viernes, julio 24, 2026
Ideas
Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Que todo se vaya al carajo

De la policialización del espacio público pasamos a la militarización de la sociedad, un factor que podría perdurar por más tiempo de lo imaginado. La sociedad quedará en modo camuflaje.

A menos que a alguien del círculo íntimo de Daniel Noboa se le suelte la lengua, no se sabrá si las nueve preguntas adicionales en la consulta popular fueron un acto planificado o una reacción al cuestionamiento público a las primeras preguntas. Lo real y concreto es que el gobierno, por primera vez en mes y medio de ejercicio, ha definido el eje de su proyecto.

El sustrato de las nueve preguntas tiene una clara orientación: anclar la gobernabilidad a una total liberalización de la economía y a la consolidación del poder militar. De la policialización del espacio público pasamos a la militarización de la sociedad, un factor que podría perdurar por más tiempo de lo imaginado. La sociedad quedará en modo camuflaje.

La estrategia, sin embargo, no se circunscribe únicamente al problema de la inseguridad, como podría parecer. La revisión de las concesiones mineras, el reconocimiento del arbitraje internacional como condición para incrementar la inversión extranjera, y la revisión del Código del Trabajo para viabilizar el contrato por horas, como consta en tres de las nueve preguntas, sirven para redefinir a largo plazo el modelo de economía que las élites ecuatorianas quieren poner en práctica.

En buen romance, la guerra contra el crimen organizado no servirá únicamente para pacificar a medias el país, sino para aprobar políticas económicas difícilmente aprobables en un contexto político de normalidad.

Es lo que está ocurriendo con los acuerdos legislativos entre las principales bancadas de la derecha. Al paso que vamos, terminarán aprobando por unanimidad todo el plan de gobierno del presidente Noboa. Y, de paso, allanándole el camino para la reelección.

Mientras tanto, la guerra va porque va, con sus absurdos y devastadores impactos. Como decía Sun Tzu, las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlos por mucho tiempo provocará calamidades.
¿Cuánto tiempo les tomará a las Fuerzas Armadas derrotar a este impredecible enemigo interno?

¿Aniquilar a las estructuras operativas de las mafias transnacionales implica afectar al negocio del narcotráfico y neutralizar a sus capos? ¿Quién nos asegura que, mientras no se destruya la raíz del problema, las bandas de sicarios no se reactiven una y otra vez?

No hay peores guerras que las evitables. Son guerras que carecen de racionalidad y de justificación. Por eso son infinitamente más destructivas. La actual guerra contra el crimen organizado podría haberse evitado desde hace muchos años. Pero como hay grupos interesados en sacar provecho del caos y la informalidad generados por las economías ilegales, prefieren que todo se vaya al carajo.

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias