jueves, abril 23, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Un iceberg llamado Durán

La intervención policial en el Municipio de Durán es la evidencia más palpable, patética y descarnada de la crisis institucional que vive el país. Durán no es la excepción; tampoco es la punta del iceberg. Es el iceberg mismo. Porque nadie nos va a convencer de que el problema de la infiltración del crimen organizado en los gobiernos locales no es un hecho público y conocido por todos. No hay nada oculto bajo la superficie del mar de la corrupción y el delito.

En realidad, Durán es el resumen (el epítome, dirían los tecnócratas) de la saga del narcotráfico que se inició hace más de cinco décadas. A comienzos de los años 70 del siglo pasado estallaron los primeros escándalos de narcotráfico en el Ecuador. Pero por conveniencia, por miedo o por indiferencia, todo el mundo decidió mirar para otro lado. Grandes fortunas que florecieron de la noche a la mañana, como por arte de magia, fueron reconocidas sin mayor recelo, cuando no abiertamente envidiadas. Así fue cómo el monstruo engordó poco a poco hasta volverse inmanejable.

El mayor problema de la estrategia autoritaria y punitiva propugnada por los poderes de turno es que produce efectos secundarios, indeseados. La violencia ejercida por el Estado, aunque legítima, es al fin y al cabo violencia. Y sus repercusiones suelen salirse del libreto oficial. Ahora tenemos una guerra interna que terminó involucrando a las Fuerzas Armada y que, de paso, confirma el fracaso de las políticas previas de lucha contra el crimen organizado.

¿Cuántos gobiernos autónomos descentralizados del país están atravesados por el mismo fenómeno que el Municipio de Durán? Al parecer, muchos más de los que tememos, o de los que las autoridades se atreven a reconocer. ¿Cuántas instituciones del Estado caen en el mismo saco? Si solo nos remitimos a la situación de la administración de justicia, y de acuerdo con las declaraciones de voceros autorizados, la situación es escalofriante. Y, por eso mismo, la tentación de la mano dura circula cada vez con mayor soltura por los intersticios del poder político.

Esta tentación explicaría por qué se abre la puerta a la promoción de modelos (más apropiado sería denominarlos recetas) espantosos, que supuestamente nos sacarán del infierno de la violencia y la inseguridad. Megacárceles, restablecimiento de la pena de muerte o ejecuciones extrajudiciales constan en la lista de ingredientes para terminar con la amenaza de las bandas criminales y del narcotráfico. Y la lista corre el riesgo de incrementarse a medida que las estrategias policiales y militares fracasen.

En términos simbólicos, la intervención policial en el Municipio de Durán representa la ruina de la sociedad y de la democracia, y el triunfo de la violencia. De la ilegal y de la legítima.

 

Julio 8, 2025

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