Las últimas decisiones del presidente Noboa no han dejado de sorprender. La eliminación del subsidio al diésel no solo fue valiente sino tomada cuando aun su capital político está alto y la oposición debilitada y fragmentada. Las compensaciones previstas para entregar a los transportistas y a los campesinos tuvieron efectos positivos. Los primeros aceptaron el diálogo y no plegaron al paro de la CONAIE. Este paro indefinido carece de legitimidad pues esta organización reivindica su señorío en territorios que son de todos los ecuatorianos. No parece que tendrá eco ni que reproducirá los episodios del 2019 y del 2022. La pugna del gobierno con la Corte Constitucional está pasando por distintos momentos. El más importante ha sido el debate sobre su cariz político. Unos sostienen, como Bernardo Tobar en Expreso, que la Corte usó el neo constitucionalismo para favorecer ciertas causas de sesgo ideológico y no necesariamente las del bien común. Otros no dejan de remarcar la función jurisdiccional de la Corte y su carácter de control de la constitucionalidad.
Se advierte en Noboa una capacidad para adelantarse a posibles reacciones de sus oponentes y poner al descubierto sus verdaderos intereses. Si no me equivoco, su estilo consiste en crear situaciones de juego como telón de fondo a la toma de decisiones críticas que son difíciles de adivinar. En eso se diferencia de los gobernantes que le precedieron. Por eso resulta aventurado predecir sus jugadas y su evolución.
Hay un debate entre los expertos y los líderes intuitivos. Moisés Wasserman, en El Tiempo de Bogotá lo analiza. Los constitucionalistas son expertos en el campo jurídico, igual que los economistas en la economía. Los políticos oscilan entre el conocimiento experto y las intuiciones. No se sabe si Noboa cuenta con el asesoramiento de expertos o si se deja llevar por impulsos, ocurrencias e intuición. Esta duda es precisamente parte de su singular estilo de gobierno. No parece que todo fuesen meras ocurrencias del momento. Da la sensación de que tras de ellas hay una o varias estrategias de distinta complejidad.
Wasserman afirma que la intuición funciona medianamente cuando enfrenta problemas sencillos, de pocas variables, pero falla calamitosamente con problemas complejos. Los problemas que ha enfrentado Noboa son, sin duda complejos, y ha sabido conjugar variables económicas y políticas. Por tanto, no cabe asegurar que las decisiones que toma solamente son fruto de la intuición. Tampoco son atribuibles exclusivamente a un conocimiento bien articulado. La capacidad de aplicar un conocimiento experto a una realidad compleja requiere de arte y de capacidad de aplicar un entendimiento conceptual en la práctica.
Me parece que la iniciativa de convocar una asamblea constituyente saltándose el dictamen de la Corte Constitucional va por ese camino. Remitió su decreto directamente al Consejo Nacional Electoral. Este a su vez lo reenvió a la Corte Constitucional para su dictamen. La Corte aceptó su admisibilidad. Se ve que sí es posible un acuerdo. El siguiente paso consiste en el examen de la Corte sobre la forma y fondo de la propuesta gubernamental. Es necesario definir los límites de la asamblea constituyente. El poder constituyente no puede ser absoluto. Hasta que se apruebe la nueva constitución, seguirá rigiendo la actual. Se deben entonces precisar los procedimientos y las atribuciones de la actual Asamblea Nacional.
Desde luego que siguen pendientes los temas candentes de la coyuntura: la inseguridad, el desempleo, la crisis de la salud, los problemas de la seguridad social, la ineficiencia estatal, el déficit energético, los apremios del fisco, la inseguridad jurídica, entre otros. Hay que considerar los tiempos. ¿Cuánto tiempo tomará la consulta sobre si el pueblo quiere o no una constituyente. ¿Cuánto tiempo tomará su conformación? ¿Cuánto su funcionamiento, y la elaboración de la nueva constitución? ¿Cuánto el refereréndum para que el pueblo apoye o rechace el nuevo texto constitucional?. Los avatares de este largo proceso ¿cómo incidirán en el ejercicio del gobierno para enfrentar los acuciantes problemas que enfrenta el Ecuador? Pero si estos problemas se enfrentan con acciones igualmente coordinadas es posible que comiencen a verse resultados favorables para los ciudadanos. El gobierno ya está hablando, por ejemplo, qué uso va a dar a los recursos que el Estado obtendrá con la eliminación del subsidio. O sea, faltan los pasos subsecuentes. No se trata solo de acertar en las decisiones iniciales sino en lo que vendrá como corolario de ellas. Ahí radica el valor del plan de desarrollo y la capacidad de gestión en los diversos ámbitos de la acción gubernamental.
Quizá el plan de desarrollo del gobierno de Noboa tenga más que ver con ese conocimiento acumulado del que habla Wasserman que con los juicios intuitivos que sirven para actuar en el corto plazo. El plan permite predecir mejor en qué dirección se encaminará la solución. Las intuiciones, en cambio, serán las que encaminen las acciones en cada momento.
Diana Ramírez, Secretaria Nacional de Planificación, informa que, en 46 eventos realizados a escala nacional, se generaron espacios de diálogo y construcción colectiva que involucraron a jóvenes, mujeres, pueblos y nacionalidades, académicos, productores, emprendedores y artistas. Cabe indicar las diferencias de las perspectivas de estos actores y cuáles son a juicio del gobierno las prioridades a las que dará impulso. Un plan de desarrollo necesita de un plan de acción situacional. Esto permite conjugar el mediano y largo plazos con el corto. Lo cual implica precisar desde dónde partimos (situación inicial) y hacia dónde vamos (situación objetivo) y definir la mejor trayectoria de las operaciones.
Si mis apreciaciones se verifican en los eventos que están por ocurrir, será posible afirmar que Ecuador esta encontrando un camino inédito para corregir y superar males atávicos. La oportunidad que se le presenta al gobierno, a la asamblea nacional, a la Corte Constitucional, a los partidos políticos, a las organizaciones sociales es histórica. Es una oportunidad para construir una real democracia participativa.
