Después de la estrafalaria visita del presidente Gustavo Petro para asistir a la ceremonia de inauguración de la presidencia de Daniel Noboa, y luego de un extraño “descanso” “para escribir” en una “lujosa” propiedad en Manabí, los dos gobiernos mantuvieron un largo y sórdido silencio.
Repentinamente, semanas más tarde, a propósito de la detención del mayor líder del narcotráfico en el Ecuador, y a fin de desvanecer delicadas versiones, desde Sevilla, España, (IV Conferencia de la ONU sobre Financiamiento al Desarrollo, 30 junio a 3 julio 2025) el presidente Petro, en su cuenta X, dijo que “no tiene idea quién es el tal Fito” y, más bien, destacó que mantuvo un encuentro con su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa.
De esa reunión no se sabe nada más que la escueta frase de Petro, de que “con el presidente del Ecuador tratamos sobre la coordinación de fuerzas públicas para perseguir el delito en Putumayo y Sucumbíos”.
Seguramente hace referencia al asesinato de 11 militares del Ejército ecuatoriano en el sector Alto Punino, ejecutado por armados colombianos a metros de la línea de frontera: un número de bajas ni siquiera producido durante los problemas territoriales con Perú.
De su parte, la Cancillería ecuatoriana, encargada de los asuntos internacionales del Estado, ha optado por el silencio acerca de ese execrable hecho; de lo tratado en esa reunión presidencial en Sevilla; así como sobre las actividades en el Ecuador de un mandatario extranjero, quien, luego de la reciente votación, desconoció la elección del presidente Noboa y emitió una serie de mensajes sobre política interna desde la misma Asamblea Nacional, corazón de la soberanía ecuatoriana. Y, en su camino de retorno, se detuvo por dos días en Manabí, a no se sabe finalmente qué.
Conforme el mismo mandatario colombiano dijo desde Sevilla, la responsabilidad de conocer qué hizo en la ciudad de Manta corresponde al Gobierno ecuatoriano: “como todo presidente que visita un país extranjero, siempre soy cuidado permanentemente, día y noche, por la fuerza pública del país hermano”. Por tanto, está pendiente el informe del Gobierno del Ecuador.
En esta coyuntura, cabe preguntarse en qué situación se encuentran las relaciones colombo – ecuatorianas.
Es interesante notar que, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas entre los actuales jefes de Estado, existe una “buena relación”, según lo han manifestado Noboa y Petro.
Petro, con todo el grado de problemas que carga en su país, y con un recrudecimiento de la violencia que recuerda los peores años de este fenómeno atávico en Colombia, ha mantenido niveles de una peculiar amistad.
Antes de asistir a la ceremonia de inauguración, autorizó la venta de energía eléctrica al Ecuador, en los momentos más críticos de los extendidos apagones que, por semanas, lesionaron a todo el país.
Hay que reconocer que, al venir a la inauguración, Petro evitó que se repitiera el bochorno de la ausencia de mandatarios que hubo en la “Cumbre” Iberoamericana de Cuenca. Y que, a pesar de todo lo que dijo, su presencia fue un gesto de reconocimiento al Gobierno de Noboa, legitimidad que había negado tras sumarse a las acusaciones de fraude.
La vecindad y sus fronteras, como se ha repetido, constituyen elementos ineludibles de las relaciones internacionales —particularmente vinculadas a la existencia y soberanía del Estado—, por lo que tienen que ser cuidadosamente conducidas. Los vínculos del Ecuador con Colombia deben tener presente esta premisa y observar de manera ceñida los acontecimientos sociales, políticos y económicos que acontecen en el país vecino.
En general, las relaciones del Ecuador con Colombia se han desarrollado con un apreciable grado de fraternal amistad y cooperación; sin embargo, estas no han estado exentas de dificultades y confrontaciones. En términos históricos, así lo recuerda el imborrable episodio de la violación territorial de Angostura.
Antes de asistir a la ceremonia de inauguración presidencial, petro autorizó la venta de energía eléctrica al Ecuador, en los momentos más críticos de los extendidos apagones.
A los dos países divide una línea limítrofe corta de 586 kms, cuyo dinamismo tiene una elevada fluidez frente a otras que Colombia mantiene con sus demás vecinos. A pesar de que ha disminuido en el último período, el intercambio comercial con el Ecuador continúa siendo de alto valor, sobre todo en beneficio para el Sur de Colombia. Cuando se cierran las fronteras, las afectaciones y reclamos más fuertes provienen de ese sector.
