; tomarse el CNE, el TCE, amén del Consejo de la Judicatura, el Consejo de Participación, convertir a la Asamblea Nacional en oficina adjunta a la Presidencia, evitar la fiscalización; que no cabe la militarización ni el uso de la Policía para atacar la protesta social, tampoco usar los servicios de inteligencia como policía política y de espionaje para intimidar, espiar y hasta secuestrar opositores, u los organismos de control para, por ejemplo, extorsionar con el miedo (SRI, Ministerio de Trabajo, IESS) a los gremios empresariales, o mantener «a raya» a los medios de comunicación con concursos de frecuencias amañados… en fin. Qué bueno que los correístas se hayan dado cuenta, porque memoria no creo que les falte de todo lo que hicieron con saña y sevicia mientras fueron poder hegemónico. Y por si no se acuerdan, ahí les dejo una recopilación de una década de atentados y abusos contra los derechos humanos, la dignidad de las personas y la democracia.

Creo sinceramente que aún les falta por denunciar algunas cosas, pero no les conviene porque lo que hicieron con la educación bilingüe, con la corrupción galopante, con la deuda china, con el petróleo, con los sobre costos en las megaobras, con el desmantelamiento de la educación superior pública, con el sistema legal que impusieron para perpetuarse en el poder y someter a la sociedad a los caprichos de un caudillo y su camarilla, aún lo estamos pagando no ha sido desmontado por nadie desde el 2017.

Y aquí quiero entrar al debate planteado por Carlos Andrés Vera, de si Correa y Noboa son lo mismo. El dice que no son lo mismo e intenta establecer las diferencias en motivos, alcances y gestión. No lo pienso discutir, porque no me parece que sea el corazón del problema. El meollo está en que no se puede construir una democracia y acabar con una organización de médula autoritaria y caudillista como el correísmo, con más autoritarismo y caudillismo. El argumento de quienes defienden a Noboa es que él es el único que puede enfrentar al correísmo e impedir que regrese al poder. Lo grave, me parece a mí, es que se lo pretenda hacer dándole una cucharada de su propia medicina. El problema es que si a la nación y a su sistema republicano le damos más cucharadas del mismo veneno, seguro los matamos. A los italianos no se les ocurrió acabar con el criminal legado de Mussolini con más fascismo. Entendieron que al fascismo hay que derrotarlo históricamente con vocación republicana y más democracia. De lo contrario, naturalizamos la herencia perversa del correísmo, le lavamos la cara como está ocurriendo y le damos armas para el futuro. Un gobernante democrático actúa en el presente y sienta las bases del porvenir. Hacer lo contrario es hundir cada vez más lo poco que tenemos de sostén para ser una sociedad viable. ¿Queremos vivir eternamente en este ciclo de venganzas? ¿Podremos salir de este bucle mortal? ¿Este presente será nuestro destino? Me niego a creerlo, pero saludo que Carlos Andrés Vera plantee un debate, cuya intención debe ser mirar los errores actuales y sus nefastas consecuencias. Por lo menos los más sensatos tienen la voluntad de verlos.

Muchas cosas en esos tres años de mandato han inflado al correísmo y le han dado argumentos para acudir a la CIDH, sin autoridad moral, a denunciar que les están haciendo lo mismo que ellos hicieron. El correísmo lo hace enarbolando las banderas del cinismo más procaz, y va a declararse víctimas y defensores de lo que ellos victimizaron y atacaron como les dio la gana. Pero no les creo. Estoy absolutamente seguro de que si el correísmo retoma el poder, lo volverá a hacer.

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