lunes, agosto 31, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

La Universidad Andina y las voces de libertad

Se posesionó el nuevo rector Montaño para dar continuidad jurídica, académica y ética a una de las principales universidades de postgrado del país. Y bien haría el poder político no solamente en respetar de manera absoluta los procesos sino en apoyarlos para que se fortalezca aun más la Universidad Andina.

Ya no más dudas ni sobresaltos: la Universidad Andina ha logrado mantenerse en sus propios espacios de libertad y de autonomía. La crisis que se produjo en torno a la designación del nuevo rector nació de esa suerte de necesidad imperativa de acapararlo todo que caracteriza a ciertos personajes del Ejecutivo. Por lo mismo, el candidato propuesto por el gobierno central debía triunfar a toda costa. Sin embargo, como en la consulta previa, la comunidad universitaria otorgó un no rotundo al candidato oficial, entonces aparecieron las impugnaciones que jamás se habrían hecho presentes en el caso contrario.

El viernes pasado se posesionó el nuevo rector Montaño para dar continuidad jurídica, académica y ética a una de las principales universidades de postgrado del país. Y bien haría el poder político no solamente en respetar de manera absoluta los procesos sino en apoyarlos para que se fortalezca aun más la Universidad Andina.

Leyendas e historias: Desde hace varios años el poder político se ha introducido de manera directa en la universidad del país. Series de reformas determinaron una suerte de homologación universitaria que no ha conducido sino al deterioro de la capacidad y calidad académica. Aunque se trató de solapar las ocultas intenciones con el velo de la reforma en pos de la excelencia académica, en principio no fue otra cosa que un proceso de apropiación del sistema educativo superior pues nada, y menos la universidad, podía quedar al margen del poder. En más de una ocasión, la predicada excelencia académica no ha sido más que una expresión adornada con la bisutería de las hermosas expresiones y los oropeles de las alabanzas narcisistas de los actores. De alguna manera, la Andina, como Universidad de posgrados, se ha mantenido al margen de este proceso. Por lo mismo, la elección del nuevo rector constituía para el poder central la gran oportunidad de apropiarse de esa suerte de último bastión de la democracia académica y dar así por concluido el amordazamiento y la sujeción de todo el sistema educativo al poder central. Para lograrlo, el oficialismo político candidatizó a Raúl Vallejo, embajador del país en Bogotá, profesor de la Andina y literato de reconocida valía. 

La consulta previa al estudiantado y a todo el personal de la universidad fue contundente: cerca del 90 por ciento apoyó a Montaño. Pero, más allá de esta consulta previa, la última palabra la tuvo el Consejo conformado por personas pertenecientes a las sedes de la Universidad Andina en los Países Andinos que, haciéndose eco de la consulta, eligió a Montaño.

Muy probablemente, si hubiese triunfado Vallejo, el gobierno nacional no habría tenido sino tan solo palabras de alabanza al proceso. Pero triunfó Montaño, e inmediatamente asomó el rechazo oficial al que se lo vistió con el disfraz equívoco de las leyes y del poder. Puesto que el poder no está hecho para perder sino para ganar a toda costa, se dio paso a series de argumentaciones en contra del proceso.

Es preocupante que el poder pretenda tener siempre la razón, porque entonces la verdad no nace de los argumentos lógicos y jurídicos sino de un golpe de mallete. Sin embargo, ante las impugnaciones de unos y las posiciones jurídicas de otros, Vallejo tomó las de Villadiego y regresó a su embajada. Sin duda la mejor opción puesto que la Andina es también parte de su vida y a la que seguramente regresará cuando termine su bonanza política y vuelva a hablar de literatura, algo que lo hace bien. Lo dijo a un medio de comunicación: “creo en la autonomía universitaria y en la independencia institucional de cualquier tipo de bandería política”.

Al posesionar a Montaño como Rector, la Universidad Andina se ha colocado en el único lugar verdadero que corresponde a la Academia: el lugar de la autonomía frente a los vaivenes de la política partidista. No porque la Universidad del país deba dar la espalda a lo político, sino porque la única manera de hacerle frente es acatando la voluntad de la propia universidad expresada en sus espacios jurídicos y reglamentarios. La Andina no puede hipotecar lo académico, su gran tesoro, a ese monstruo de mil rostros que es la política partidista.

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