sábado, agosto 29, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Corrupción fragmentada

A propósito de la sentencia en el caso Sinohydro, una vez más Correa, Moreno y Glas se están sacando los ojos. Pero pocos se han puesto a pensar que en 2010, cuando según la investigación judicial se empezó a cometer el ilícito, los tres caminaban agarrados de las manos.

Los cuatro gobiernos de Alianza PAIS duraron exactamente 14 años, 4 meses y 9 días. Durante ese tiempo hubo tres personajes claves en el esquema de poder político: Rafael Correa, como presidente por tres períodos consecutivos; Lenín Moreno, primero como vicepresidente y luego como presidente; y Jorge Glas, primero como responsable de los sectores estratégicos y luego como vicepresidente. Hoy, los tres están sentenciados por corrupción.

Que al final del ciclo los compadres se hayan peleado por asuntos de un mal reparto no diluye la trama de corrupción que montaron desde un inicio. Si cada uno de ellos es responsable de actos o decisiones de carácter delictivo, que han sido procesados por la justicia ecuatoriana, es porque existió una estrategia bien estructurada para hacer negocios lícitos e ilícitos con el Estado.  Resulta imposible suponer que alguno no estuvo al tanto de lo que hacían los demás en las altas esferas de la administración pública. En un régimen tan autoritario y vertical como el que se aplicó durante la primera década, nada pasaba desapercibido para los principales capos del correísmo.

Fue precisamente en esta etapa cuando se armó el negociado que hoy se ventila en la justicia como caso Sinohydro, un entramado de corrupción que repartió más de 70 millones de dólares en coimas.

Bien por la justicia, pese a que aún quedan zonas oscuras que quizás nunca lleguen a esclarecerse. Una de ellas es la posibilidad que tienen los funcionarios corruptos de esquivar las responsabilidades. Dicho en palabras más sencillas, la posibilidad de fragmentar judicialmente los actos de corrupción política. De ese modo se logra disimular la existencia de un sistema que facilitó el saqueo del erario nacional en todos los niveles de la burocracia estatal. Es cierto que cada funcionario tiene que responder por actos debidamente comprobados; ese es un principio jurídico incuestionable; pero cuando la corrupción es generalizada, la ciudadanía debe saber que esos actos individuales forman parte de un patrón diseñado y puesto en práctica desde los responsables políticos de un gobierno. En esos años nada funcionaba sin la venia y el conocimiento del primer mandatario.

A propósito de la sentencia en el caso Sinohydro, una vez más Correa, Moreno y Glas se están sacando los ojos. Se lanzan acusaciones como misiles nucleares. Cada cual intenta evadir a la justicia descargando culpas en sus antiguos compinches. Pero pocos se han puesto a pensar que en 2010, cuando según la investigación judicial se empezó a cometer el ilícito, los tres caminaban agarrados de las manos, como dice la canción. El “proyecto” justificaba todo.

Hoy asistimos a un nuevo evento de la degradación del poder político en el Ecuador: el asesinato de Fernado Villavicencio. Un caso que también está atravesado por escándalos de corrupción. José Serrano, otro de los capos del correísmo, está tras las rejas. Ya veremos cómo los principales involucrados en el magnicidio empezarán a lanzarse responsabilidades como costales de papa.

Agosto 29, 2026

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