lunes, agosto 24, 2026
Ideas
Diego Ordóñez

Diego Ordóñez

Abogado, ex secretario de Seguridad del Estado

Pisoteando la libertad de opinar

A mediados del siglo XX, el insigne Jorge Luis Borges fue defenestrado de su trabajo en la biblioteca municipal y designado “inspector de corrales de aves de corral, conejos y huevos». La infame medida fue decidida por el surgiente peronismo. Borges fue siempre un crítico y detractor; como libre pensador repudió por siempre a esa expresión política fascista. No fue suficiente cesarle del cargo y nominarle a otro que significaba una burla a semejante mente y pluma: apresaron a su madre y hermana, por oponerse al gobierno peronista.

El rasgo que da identidad a todo proyecto autoritario es el de reprimir el pensamiento, mandar a callar a los que critican; y callar me refiero también a sepultar en tumbas a la disidencia. Tal cual las mafias, que no soportan, por ejemplo, a personajes como Monika Silva, quien fue silenciada por algún mafioso de aquellos a los que denunció y cuya muerte será impune, porque el poder de los malos controla todo.

Autoritarios de toda talla, desde los pequeñitos que usaban tacones para no verse diminutos; o los que insuflaban el pecho como palomos en celo para parecer “alguien”; o de los que ordenaron exterminar a los gorriones por ser contrarrevolucionarios. Los comunistas, fascistas e izquierdistas crearon gulags y helicoides para refundir enemigos. Todo el que piense, siga o escriba alguna idea que sea vista desde el poder como contraria, van al tarro o será víctima de alguna forma de cancelación. Será un fiscal infame o un juez baboso el que use a la ciega justicia para imponer el miedo a grilletes y barrotes. Así como a Gabriela Panchana; y antes a los Pérez, Calderón o Zurita.

También está la maniobra, patentada por el correismo, de asfixiar financieramente a los medios de prensa que tienen la audacia de ceder sus páginas a desaprensivos articulistas que no entienden que los inseguros y acomplejados, y así son los autoritarios, no admiten que alguien arroje la verdad en sus caras. Los auspiciantes retiran sus anuncios y así, por inanición el periódico se quema. Lo extinción de diario Hoy corresponde a esta maniobra. Y lo propio está sucediendo con Expreso. Supongo que para evitarlo resolvieron prescindir de Roberto Aguilar, con el efecto colateral de silenciar Politizados, para apaciguar las iras y los odios de los inmunes a la integridad. Algo así como ofrendar una libertad, un derecho; secar una tinta, apagar una luz, para el que o los que no tienen pudor democrático, pero tienen miedo que repartir, no terminen de destrozarlos.

Aguilar, no es Borges, literariamente hablando, pero se emulan los casos. Un poder que excede los límites, sobre todos los éticos, los que no están escritos pero que obligan a toda persona decente, y más un gobernante, usando el poder ilegítimamente para proscribir el libre pensamiento. Entre aquellas dictaduras ominosos, de derecha e izquierda y la criptodictadura, es obvio que hay diferencias; pero hay una similitud, y es la fundamental: el atropello a la libertad de opinar. Y eso significa, reprimir la libertad básica del homo sapiens: pensar.

Porque pensar, razonar, discernir nos hace seres humanos; y verbalizar ese pensamiento nos otorga dignidad. Claro, también están aquellos que exudan torpeza, y de eso están llenas las redes sociales. Pero incluso aquellos tienen derecho de opinar, aunque sus opiniones valgan nada.

Aguilar siempre ha sido cáustico, elegantemente cáustico. Ha sido crítico de todos, sin enajenarse a ningún poder, independiente. Lo ha sido con Noboa y su séquito, tan delicados que les ofende. Lo fue con Lasso, también. La diferencia y aquí radica la ética del poder; que Lasso, frente a los mordaces juicios de la pluma irreverente de Aguilar, sonreía y elogiaba su lucidez. El gobernante debe ser más lúcido para tolerar y en casos escuchar y aprender. Así es el deber ser. Pero, en esta reconvertida; y literal, banana-republic, los nuevos políticos vienen con la pistola al cinto a repartir plomo a los que piensan y rodearse de los que obedecen.

La historia muestra que ese poder de perseguir es efímero y que no es posible arrasar a los discrepantes sin que en algún momento la historia o la ley no tome cuentas al abusivo.

A riesgo de ser repetitivo, espanta y hasta repugna el atronador silencio de los colegas periodistas que han vendido sus micrófonos, sus medios, sus escrúpulos al perseguidor. Hay políticos corruptos y son destructivos. Pero es más grave el daño que causa a la democracia y a la vigencia de las libertades, que periodistas se hayan colocado a la vera del camino para aplaudir y vivar mientras pasa la comparsa oficial. Toca también a articulistas que opinan sobre la recóndita filosofía de las instituciones y son incapaces de formular una crítica; o los que escriben en medios perseguidos y orillan la ética para no contrariar al poder. Mata de cínicos.

 

 

 

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