Además de la importancia del comercio, incluido el comercio al por menor, la relación alcanza todos los ámbitos: desde vínculos familiares, hasta el turismo y la cultura, asuntos que no se ven reflejados en ámbitos oficiales ni gubernamentales, provinciales o departamentales.
La negociación en Colombia de los llamados “Acuerdos de paz” de La Habana (2016) y su aplicación produjo divisiones entre las diferentes facciones de las FARC-EP. Grandes zonas de territorio colombiano que antes estaban bajo su mando, quedaron controladas por otros grupos armados y por las denominadas “disidencias”.
La ausencia del Estado (seguridad, justicia, salud y educación, entre otros) luego del desarme de las FARC, fue sustituido por agrupaciones armadas que subsisten, han crecido, y se han reagrupado, entre otras cosas, gracias al cultivo de hojas de coca, narcotráfico, secuestro, minería ilegal, tráfico de armas y más.
Esas “disidencias” y similares, vinculadas a economías ilegales, son las que han constituido el principal foco de expansión de organizaciones delincuenciales que han avanzado hacia territorio ecuatoriano. Desde la frontera colombo ecuatoriana, se desplazaron principalmente a ciudades portuarias ecuatorianas.
En ninguna de las reuniones de Petro y Noboa hubo una sola palabra acerca de la emboscada y asesinato de los militares ecuatorianos por parte de un grupo armado colombiano.
Una versión actualizada de la realidad de esas zonas colombianas vecinas al Ecuador la ha dado el actual jefe de la disidencia de las FARC, comandante de la “Coordinadora Nacional del Ejército Bolivariano” (https://www.elespectador.com/colombia-20/paz-y-memoria/petro-y-disidencias-farc-entrevista-walter-mendoza-jefe-de-cneb-11-militares-asesinados-ecuador/), el 26 de mayo 2025.
Arraigada en Tumaco (frente a Esmeraldas), esa organización “controla buena parte del pacífico nariñense y el Putumayo, donde se concentra casi la mitad de la coca del país (115.000 hectáreas)”. El líder, señala que su agrupación “no tiene ninguna responsabilidad” en el asesinato de los 11 militares en Sucumbíos, pero dice que “Ecuador está peor que Colombia … Allí convergen —añade— muchas bandas… Allá hay gente que fue guerrillera, del ELN, de las FARC antiguas y, seguramente de ahora, que desertaron”. Reconoce que hay tropas de la “Coordinadora” —aunque no permanentes— al igual que en Venezuela, “la frontera con Ecuador casi es pura selva, no es sino pasar el río Putumayo y ya. Hay amigos del otro lado y amigos de este lado”. En otras palabras, pronto puede haber otra Angostura.
En medio de estas condiciones habrá que apreciar que los dos presidentes consideren que entre los dos vecinos existe una “buena relación”.
Pero lo dicen en voz baja, en tono personal, de simpatía y retribución, para que se distinga que hay alguna divergencia ideológica. Se lo expresa, asimismo, con una sombra de complicidad, para que no se note que se oculta algo o que no se dice todo. Y, eso, ciertamente, en términos de política internacional, no puede asimilarse a tener una “buena relación”.
En ninguna de las reuniones de Petro y Noboa hubo una sola palabra acerca de la emboscada y asesinato de los militares ecuatorianos por parte de un grupo armado colombiano, a pocos metros de la frontera. No ha sido algo importante, porque no se ha escuchado nada de parte de la autoridad encargada de los temas internacionales: el Ministerio de Relaciones Exteriores.
El gobierno de Noboa, con esfuerzo y sin Cancillería, mantiene unas relaciones al filo de lo indispensable, por tanto, insuficientes, sin lo forzoso: política internacional acorde a los intereses del país.
Noboa, con tímida prudencia, minimizó las críticas de Petro a su Gobierno el día de su posesión, solo las calificó de “lamentables” y buscó apuntalar la “cooperación” de Colombia.
Tampoco Noboa dijo nada acerca del pedido de que “libere a presos políticos”; de los “problemas que atraviesan los países de la Gran Colombia” (eufemismo de Petro para evitar nombrar a Ecuador y Venezuela por su nombre); de los “problemas estructurales de violencia”; de los “déficits democráticos”; de las “amenazas latentes de intervención foránea”, según señaló el mandatario colombiano el día de la inauguración del presidente del Ecuador.
Las relaciones internacionales, entre ellas la vecindad, tienen una serie de posibilidades. En el caso que nos ocupa, el gobierno de Noboa, con esfuerzo y sin Cancillería, mantiene unas relaciones al filo de lo indispensable, por tanto, insuficientes, sin lo forzoso: política internacional acorde a los intereses del país.
(*) Ex Vice Canciller
