En comunicación política hay varios mantras, el principal es evitar el tobogán, la resbaladera, el ducto a la cloaca.
Se fracasa cuando no se identifica a tiempo cuando el sujeto político entra en el tubo, porque ya nadie lo saca.
Le pasó a Lasso, a Bucaram a Lucio y a docenas de personajes públicos que creyeron controlar el sentimiento ciudadano y terminaron en el Machángara de la política.
Me explico. Supongamos que Godoy sale (mal) librado del juicio político y pretenda quedarse, eso terminará con la ciudadanía movilizada hasta sacarlo a él y a todos, exigiendo saber por qué diantres lo protegen y se arma una mala.
Supongamos que va al pleno y lo destituyen, es muy probable que inmediatamente y en rueda de prensa largue la lengua sobre lo que sabe y se arme una peor.
Supongamos que hubiera renunciado antes de ir al pleno, eso hubiese seido óptimo, pero el precio interno era altísimo, los motivos evidentes, el resultado muy poco y muy tarde.
En todos los escenarios, el sujeto es el presidente deslizándose inexorablemente en su propia trama. Godoy es solo el caño por donde circulan las aguas negras. Hoy taponado, mañana desbordado y apestoso, en un caudal que se llevará a moros y cristianos.
Casos se han visto, no es brujería, es plomería elemental.
