sábado, abril 25, 2026
Ideas
Natalia Sierra

Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

¿Quién discrimina al pueblo afroecuatoriano?

A qué proyecto político serio que decía buscar la reivindicación histórica de los pueblos oprimidos se le ocurre candidatizar, solo por obtener votos, a personajes que no tiene la preparación política para desempeñar la representación de un legislador y exponerlo ante toda la sociedad.

Por segunda vez la Supercom sanciona al caricaturista Xavier Bonilla (Bonil).  En esta ocasión, la condena se argumenta en una supuesta discriminación socio-económica hecha por  Bonil y difundida por el periódico EL Universo, en contra del pueblo afroecuatoriano.  Como ya es conocido nacional e internacionalmente, gracias a la “inteligente actuación” de la Supercom, en  la caricatura de El Universo del día 5 de Agosto del 2014 Bonil refería a la deficiente lectura del asambleísta Agustín Delgado, públicamente evidenciada en el pleno de la Asamblea. Vale aclarar que antes de que la caricatura aludida sea difundida, ya en redes sociales circuló viralmente el video donde el asambleísta, ex jugador de futbol, mal leía un  documento.

Tratemos de hacer una lectura crítica de esta nueva y lamentable actuación de la Supercom. Es importante señalar que el pedido de sanción hecho por los colectivos de afroecuatorianos en contra del caricaturista se hizo por discriminación racial, denuncia que fue cambiada por el organismo de control como discriminación  socioeconómica. La primera pregunta necesaria es por qué no procedió el pedido de los colectivos afroecuatorianos?, ¿quizá porque la acusación de racismo no podía ni forzadamente ser defendida y había que encontrar otra acusación que sea más manipulable?

El hecho de que se haga alusión a que un asambleísta de la República no pueda leer adecuadamente un texto nada tiene que ver con su origen étnico, sino con su preparación para ejercer tan compleja función de representación social. De esta manera, el enorme trabajo de la SUPERCOM empieza por establecer cuál es la acusación adecuada para que llegue a buen fin, es decir a sanción segura. 

El proceso contra Bonil, entonces, se estableció con el argumento de que la caricatura contenía  discriminación socioeconómica, en razón de los textos que acompañaban las fotos del asambleísta, los que haciendo alusión a su nombre jugaban con lo de pobre  tin tin, en la foto donde el asambleísta mal leía el documento, y pobre ton ton, en la que se hacía mención al sueldo de los asambleístas.

Podría ciertamente haber una interpretación de los textos por la que se concluiría que la caricatura satirizaba con el empobrecido origen socioeconómico del asambleísta, lo cual hace de éste una víctima y no un culpable. Es claro para todos que el pueblo afroecuatoriano ha sido históricamente excluido de los derechos humanos y particularmente del derecho a la educación, lo cual explicaría la deficiente lectura del asambleísta. En este marco argumentativo, la actuación del señor Agustín Delgado debería entenderse y justificarse, nunca hacer sátira de ella, caso contrario se comete, como hizo la Supercom cometer a Bonil, un acto de discriminación que debe ser sancionado.      

Ahora bien, puede haber otra lectura no solo frente a la caricatura penada, sino ante la situación del asambleísta. Primero, como bien ha dicho Bonil su alusión nada tiene que ver con el origen étnico del asambleísta; segundo, el señalamiento de la deficiente lectura del Sr. Delgado no está hecha al Sr. Delgado sino al asambleísta, es decir se está señalando que el Sr. Delgado no está respondiendo adecuadamente al rol político y social de un asambleísta de la República.

Más aún, creo que lo que se satiriza en la caricatura no es solo que un asambleísta no pueda leer de forma fluida y pulida un documento, sino que no entienda el contenido del documento. Hay que señalar que en la historia reciente de nuestro país han habido varios representantes políticos en funciones estatales y gubernamentales de origen indígena – pueblo que también ha sido excluido de su derecho a la educación- que sin tener la educación formal han sabido defender sus posiciones en los debates políticos, por el simple hecho de que su vida ha estado ligada a las luchas y reivindicaciones de sus pueblos oprimidos excluidos y discriminados. 

Así, la formación que debe tener un asambleísta de la República no solo y únicamente es la formal, sino la formación que acontece en el seno de las luchas de los pueblos por la justicia social. Además, no es desconocido para la sociedad ecuatoriana que hay otros asambleístas que tiene una mejor lectura pero igual parece que no entienden lo que leen, simplemente porque no les interesa y por lo tanto no se han preocupado de enterarse lo que se discute en la Asamblea. Es conocido también que muchos otros asambleístas solo se dejan ver cuando alzan la mano sin conocer a profundidad el contenido de su decisión.

Más conocido aún es la práctica de la mercadotecnia electorera de candidatizar para cargos de responsabilidad política a personajes de la TV, cantantes populares o, como en este caso, buenos futbolistas, solo para asegurar la votación de una masa, lamentablemente, acrítica. La transformación de la democracia representativa en mercado electoral puede muy bien explicar la penosa situación aludida en la caricatura de Bonil.   

Por último, si es que ha existido discriminación socioeconómica al asambleísta Delgado, y con él al pueblo afroecuatoriano, ciertamente no ha sido cometida por el caricaturita Bonil, sino por las maquinarias mediáticas electorales, y en este caso particular la de Alianza País. A qué proyecto político serio que decía buscar la reivindicación histórica de los pueblos oprimidos se le ocurre candidatizar, solo por obtener votos, a personajes que no tiene la preparación política para desempeñar la representación de un legislador y exponerlo ante toda la sociedad.  Si alguien ha utilizado, discriminado y maltratado al Sr. Agustín Delgado es el Régimen, al no respetar las condiciones de un ser humano que más allá de no tener la preparación formal ni política para ser legislador, se ha dedicado a otra actividad en la que tuvo un brillante desempeño reconocido por la sociedad ecuatoriana. Todo el cariño y la admiración que el Sr. Delgado conquistó con sus habilidades de deportista, la ambición de poder de PAIS la ha puesto en riesgo, al exponerlo en una función para la cual el asambleísta no está preparado, como muchos otros que lo acompañan en la Asamblea que no son afroecuatorianos y que tienen mayor educación formal.

La discusión sobre el empobrecimiento del ejercicio político estatal, principalmente del Legislativo, situación penosa ante la cual el pueblo ecuatoriano tiene todo el legítimo derecho de reclamar, se la quiere encubrir construyendo un delito comunicacional a todos los efectos absurdo. Si la Supercom es tan ágil en sancionar por discriminación debería empezar sancionando a muchos funcionarios estatales, de los más altos rangos, que si han cometido discriminación social, económica, étnica, etaria, de género contra todo ciudadano o ciudadana que tiene el “atrevimiento” de disentir con su política. Para constatar lo dicho vale señalar las declaraciones hechas por Ernesto Estupiñan, afrodescendiente y ex alcalde de Esmeraldas, en el programa En la polémica con Andrés Carrión, quien sostuvo que en muchas ocasiones el primer mandatario lo ridiculizó y hasta la fecha no ha sido sancionado por discriminación racial.

La sátira expuesta en la sancionada caricatura de Bonil no es siquiera en contra de la mala actuación de un asambleísta, es la sátira de las perversiones el poder.   

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias