Al final de julio del 2026, llegaron 80.000 inmigrantes, entre ellos 1.898 menores de edad, a Ceuta, España, según el Ministerio del Interior de ese país. En el intento por pisar esa isla murieron 140 personas, de acuerdo a los registros hasta el 16 de agosto de este año. Ese arribo masivo de extranjeros encendió la alarma en algunos países de la Unión Europea, como Italia o Dinamarca.
Plan V conversó sobre la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, España, y sus repercusiones con el Dr. e investigador en temas migratorios del Departamento de Sociología e Investigación Social de la Universidad de los Estudios de Milán-Bicocca, Nick Dines. Es investigador en criminología y estudios urbanos en universidades de Reino Unido e Italia, con proyectos enfocados en gobernanza global, dinámicas urbanas y diversidad social en varias universidades de Europa.
Dr. Dines, ¿una crisis como la de Ceuta se puede repetir en España o en Italia? ¿Qué cree usted?
El evento que ocurrió el 30 y 31 de julio de este año en Ceuta fue un suceso extraordinario. Más de 140 personas murieron durante ese cruce de la frontera entre Marruecos y Ceuta. Hay que subrayarlo para dejar claro el aspecto humano de este evento del que hoy se ha hablado mucho por las repercusiones políticas, especialmente entre España e Italia, del aspecto geopolítico, del papel del Sahara Occidental en toda esta situación.
Pero las personas que cruzan son muy conscientes de las posibilidades. Las redes sociales son muy importantes para las personas que migran, ya sea de Marruecos hacia Ceuta o desde Túnez o Libia en barca hacia Lampedusa, Italia.
Lo importante es que Ceuta es particular: Ceuta y Melilla son dos enclaves en territorio africano que limitan con Marruecos. Son bastante excepcionales desde ese punto de vista; son, si queremos, avanzadas de la frontera exterior de Europa y hay que centrar la atención en esa particularidad.
En Ceuta ya había ocurrido un evento similar el 21 de mayo de 2021. Similar en el sentido de que hubo, en un solo día, un cruce masivo. Aquella vez fueron unas 8.000 personas. Esta vez, en los primeros días se hablaba de 60.000, y ahora se habla de entre 70.000 y 80.000. Hay que subrayar que la mayor parte de estas personas reingresó a Marruecos, es decir, de 70.000 o 72.000, la gran mayoría regresó en un lapso de 12 a 24 horas.
El evento que ocurrió el 30 y 31 de julio de este año en Ceuta fue un suceso extraordinario. Más de 140 personas murieron durante ese cruce de la frontera entre Marruecos y Ceuta.
¿Cuáles son las similitudes entre ambos hechos?
Hay muchas cosas diferentes y también similitudes respecto a 2021. En 2021 eran casi todos migrantes subsaharianos los que cruzaron la frontera. Esta vez eran casi todos marroquíes: jóvenes varones, pero también algunas mujeres. De hecho, no se sabe la identidad de todos por motivos diversos, pero se sabe que ha muerto una futbolista que jugó a cierto nivel para la selección nacional marroquí. Había mujeres, no puedo dar un porcentaje claro, pero en los vídeos se ven mujeres que cruzaron tanto por tierra como por mar. Hay una diferencia en cuanto a quién cruzó la frontera.
Disponemos de algunos elementos y hechos, en parte anecdóticos: sabemos que, durante un tiempo, en el lado marroquí de la frontera, los guardias hicieron la vista gorda; tenemos imágenes de gente llegando transportada en camiones, pero también una serie de datos como las cifras de muertos, de llegadas y de devoluciones. A lo que también podemos recurrir es a nuestro conocimiento del contexto específico del lugar, su historia reciente y eventos previos como el de 2021.
Usted dice que se recurre a teorías de la conspiración para tratar de explicar esa llegada masiva, ¿puede explicar?
Es un evento complejo y multidimensional que involucra a varios Estados y genera repercusiones de diverso tipo. Algunos comentaristas se han apresurado a proponer una teoría general: tanto desde la derecha como desde la izquierda se ha dicho «es por el Sahara Occidental», «hay un complot por parte de Israel», o desde la derecha «los migrantes están pagados para cruzar y realizar una invasión de Europa». Se recurre a teorías de la conspiración y se pierden de vista puntos centrales.
Entonces, ¿cómo se puede interpretar lo sucedido?
La primera dimensión es con las dinámicas migratorias y tensiones sociales internas: La motivación por la que la gente migra, vinculada a las tensiones sociales dentro del propio Marruecos, especialmente entre los jóvenes. En los últimos años ha habido movimientos de la Generación Z en Marruecos; la rabia de jóvenes con pocas posibilidades dirigida hacia el Estado. Hay una interpretación bastante orientalista por parte de periódicos de centroizquierda que presuponen que estos chicos fueron manipulados por el Estado marroquí.
La segunda es la dimensión geopolítica y el rol del Estado marroquí: Conforme Europa ha externalizado sus fronteras firmando acuerdos con terceros países a lo largo de su frontera exterior —Turquía, Túnez, Libia, Marruecos—, Rabat ha obtenido una palanca diplomática respecto a la cuestión migratoria. Hay hechos recientes que hacen pensar con mucha probabilidad que Marruecos quería darle una lección a España.
¿Cuál es la tercera dimensión?
Son las políticas de inmigración en Europa e instrumentalización política: La política migratoria de la Unión Europea lleva años con un enfoque de seguridad como reforzar fronteras, externalizar, acuerdos, pero en los últimos años ha habido una creciente hegemonía de la extrema derecha sobre estos temas en Europa. No es casualidad que la primera persona en responder a nivel internacional haya sido Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, presionada por las elecciones del año que viene; por Roberto Vannacci, quien era parte de la coalición en el poder y fundador de Futuro Nacional, está arrebatándole electorado por la derecha, o por las dificultades con los centros para migrantes en Albania que no están funcionando como preveía el Gobierno.
xzoix zoxuozx ozxo zixo ziuxozi uxoizuxo ziuxoizuxoizuxoz oxizuxo izuxoizuxoz ixuoizuxozixuzo ixuzoixuzo xiuzx oizuxoziuxoziuxoziuxizoux
Esto define la cuestión de la inmigración. No era así hace diez años. Antes del auge del populismo nacionalista al estilo Trump o del Brexit, la cuestión migratoria ha sido continuamente instrumentalizada por una parte de la política europea. Marruecos sabe esto y juega sus cartas sabiendo que cuenta con el apoyo de Trump.

Usted habla de una última dimensión, que es el rol simbólico de España en Europa. ¿A qué se refiere?
Uno de los pocos países de la Unión Europea con un gobierno de centroizquierda que, aunque no es particularmente popular en España, en el extranjero se ve como un faro al tomar posiciones explícitas. Por ejemplo, sobre Palestina o la guerra en Irán, se habla de un intento de meter en problemas al Gobierno español.
Por todo esto, debemos tener cuidado de no interpretar los eventos de Ceuta simplemente como una «crisis construida».
La Unión Europea aprobó un nuevo pacto sobre migración en junio de este año. ¿Cuál es su opinión sobre el uso de terceros países para determinar si se acepta o no la solicitud de asilo de los inmigrantes?
No soy un experto en la Unión Europea, pero son temas importantes. Lo que se pretende hacer es similar al proyecto de Albania: construir centros de procesamiento de asilo fuera del territorio. La teoría es que las personas que llegan a la Unión Europea, en el caso de Italia, por ejemplo, serían enviadas a centros en terceros países donde se analizan sus casos, lo que hace casi imposible que luego regresen a este país.
En el caso de los centros de Albania, los países europeos han firmado la Convención de Ginebra y tienen responsabilidades legales, por eso los tribunales en Italia han frenado algunos traslados de migrantes hacia Albania.
¿Puede aclarar en ese tema el caso de los inmigrantes de Ceuta?
En realidad, Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen ni del sistema europeo como tal, son excepciones. Estos inmigrantes no podían proseguir hacia el resto de Europa. Lo que existe en Ceuta es la posibilidad, mediante el acuerdo con Marruecos, de que los ciudadanos marroquíes sean devueltos. Hubo una sentencia en julio de este año del Tribunal Supremo español que establecía que quienes llegaban por mar no podían ser devueltos de inmediato. La situación es distinta para los menores de edad y los migrantes subsaharianos, que no pueden ser devueltos a Marruecos y permanecen a menudo durante años en los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (CETI).
En el evento del 30 y 31 de julio se vio cómo funciona el acuerdo entre Marruecos y España respecto a los ciudadanos marroquíes que cruzan la frontera. La mayoría de los jóvenes marroquíes lo sabe. Muchos conocían que Ceuta es un caso particular y que no había garantías de poder pasar a la España peninsular.
La teoría es que las personas que llegan a la Unión Europea, en el caso de Italia, por ejemplo, serían enviadas a centros en terceros países donde se analizan sus casos, lo que hace casi imposible que luego regresen a este país.
Pero los países del Este como Polonia, Hungría, Eslovaquia, República Checa, que son de derecha conservadora y populista, se oponen al reparto obligatorio de inmigrantes o a la reubicación forzada. Prefieren el pago de contribuciones financieras por cada migrante no acogido en lugar de aceptar cuotas de distribución. ¿Usted qué piensa de esto?
Hay un paralelismo interesante con lo que ocurrió en 2019 entre Polonia y Bielorrusia, donde también se habló del papel de Bielorrusia abriendo fronteras para obtener concesiones de la Unión Europea. Existe esa dimensión geopolítica en el Este. Aunque hemos visto con la guerra de Ucrania que los refugiados de ese país han tenido un tratamiento preferencial no sólo en Europa del Este, sino en toda Europa, cientos de miles de personas han sido acogidas. Cuando se habla de números, siempre hay que tener en cuenta la magnitud de los flujos y la capacidad real de acogida cuando hay voluntad política.
Respecto a líderes de extrema derecha, como Orbán en Hungría, que ya no está en el poder, basaban gran parte de su discurso en la inmigración, se ha visto que en elecciones recientes la oposición ha ganado terreno centrándose en temas como la corrupción política. En países con tasas de inmigración muy bajas en comparación con Grecia, Italia, Alemania o España, el discurso antiinmigración no siempre sostiene el consenso a largo plazo, cuando la población se preocupa por la economía o la corrupción.

Esto me hace pensar, por ejemplo, en las próximas elecciones en Francia. Mariane Le Pen, encabeza las encuestas, ella es antiinmigración. En Francia hay 10 millones de inmigrantes musulmanes.
No son «inmigrantes», son ciudadanos franceses con antecedentes migratorios. Hay una gran diferencia. Habrá que ver cómo se desarrollan las campañas electorales; la migración tendrá un papel importante, pero no está dicho que sea el factor determinante para ganar. En Francia existe la segunda vuelta (balotaje) e históricamente se ha formado un frente popular contra la figura de Le Pen. Habrá que ver si ese cordón sanitario se mantiene.
En el Reino Unido, por ejemplo, figuras como Farage propuso usar la Marina Real para bloquear las embarcaciones, a lo que la propia Marina respondió que no es legal. El discurso sobre la inmigración cala hasta cierto punto, pero cuando hay crisis del costo de la vida (muy sentida en el Reino Unido), el electorado empieza a priorizar la economía o la corrupción sobre la retórica antiinmigración.
En Italia es difícil que la centroizquierda gane a menos que cambie de rumbo, pero los estudios sobre las actitudes públicas hacia la inmigración muestran que la posición antiinmigración no es tan monolítica. En Europa existen contrapesos sociales y democráticos que rechazan discursos pro-fascistas.
Además, los discursos antiinmigración suelen basarse en dobles raseros: no se cuestiona la llegada de inmigrantes estadounidenses con altos ingresos en ciudades como Roma, pero se estigmatiza a otros grupos por motivos de clase o religión (como el islam). Sin embargo, la gente no es tonta y la inmigración no es el único tema que decide el voto.
No es simplemente ir de A a B para quedarse para siempre, existen flujos de ida y vuelta, redes comerciales y proyectos complejos. Ocurrió con la migración ecuatoriana tras la crisis de 2008 en España, donde muchos regresaron o se reubicaron.
Usted que es un estudioso de la migración, ¿cree que es un recurso positivo para la Unión Europea? Porque siempre se dice que trae delitos…
Más que una opinión personal, es un hecho estructural: las economías de Europa meridional y occidental se sostienen sobre la fuerza laboral migrante. La reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial en el norte de Europa se basó en la migración del Mediterráneo, el norte de África y Turquía.
Hoy, el sistema de bienestar familiar en Italia (el cuidado de ancianos, niños, etc.) depende de la población migrante. Sin inmigración y con las tasas de natalidad tan bajas que existen en el sur de Europa (alrededor de 1,2 hijos por mujer en Italia), la sociedad no se reproduce ni se sostienen las pensiones.
Es una realidad estructural: la economía y la sociedad occidental en Europa funcionan gracias a esta fuerza de trabajo. Si se aplicara el discurso de expulsar a los migrantes, la consecuencia implícita sería obligar a las mujeres a volver al hogar para asumir los cuidados que antes realizaban las trabajadoras migrantes.
Los inmigrantes dejan sus países de origen en busca de oportunidades laborales. Las razones económicas son las principales, ¿qué dice usted?
Es una mezcla de muchos motivos, el económico es fundamental, pero hay que entender la inmigración como un fenómeno transnacional. No es simplemente ir de A a B para quedarse para siempre, existen flujos de ida y vuelta, redes comerciales y proyectos complejos. Ocurrió con la migración ecuatoriana tras la crisis de 2008 en España, donde muchos regresaron o se reubicaron.
Volviendo al caso de Ceuta: en Marruecos hay una fuerte desigualdad. Es un país en crecimiento con un perfil internacional alto (tren de alta velocidad, coorganizador del Mundial 2030), pero con una brecha socioeconómica enorme en comparación con Argelia o Túnez. En el norte de Marruecos hay mucha pobreza, pero también rabia política entre los jóvenes tras la represión de movimientos sociales. Por tanto, hay motivaciones económicas, pero también sociales, políticas y un elemento de desafío.

