¿Será la salida de la pandemia similar a la salida del sucre? Guardando tiempos, distancias y proporciones, existen demasiadas coincidencias entre ambos eventos: una crisis inmanejable, un gobierno raquítico, un primer mandatario abstraído, una amenaza de disolución nacional… en fin, el cuadro perfecto para que las soluciones sean devastadoras. Como en 1999.
La angurria de los viejos grupos de poder es inocultable. No solo miran exclusivamente por sus intereses, sino que apuntan a sacar provecho de la debacle nacional. Como si sus pequeños feudos de confort fueran suficientes para esquivar la catástrofe económica, ambiental y sanitaria que se avecina.
Veamos.
Las iniciativas para constituir grupos de notables que se hagan cargo del gobierno han experimentado un inusitado florecimiento. Aunque nadie entiende cómo serán viables en términos jurídicos y prácticos, sus mentores las presentan como las panaceas milagrosas para sortear la crisis. En lo único en que coinciden es en la salida de Moreno. Pensándolo mal, habría que concluir que detrás de estas movidas está el vicepresidente Sonnenholzner (aunque, pensándolo bien, resulta francamente temerario querer asumir el poder en las actuales condiciones).
Las jugadas maquiavélicas también están ala orden del día. La propuesta de medidas encabezada por Jaime Nebot, que acompaña y refrenda la negativa socialcristiana a aprobar en la Asamblea Nacional el proyecto del gobierno, tiene un insufrible tufo a chantaje. En la vieja lógica de las élites guayaquileñas, de las cuales el exalcalde no ha dejado de ser su más conspicuo representante, está presionando al gobierno central por la transferencia de fondos para el Municipio de Guayaquil. Ya lo ratificó Cynthia Viteri con su afirmación de que están cubriendo los gastos de cuatro meses con el presupuesto de uno.
Los cortesanos de gobierno también se preparan para un posible naufragio, con la ventaja de contar con información privilegiada y poder de decisión administrativa.
Y no es que el puerto principal –como el resto del país, y quizás más– no requiera de ingentes recursos para hacerle frente a la pandemia; el asunto es para qué y cómo se los va a manejar.
Poco le importa a Jaime Nebot convulsionar aún más el país con tal de apuntalar su retaguardia política y electoral. Por ahora tiene el apoyo de Correa, en una eventual estrategia para forzar la renuncia de Moreno. La muerte cruzada como consecuencia del bloqueo legislativo no puede descartarse hasta el 24 de mayo.
Los cortesanos de gobierno también se preparan para un posible naufragio, con la ventaja de contar con información privilegiada y poder de decisión administrativa. Los dos últimos escándalos que salpican al secretario de la Presidencia, a propósito del pago de los bonos 2020 y de la concesión del proyecto minero Llurimagua, anticipan lo que será un escenario de evacuación por emergencia.
Como en 1999, cada quién agarrará lo suyo. Pero los más inteligentes dejarán sentadas las bases (léase aprobando las leyes) para futuras cosechas. La creación de la Agencia de Garantía de Depósitos, así como el despojo planificado de recursos financieros, todavía dan sus coletazos veinte años después. El coronavirus puede ser el chivo expiatorio para otro gran saqueo nacional.
