martes, agosto 25, 2026

Las dos candidatas ecuatorianas a dirigir la ONU …que Ecuador no apoya

Ivonne Baki y María Fernanda Espinosa, dos diplomáticas ecuatorianas de connotada carrera nacional e internacional protagonizan el insólito caso de dos candidaturas de ecuatorianas que corren por la Secretaría General de la ONU, el más alto cargo representativo del mundo. La paradoja es que Ecuador se mantiene al margen y ellas tienen el apoyo de otros países. ¿Cómo beneficia o perjudica esto al Ecuador?

Por: Reporte Global y Plan V

Ivonne Baki y María Fernanda Espinosa compiten por la Secretaría General de Naciones Unidas. Ninguna fue postulada por el Gobierno de Daniel Noboa: Antigua y Barbuda presentó a Espinosa el 11 de mayo de 2026 y Tonga nominó a Baki el 18 de agosto, en una contienda que ya reúne a ocho candidatos. El patrocinio inicial de Líbano y la postulación formal por Tonga responde a un refinamiento diplomático estratégico. Aunque los lazos históricos vinculaban la candidatura de Ivonne Baki a Beirut, la severa crisis institucional libanesa limitaba su viabilidad en los comités internacionales.

La inscripción por la vía de Tonga opera como un vehículo de conveniencia geográfica y neutralidad procedimental. Este movimiento elude vetos geopolíticos en Oriente Medio y captura el voto en bloque de los Estados insulares, demostrando una sofisticada capacidad de articulación multilateral para asegurar apoyos en el tablero global. Ecuador aporta así dos figuras de proyección internacional, pero sin una candidatura nacional propia y sin haber definido públicamente cuál de ellas interpreta mejor sus intereses de Estado.

Ivonne Baki y María Fernanda Espinosa encarnan dos lógicas opuestas de poder diplomático.

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Baki, guayaquileña de ascendencia libanesa, construyó su carrera sobre redes personales que atraviesan gobiernos antagónicos: embajadora en Washington bajo Jamil Mahuad y Gustavo Noboa, ministra con Lucio Gutiérrez, parlamentaria andina y negociadora de la iniciativa Yasuní-ITT durante el correísmo. Moreno la devolvió a Washington, Lasso la ratificó y Daniel Noboa la trasladó a Francia en febrero de 2024, hasta cesarla en noviembre. Su activo no es la burocracia multilateral, sino una red que conecta Washington, Europa, Medio Oriente y pequeños Estados.

Las dos candidaturas emergen en una ONU caduca frente a los desafíos contemporáneos y de influencia menguante para actuar en escenarios críticos desde hace décadas.

Espinosa acumuló, en cambio, capital institucional: canciller en dos períodos, ministra de Defensa, representante ante la ONU en Nueva York y Ginebra, y presidenta de la Asamblea General (2018-2019), electa con 128 votos frente a 62. Su vínculo con el correísmo condiciona su lectura interna, pero su derrota frente a Luis Almagro en la Secretaría General de la OEA en 2020 —10 votos contra 23— ya demostró que las credenciales personales no sustituyen el respaldo coordinado de gobiernos.

Las dos candidaturas emergen, además, en una ONU caduca frente a los desafíos contemporáneos y de influencia menguante para actuar en escenarios críticos desde hace décadas, por el bloqueo del Consejo de Seguridad y las guerras en curso, y en un contexto de fragmentación regional: distintos gobiernos patrocinan candidaturas propias o ajenas sin que América Latina logre convertir la expectativa de rotación geográfica y liderazgo femenino en una posición común.

Respaldar a Espinosa exigiría separar el interés diplomático del antagonismo con el correísmo; apoyar a Baki supondría asumir una candidatura de viabilidad incierta y asociada a Donald Trump. La neutralidad evita costos internos, pero también renuncia a negociar apoyos y proyectar el trazado de una política exterior unívoca.

El detalle se vuelve más visible en la reciente gira comercial: el Decreto 469 programó una gira por China, Singapur y Vietnam entre el 16 y el 28 de agosto. El 18 de agosto en Pekín, Noboa y Xi Jinping firmaron siete instrumentos de cooperación, comercio, inversión, tecnología y energías renovables, que incluyen cerca de USD 28 millones no reembolsables para vehículos policiales, equipamiento médico y reactivación productiva, más otros USD 14,7 millones para educación, producción y prevención de riesgos; un total cercano a USD 42,7 millones. En Shanghái, Noboa promovió una alianza portuaria y la captación de inversiones en energías renovables; en Sichuan impulsó el ingreso de rosas y camarón, propuso intercambio universitario y recibió la solicitud provincial de instalar un consulado ecuatoriano.

V

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La reactivación productiva es probablemente uno de los puntos que más expectativas habrá generado, especialmente entre pequeños y medianos comerciantes, industriales y emprendedores de un país urgido por una hoja de ruta que fortalezca sus capacidades para fomentar el desarrollo económico y el bienestar de los 18 milloners de habitantes.

La gira se interrumpió por una contingencia ajena a la agenda diplomática, ilustra cómo una política exterior con objetivos claros —diversificar mercados y financiamiento sin romper con Washington— sigue dependiendo de la capacidad del Estado ecuatoriano para sostener su propia institucionalidad, la misma fragilidad que explica la ausencia de una candidatura nacional en la carrera por la Secretaría General.

Una victoria de Espinosa reposicionaría internacionalmente a una figura asociada al correísmo y produciría una disociación incómoda: Ecuador obtendría prestigio mediante una candidata a la que su Gobierno no apoyó.

Las probabilidades de ambas candidaturas son reducidas, pero una elección cambiaría la visibilidad internacional de Ecuador. La Secretaría General exige independencia y no representa al Estado de origen, pero sí ampliaría el poder reputacional del país, el acceso informal a redes diplomáticas y su capacidad de presentarse como productor de liderazgo multilateral.

Una victoria de Espinosa reposicionaría internacionalmente a una figura asociada al correísmo y produciría una disociación incómoda: Ecuador obtendría prestigio mediante una candidata a la que su Gobierno no apoyó y que seguramente promovería agendas de reforma institucional, desarrollo sostenible, igualdad de género y autonomía multilateral, obligando a Washington y a Quito a convivir con una secretaria general cuya trayectoria no coincide con los actuales alineamientos.

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Una victoria de Baki, en cambio, proyectaría un perfil más cercano a la diplomacia transaccional y a la interlocución entre Washington, Medio Oriente y pequeños Estados más compatible, en principio, con el pragmatismo comercial de Noboa.

En cualquiera de los dos escenarios, la consecuencia sería paradójica: Ecuador ganaría centralidad geopolítica por una iniciativa que no construyó. Y el efecto más probable se producirá incluso sin victoria: ambas campañas amplían redes que el país podría aprovechar para acompañar su estrategia comercial en Asia y reprogramar el acercamiento pendiente con Vietnam.

Aprovechar ese activo requiere una Cancillería capaz de transformar el capital diplomático personal en política de Estado.

Reporte Global y Plan V

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