Hace pocas semanas, el 20 de julio de este año, cambió el primer ministro de Reino Unido: el séptimo en una década. Keir Starmer, del Partido Laborista, renunció porque perdió apoyo entre sus propios parlamentarios y en los ciudadanos. Eliminó los subsidios de combustibles para la calefacción a 10 millones de jubilados, aunque canceló esa medida, el daño ya estaba hecho. Su sucesor es Andy Burnham, exalcalde de Mánchester de 2017 a 2026, es de izquierda y católico, ha sido ministro de Salud y de Cultura. Ha prometido reactivar la economía y un nuevo modelo político y social, que sea colaborativo y resuelva los problemas de los ingleses.
Plan V conversó con Fulco Lanchester sobre el cambio de timón en Gran Bretaña y las perspectivas del nuevo Gobierno, además analizó el Brexit. Lanchester es profesor emérito de Derecho constitucional italiano y comparado; ha sido director del Departamento de Teoría del Estado; Decano de la Facultad de Ciencias Políticas, Vicerrector para las relaciones con las Universidades federadas de la Universidad «La Sapienza» de Roma; Director del Departamento de Ciencias Políticas (2012-2015); coordinador del Doctorado en Derecho público comparado e internacional; y director del Máster en Instituciones parlamentarias Mario Galizia para asesores de la Asamblea.

En los últimos 10 años han cambiado siete primeros ministros en Gran Bretaña. ¿Es una señal de inestabilidad política o no?
Es verdad, el sistema político constitucional británico parece ser menos estable que antes. Sin embargo, el sistema constitucional y sobre todo político-partidista británico fue estable durante muchos años, pero hubo periodos, por ejemplo, en el siglo pasado, en los años 20-30 y en los años 70, de inestabilidad, cuando la homogeneidad política, cultural y electoral del sistema se redujo y se produjo un cambio.

Por ejemplo, entre los años 1910 y 1920, el bipartidismo conservadores-liberales vio surgir como tercera fuerza al Partido Laborista. Los liberales quedaron en minoría y se consolidó el bipartidismo conservadores-laboristas. Una situación parecida ocurrió en los años 70, cuando conservadores y laboristas se encontraron de frente a una fuerte inestabilidad y sólo la victoria en el 79 de Margaret Thatcher les dio un predominio conservador.
El sistema sufre de inestabilidad porque, los conservadores —y se ha visto en la derrota de 2024— han sido desafiados por Nigel Paul Farage, líder y fundador del partido Reform UK, que impulsó el Brexit. También, porque los laboristas, como todos los partidos socialdemócratas europeos, sufren el problema de la crisis del Estado del bienestar.
El primer ministro saliente, Keir Starmer, del Partido Laborista, vio desplomarse su popularidad por haber cortado el subsidio de calefacción a diez millones de pensionistas.
Entonces, el problema de la inestabilidad británica, el problema del Blairismo y de Gordon Brown, que luego ceden el paso a David Cameron y a Boris Johnson, y ahora el traspaso del poder de Keir Starmer y Andy Burnham, quien es el fruto de la transformación del sistema británico en un ordenamiento en crisis económica y social, como en realidad ocurre en toda Europa.
Pero el primer ministro saliente Keir Starmer, del Partido Laborista, vio desplomarse su popularidad por haber cortado el subsidio de calefacción a 10 millones de pensionistas. Además, tres meses después de asumir el cargo, devolvió 8000 dólares en regalos y beneficios recibidos desde que llegó al poder. Sin embargo, logró acercarse a Trump y desempeñó un papel de primer plano en la cuestión de Ucrania. ¿Cuál es su juicio sobre su gobierno?
En primer lugar, el problema de Keir Starmer, como el de James Gordon Brown antes, e incluso el de Tony Blair, lo sintetiza un académico estadounidense muy conocido, aunque no estimado por todos, Francis Fukuyama. Él sostuvo en su ensayo ¿El futuro de la historia: ¿Puede la democracia liberal sobrevivir al declive de la clase media?, que fue publicado en la revista en Foreign Affairs, en 2012, que los partidos de izquierda en Europa solamente pueden hacer políticas conservadoras edulcoradas, y esta es una respuesta a su pregunta sobre la trayectoria de Starmer.
Por un lado, Starmer retira coberturas al Estado del bienestar que ya no son congruentes con la situación económica británica, pero tampoco europea; y por el otro lado, tiene que restituir coberturas a los ancianos y los regalos que recibió. Por tanto, Starmer, en realidad, es un émulo, aunque reformista, de la política de Blair, que es una continuación de la política de la señora Thatcher, quien desde 1979 transformó el Estado del bienestar británico.
Una de las características que luego nos lleva al actual primer ministro Andy Burnham se encuentra en las reformas de Blair, que son de tipo institucional en lo que respecta, por ejemplo, a la Cámara de los Lores. No es casualidad que Starmer haya eliminado a los pares hereditarios que todavía habían sido dejados en 1999 por Tony Blair. Pero, sobre todo, se sitúa como el continuador de la reforma regional, una de las características del sistema británico es una fuerte capacidad de producción, pero también de concentración de recursos, a través del coworking. Esto se ha reducido y ahora prevalecen las tendencias «regionalistas»: la escocesa, la galesa, la norirlandesa y los ingleses, pero no los londinenses. Por lo tanto, el número 10 de Downing Street, la casa oficial del primer ministro en Londres, que se abre en Mánchester, es una idea, una sucursal y una idea regionalista.
A Starmer la misma gente de su partido le pidió que se fuera, ¿qué quiere decir esto?
Es la estructura de partido, o al menos su estructura parlamentaria, porque es una de las características fundamentales del sistema británico. Es un sistema en el que el primer ministro, jefe del partido y ganador de las elecciones, se convierte en primer ministro. Pero, también, es verdad que si los diputados y representantes del partido ya no le otorgan la confianza —como le ocurrió, por ejemplo, a la señora Thatcher, que fue sustituida por John Major en los años 90— el primer ministro debe dimitir. Así ha ocurrido también entre Starmer y Burnham.
Starmer ganó las elecciones de 2024, pero en 2026, tras lo que usted también ha subrayado —elecciones locales perdidas en Escocia y otro tipo de dificultades—, hubo una batalla interna en la que Burnham resultó vencedor en una by-election en la zona de Mánchester, y por tanto existió la posibilidad de efectuar la sustitución. Este es un elemento más de vitalidad del sistema británico, que lleva a elementos de consulta que son populares y de los consejeros internos del partido.
El nuevo primer ministro, de origen católico, hizo los estudios secundarios en un instituto religioso y es una novedad. Veremos cómo se moverá, su primer acto ha sido reafirmar e invertir en el conflicto ruso-ucraniano.
¿Cuál es la Gran Bretaña que hereda el nuevo primer ministro?
Gran Bretaña ha pasado en el siglo XX de superpotencia a potencia regional y ahora incluso tiene dificultades para mantener esa posición. Gran Bretaña en 2016 y con James Cameron ejecutó el Brexit y no ha podido desplegarse como la Gran Bretaña global. La idea de los conservadores ingleses en los años 90 era no desarrollarse en Europa, sino ser una Gran Bretaña como tercera fuerza entre las grandes potencias.
Pero la Gran Bretaña registra un crecimiento económico débil respecto a los otros países del G7. Sus servicios públicos están bajo presión y el desempleo juvenil ha aumentado. ¿De qué manera puede el primer ministro revertir esta situación?
Todo el continente europeo, incluyendo a Gran Bretaña, está en dificultades. En 2013, Ángela Merkel, en una conferencia que se celebra anualmente en Múnich sobre la situación económica y geopolítica, tras escuchar a los expertos —economistas, politólogos, juristas— concluyó el evento con estas palabras: «Sí, sí, todo lo que me dicen es particularmente interesante, pero para mí estos son los números que me crean problemas: 7, 25, 52. Europa representa el 7% de la población mundial, produce el 25% del PIB mundial y tiene el 52% del gasto social del mundo. Este sigue siendo un problema si se piensa que la población europea ha bajado al 4,5 – 5% del total mundial y, como dijo Trump, ya no produce el 25%, sino un 17-18% del PIB mundial. No sé cuánto sea el gasto social, pero este es el problema de Gran Bretaña en medio de la decadencia europea, que es un elemento periférico en el ámbito del choque entre las dos grandes superpotencias, que son China y Estados Unidos.

