Toda magia esconde un truco. Detrás de las recientes cifras de producción petrolera parece existir cierto encantamiento.
Uvas al caldero para endulzar los datos. El último informe estadístico de Petroecuador señala un aumento del 8,8% en la producción petrolera entre enero y julio de 2026, frente al mismo período de 2025.
Pero ¿cómo ocurrió este salto si, hasta junio, esta producción registraba una caída del 2,4%?
Espejito, espejito. La explicación aparece en julio de 2025, cuando Ecuador estuvo al borde de un apagón petrolero.
Durante ese mes, gran parte de los pozos petroleros dejaron de producir debido a la suspensión del transporte de crudo por el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) y el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP).
La interrupción fue una respuesta para precautelar la infraestructura de ambos oleoductos y evitar derrames de crudo, a raíz del avance de la erosión regresiva en la zona limítrofe entre Napo y Sucumbíos.
Como resultado, julio de 2025 registró una baja producción. Una vez superado el problema, la actividad volvió a sus niveles habituales.
Ahí está el truco del 8,8%. No representa un aumento extraordinario de la producción de crudo, sino el regreso a sus números frecuentes (ver gráfica). Fin del hechizo.
