domingo, abril 19, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Tiempo para resurrecciones y olvidos

Es preciso vivir a plenitud la existencia, incluso cuando se sufre. Siempre mañana será otro día para las esperanzas y también la resurrección de esas alegrías que murieron antes de nacer. Solo se vive decentemente cuando hay deseos, esperanzas y alegrías suficientes en la mesa de las cotidianidades.

El tiempo es lo que no cesa de llegar y desaparecer para testimoniar nuestra existencia. Es lo que no cesa de llegar a nosotros, porque tan solo, en ese llegar, existimos. Es preciso aceptar que nada retorna. Por ende, es preciso tomar cada día como el eslabón de una de una serie que no sabremos en dónde y cuándo termina. Tan solo la in certidumbre nos pertenece porque es aquello que se vive, transcurre y se deshace para siempre. Sin mañana, imposible existencia alguna. El tiempo transcurre haciéndonos e impidiéndonos volver atrás, porque allí, en ese pasado, habita la muerte.

Es preciso vivir a plenitud la existencia, incluso cuando se sufre. Podríamos convencernos de que ningún mal es eterno y que hasta podríamos hacer buen pan con cada pena.

Lo que no es en el tiempo tampoco se halla en nosotros. No somos responsables de todos los males. A cada quien le corresponde sus propias alegrías uy tristezas. Sin embargo, es preciso aceptar que algunas de ellas han sido laboriosamente fabricadas por nosotros.

SIEMPRE MAÑANA SERÁ OTRO DÍA PARA LAS ESPERANZAS… YA APRENDIMOS QUE RECORDAR ES GOZAR Y SUFRIR. CADA SUJETO REQUIERE DE UN TIEMPO PARA LAS RESURRECCIONES QUE JUSTIFICAN LA VIDA. SOLO SE VIVE DECENTEMENTE CUANDO HAY DESEOS, ESPERANZAS Y ALEGRÍAS SUFICIENTES EN LA MESA DE LAS COTIDIANIDADES.

Todo cambia, muta y termina. Todo se vuelve pasado en el instante mismo en el que es presente. Un presente al que, a veces, pretendemos pegar con el más poderoso de los adhesivos para que se prolongue indefinidamente.

Siempre mañana será otro día para las esperanzas y también la resurrección de esas alegrías que murieron antes de nacer y de esas esperanzas que un día cualquiera llenarán de alegrías nuestro camino.

Ya aprendimos que recordar es gozar y sufrir. Cada sujeto requiere de un tiempo para las resurrecciones que justifican la vida. Solo se vive decentemente cuando hay deseos, esperanzas y alegrías suficiente en la mesa de las cotidianidades.

Por ende, nos justificamos en nuestra existencia cuando nos escandalizan los sufrimientos de los niños, su hambre insatisfecha y la acelerada pérdida de sus esperanzas.

Por desgracia, en las políticas de Estado, ellos no aparecen. Porque no tienen lugar propio. Su palabra no vale lo suficiente como para ser tomadas en cuenta y asumida en su verdadero valor.

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