¿Qué idea se ha hecho usted de Andy Burnham, el nuevo primer ministro, dada toda su trayectoria política? También fue dos veces ministro de Estado.
Fue ministro con James Gordon Brown y antes fue también con Tony Blair. Se retiró al gran Mánchester en 2016 y ha regresado. Burnham no es un laborista convencional, sino que forma parte del área laborista y del Partido de la Cooperación Laborista (Labour Co-operative Party), y estos son los socialistas reformistas, ese es el primer elemento. El segundo elemento es que es el primer ministro, de origen católico, hizo los estudios secundarios en un instituto religioso y es una novedad. Veremos cómo se moverá, su primer acto ha sido reafirmar e invertir en el conflicto ruso-ucraniano.
El nuevo primer ministro ha construido su identidad política sobre la base del «manchesterismo», un modelo ligado a una ciudad que goza de una imagen positiva y de una profunda transformación. ¿Pero es este modelo suficiente para gobernar un país miembro del G7 o no?
Gran Bretaña debería volver a invertir en Europa y Europa debería volver a invertir en un salto de calidad de tipo federal. Pero como decía un presidente de la República francesa muy conocido, el general De Gaulle: «Ese es un vasto programa».
En política internacional Burnham afirma que su prioridad absoluta será defender los intereses de Gran Bretaña y que no dudará en disentir de Trump si es necesario. ¿Será así? ¿Está bien Burnham con esto que dice en política internacional?
Bueno, no puede sino hacer una afirmación de este tipo, porque el interés nacional está conectado con el consenso interno. El problema es si tendrá la fuerza en estos meses para oponerse a un líder como Trump, que no parece ser «equilibrado» ni democrático y, por tanto, es de difícil control. Así que ya veremos.
¿El gobierno de Burnham puede verse como algo positivo en medio del populismo de derecha que está ganando terreno en Europa?
Desde luego que el socialismo reformista, el laborismo reformista, es una visión positiva. Sin embargo, hay que ver si logrará incidir y cómo se desarrolla la situación internacional, sobre todo la económica, por ejemplo, el incremento de la gasolina, la inflación, son variables que no hay que descuidar.
La salida de la Unión Europea no ha aportado grandes ventajas al Reino Unido. En realidad, lo que hizo Starmer y lo que hará también Burnham será negociar una «coexistencia» eficaz con la Unión Europea.
Ahora sí hablemos del Brexit. ¿Cuál es su balance de estos años?
Los conservadores pensaban en el Brexit. En primer lugar, el general De Gaulle no quería a Gran Bretaña en los años 60 en la Comunidad Europea porque no estaba convencido del europeísmo británico. En los años 70 y 80 la señora Thatcher tenía una idea de la Unión Europea basada mucho en el interés nacional.
A finales de los 90, la Global Britain —es decir, la idea de no dejarse enredar en la política unitaria europea progresiva, que luego no se dio— era la idea de los conservadores más extremistas. James Cameron, en 2016, no quería salir de la Unión Europea, siendo conservador, se vio incluso sorprendido por el voto favorable del electorado británico.
La salida de la Unión Europea no ha aportado grandes ventajas al Reino Unido. En realidad, lo que hizo Starmer y lo que hará también Burnham será negociar una «coexistencia» eficaz con la Unión Europea. Pero el problema es qué conseguirá hacer la Unión Europea, Europa y también Gran Bretaña frente a los problemas geopolíticos de los que hemos hablado antes.
Pero después del Brexit, ¿Gran Bretaña tiene menos fuerza política respecto a cuando formaba parte de la Unión Europea o no?
Por ejemplo, en 1985, no consiguió controlar el proceso que luego llevó al Acta Única y al euro. Por tanto, fue un elemento de «conservación», según algunos federalistas europeos. Lo que podrá hacer en este momento es política positiva en lo que respecta a la defensa, considerando que no es seguro.
Según una encuesta de YouGov, el 56% de la población británica desea reingresar en la Unión Europea. ¿Es un camino factible o no?
En este momento, el electorado dice que quiere reingresar. Luego habrá que ver, porque se necesitaría un nuevo referéndum para el reingreso; ver si mantendrá su posición y, sobre todo, se alargarían los tiempos de reinserción del ordenamiento jurídico, económico y político británico en la UE, que en realidad tampoco vive un periodo extremadamente positivo.

