domingo, octubre 4, 2026
Ideas
Jean Cano

Jean Cano

Periodista de investigación.

Abandonar la meta de la libertad

Los gremios están sobre cimientos construidos para resistir los excesos del poder político. Porque el fin último es la defensa de la empresa privada, la propiedad privada y la libertad de asociación, y eso solo se logra con una democracia plena, el Estado de derecho y la vigencia de los derechos.

Los gremios empresariales tienen de todo. Hay personas naturales que bregan a diario, emprendedores con sueños de ser grandes, empresarios con enormes fortalezas.

Hay gremios que son muy poderosos porque manejan gran parte de la riqueza del país, o exportan por millones de dólares, o traen lo más vanguardista del mundo, o hacen construcciones icónicas. Hay personajes que son enormemente cultos y guardan un compromiso real con el país y su bienestar.

Pero también hay empresarios de los otros. Que son especialistas en recorrer las alcantarillas del poder para buscar privilegios exclusivos, colocar a sus personas de confianza para aceitar procesos y contratos, para hacer coro al poderoso de turno a cambio de algo. Saben mandar a callar a quienes les estorban o, peor, ponen en riesgo sus jugadas para conquistar a los políticos y autoridades de moral flexible.

Un gremio tiene de todo. Y esa realidad no ha cambiado.

Las cámaras quiteñas han sido fundamentales para enfrentar los peores problemas políticos del país, porque a ellos también les afecta tener políticos corrompidos, lentos o vivos. Un gobierno autoritario, corrupto, inmoral, lastima todo negocio y deja ver al país como un socio poco confiable.

Entonces, una cosa es acercarse a un gobierno para romper con la tramitología, eliminar la corrupción, mejorar el IESS, aumentar la transparecia, colaborar con la cultura; y otra es acercarse para conseguir decretos ministeriales a medida, reglamentos que calcen con el negocio de cierta empresa, impedir que el país se abra a los negocios internacionales o conseguir contratos con los enviados. O, con lisonjas al poder, evitar controles.

La justificación que tienen para sus travesuras es que son “pragmáticos”.

Lo cierto es que los gremios están sobre cimientos construidos para resistir los excesos del poder político. Porque el fin último es la defensa de la empresa privada, la propiedad privada y la libertad de asociación, y eso solo se logra con una democracia plena, el Estado de derecho y la vigencia de los derechos.

Los gremios han debido aprender que coquetear con los autoritarios y sus mejores alfiles no es buen negocio porque la plata que pueden ganar —como en el caso de Venezuela y unos cuantos aquí— se convierte en deshonra. Deben vivir escondiendo la cabeza en la tierra durante años.

Abandonar la meta de la libertad y la democracia para buscar medianas ganancias inmediatas o acomodarse en el Estado no es pragmatismo, es oportunismo.

Es mejor que triunfen esos grandes empresarios que velan por sus negocios y por el país, que huyen de la conveniencia y el miedo. Que extienden la mano a un Ecuador que necesita de mucho empuje para salir adelante.

 

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias