sábado, abril 4, 2026
Ideas
Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

Rafael en su laberinto

No debemos perder de vista que una robusta y auténtica democracia, en cualquier parte del mundo, más allá de las diferencias culturales, debe estar anclada a elecciones libres, competitivas y transparentes; independencia de funciones; establecimiento de límites al poder a través de contrapesos reales y efectivos; alternancia; y, rendición de cuentas a sus mandantes.

Rodrigo Borja, en su Enciclopedia de la Política, define con bastante claridad el término alternación o alternancia, destacándola como una de las conquistas de la Revolución Francesa, en tanto elemento distintivo de todo gobierno republicano, por el cual el ejercicio del poder tiene una clara delimitación temporal permitiendo que ‘… los electores designen en el curso del tiempo a distintas personas y de distintas ideologías para el ejercicio del mando’.

Consecuentemente, la alternación es un concepto abiertamente contrario a los gobiernos vitalicios, a esos regímenes que perduran indefinidamente ya sea por sucesiones hereditarias con tufo monárquico o retorcidas interpretaciones de lo que se entiende por democracia, incluido el abuso del aparataje estatal para mantener a gobernantes apoltronados en sus sillones presidenciales.

Por eso, el pueblo ecuatoriano, corrigiendo ese incontrolable apetito autoritario, mediante Consulta Popular efectuada el 04-02-2018, aprobó que: ‘Las autoridades de elección popular podrán reelegirse por una sola vez, consecutiva o no, para el mismo cargo. Las autoridades de elección popular que se postulen para un cargo diferente deberán renunciar al que desempeñan’ (Art. 114 CRE); y, que ‘…La Presidenta o Presidente de la República permanecerá cuatro años en sus funciones y podrá ser reelecto por una sola vez’ (Art. 144 CRE).

No obstante, hace poco, el ex presidente Rafael Correa Delgado, ha dejado entrever que de triunfar en las próximas elecciones la RC5, no descarta la convocatoria a una Asamblea Constituyente a fin de abrir el candado que actualmente impide la reelección en el Ecuador.

Esta declaración, en absoluto llama la atención, más cuando el correísmo entusiastamente ha batido palmas por la reelección indefinida, figura que encaja en la visión autocrática neopopulista.

Debemos recordar que el ‘Mesías’, el predestinado de la revolución ciudadana ha manejado un concepto bastante laxo para referirse a la democracia. Por ejemplo, en diciembre de 2008, con ocasión de su encuentro con Muamar el Gadafi, dictador libio que permaneció en el poder por 42 años, hasta la hora de su trágica muerte ocurrida en manos de rebeldes; el Eco. Rafael Correa, suelto de huesos llegó a afirmar: ‘…En Europa está bien que tenga reyes, pero ¡uy! que Irán tenga un Ayatolah, terrible verdad o que en Libia haya otro sistema de comunidades de base, etc. y elijan permanentemente al mismo dirigente ¡uy! qué terrible… (…) Entendamos que hay otras visiones, otras culturas, otras formas de ver el mundo, otras clases de democracia… Entendamos eso por favor…’.

Lo mismo podríamos decir de lo que ocurre, por citar, en las sufridas Venezuela y Nicaragua, donde sus presidentes, utilizando a las elecciones como fachada democrática, continúan enquistados en el poder a pesar de la tragedia que viven sus pueblos, incluidas las atroces violaciones a los derechos humanos.

Empero, no debemos perder de vista que una robusta y auténtica democracia, en cualquier parte del mundo, más allá de las diferencias culturales, debe estar anclada a elecciones libres, competitivas y transparentes; independencia de funciones; establecimiento de límites al poder a través de contrapesos reales y efectivos; alternancia; y, rendición de cuentas a sus mandantes.

No debería ser difícil entender esto y más para el ex presidente Rafael Correa, dada su formación académica y experiencia en la gestión de lo público; no obstante, su ego y rasgo autoritario le impiden mirar el bosque y encontrar una adecuada salida a su laberinto político.

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