El nombramiento del doctor Jaime Bernabé Erazo como ministro de salud debe ser abordado desde tres ángulos: la ética pública, el interés político y la legitimidad social.
La ética implica un sistema de valores que no está sujeto a la ley. Se trata de conductas que no pueden ser sancionadas penalmente, pero que constituyen referentes positivos para la sociedad. Por eso mismo, el actual ministro de salud debió abstenerse de aceptar del cargo, porque el proceso previo que lo llevó a su designación estuvo plagado de acciones opacas.
Por un lado, un impedimento administrativo que le impedía asumir un cargo público fue eliminado por arte de magia. Por otro lado, su participación como accionista en varias empresas relacionadas con el ámbito de la salud generaba demasiadas suspicacias como para llevar a cabo una administración transparente de esa cartera de Estado. Sobre todo, después de hacer una transferencia apurada de sus acciones a otra persona. Y aunque Jaime Bernabé Erazo no ha cometido ningún delito, es obvio que carece de la confianza pública como para ser ministro. Como dice el dicho, la mujer del César no debe solo serlo, sino parecerlo.
Desde el ángulo del interés político, su nombramiento refleja la visión que tiene el gobierno respecto del sector de la salud. En efecto, poner en esa cartera a un empresario privado implica una priorización de los negocios sobre el interés colectivo. Hacer negocios con el Estado, siempre que sean lícitos, no constituye ningún delito. Pero sí se contrapone con una concepción de lo público que coloca en primer plano el interés de la colectividad.
El sector de la salud no suele generar réditos electorales, especialmente en países sin recursos suficientes como para cubrir la mayor parte de las necesidades de la gente. No obstante, tiene un peso determinante en la construcción de una sociedad más equitativa. Para que esto último sea posible, quien esté al frente de las políticas públicas de salud debe permanecer lo más alejado posible de los intereses particulares. Únicamente así se puede poner en práctica una política de Estado que trascienda las contingencias y miserias de las coyunturas electorales.
Desde el ángulo de la legitimidad social, Jaime Bernabé Erazo debió hacer caso a los innumerables cuestionamientos a su designación. Diversas investigaciones periodísticas hicieron públicas las controversias señaladas. No se trató de especulaciones, sino de hechos concretos y demostrables. Llegar a ocupar un cargo tan importante en esas condiciones terminará, inevitablemente, en un remolino político de grandes proporciones. La ciudadanía no dejará de sospechar desde el primer día.
