Una serie argentina del siglo pasado nos contaba las peripecias de los Cebollitas, un equipo infantil de fútbol, en pos del campeonato. Al final de cada torneo, (como mi equipo Los longos alzados) solo alcanzaban el vicecampeonato, que, con la alegría infantil siempre lo celebraban emocionados.
No creo, sin embargo, que los segundos de la contienda electoral que se avecina, celebren de la misma forma, pues en esa carrera presidencial el segundo es el perdedor, el vicecampeón. Ese que pasando a la segunda vuelta no logre hacerse con la presidencia de la república. En la última elección presidencial el binomio que logró la más alta votación en la primera vuelta, no fue el ganador y, por el contrario, Guillermo Lasso quien llegó con un escaso margen de votos (19. 74%) fue electo presidente.
Esa elección puede resumirse en una palabra: el anticorreismo, que aunque muchos los consideren dañino para el ejercicio de los consensos, sigue vivito y coleando.
Pero, por otra parte, el correismo no es débil, la Lista 5/ Revolución Ciudadana, es la primera fuerza electoral del país y según las estadísticas tiene un voto del 23 al 25%. Se da por descontado que sus candidatos pasarán a la segunda vuelta con el mayor porcentaje de votos. Pero si en esta elección se repitiera la final del 2021, podría desprenderse un corolario: La RC pasará siempre a la segunda vuelta, pero será derrotada por cualquiera que llegue como su oponente. Un sino triste para los correistas, del que son conscientes y por ello quieren que se haga realidad su “una sola vuelta”.
¿Por qué en este 2023 el correísmo repite la misma fórmula que le fue adversa en el 2021? En apariencia no es explicable que insista en presentar candidatos exclusivos de su tienda política, sabiendo que con ello no alcanzá los puntos necesarios para evitar la segunda vuelta
Pero cabe preguntarse ¿Por qué en este 2023 repiten la misma fórmula que les fue adversa en el 2021? En apariencia no es explicable que insistan en presentar candidatos exclusivos de su tienda política, sabiendo que con ello no alcanzarán los puntos necesarios para evitar la segunda vuelta. Parecería no tener explicación que esta vez ni siquiera formen ese supuesto frente amplio del 2021 (UNES), ni que hayan seguido el ejemplo de otras candidaturas “progresistas” de la región donde cedieron posiciones para lograr el objetivo estratégico de tener la presidencia.
Pero este actuar tiene su razón de ser y viene desde la excesiva influencia que en ese partido tiene el caudillo, es él quien organiza las candidaturas y como se ve lo hace desde la lealtad absoluta su persona. Lógica que tiene su razón de ser desde el pasado cercano, donde el candidato Lenín no ahorraba loas al caudillo Correa, pero el presidente Moreno, no escatimó esfuerzos para que el sistema de justicia persiga con severidad a este y a sus ex coiderarios, soñando con tener a un ex presidente preso. “Si te quemas con leche, miras una vaca a 10 metros y te pones a llorar”, dice el payador y con ello el horizonte estratégico del partido Revolución Ciudadana se reduce al regreso del líder, con lo cual, solo Correa puede ungir a la persona de su confianza como presidenciable.
Einstein nos recuerda que, si buscas resultados distintos, debes dejar de hacer lo mismo, pero cuando las decisiones de una organización se toman desde una mezcla de hybris y paranoia se genera una excesiva autoconfianza. Desde esa sobrevaloración de las propias capacidades, el correismo cree que ganará en primera vuelta y evitará esa final que le sería adversa. Va a las elecciones con una candidata que tiene un modesto liderazgo regional (Manabí), provincia importante, donde la RC ha tenido buena votación, pero con una población electoral que no se acerca a la de Quito o Guayaquil. Desde esa lógica la RC debió apostar por un candidato serrano que le permita acumular votos en esa región, los que le fueron adversos en la elección pasada. Quizás confían en hacerse con los votos de los católicos practicantes de la sociedad ecuatoriana, siendo la candidata Luisa González públicamente provida y adscrita a la axiología conservadora. Pero… ¿Les alcanza?
Muchos creían que el binomio de nuevo lo encabezaría Andrés Aráuz, pero sus declaraciones al final de la campaña anterior, desmarcándose discretamente de Correa, de seguro le quitaron el favor del caudillo. Como vicepresidenciable, sin duda sumará votos, junto a los que votaron RC en las seccionales y con una campaña que repite la exitosa propaganda del 2012 aspiran ganar en “una sola vuelta”. ¿Lograrán, en una campaña muy corta, acumular esos 14 puntos que les faltan? Parece muy difícil. La marca Correa no admite medias tintas, así como beneficia a cualquiera que se candidatice por su tienda política, también genera fuertes resistencias en vastos sectores de la población.
En la tercera semana de agosto, en pleno verano, sabremos si el Ecuador tiene una flamante presidenta o si por el contrario los RC son, como los Cebollitas, los eternos vicecampeones…
