jueves, agosto 13, 2026

Las elecciones seccionales: un termómetro político y económico

Guayaquil condensa los cuatro tiempos: poder local, judicialización, narcotráfico, puerto y economía exportadora. Su resultado trascenderá la Alcaldía: será uno de los indicadores más nítidos de la nueva correlación nacional de fuerzas.

Gustavo Isch

Por: Gustavo Isch

La primera semana completa de agosto abrió formalmente la competencia por las elecciones seccionales del 29 de noviembre bajo un escenario excepcional: calendario comprimido, reconfiguración de alianzas y una Revolución Ciudadana obligada a trasladar su capital electoral hacia organizaciones habilitadas.

Guayaquil concentra la mayor tensión por la convergencia entre campaña, seguridad, economía portuaria y los tres procesos judiciales contra Aquiles Álvarez.

Paralelamente, un sector externo todavía dinámico convive con importaciones crecientes, costos energéticos y vulnerabilidad logística, mientras la reanudación de la venta de electricidad desde Colombia evidencia la interdependencia que subsiste después del conflicto arancelario. La coyuntura conecta así cuatro campos que ya no pueden analizarse aisladamente: elecciones, justicia, seguridad y economía.

I. Las seccionales entran en territorio: menos tiempo, mayor presión política

Desde el 2 y hasta el 17 de agosto está abierto el período de inscripción de candidaturas para las elecciones seccionales y del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, convocadas para el 29 de noviembre. El proceso involucra aproximadamente a 13,8 millones de electores y renovará alcaldías, prefecturas, concejos municipales y juntas parroquiales. El adelanto de las elecciones favorece objetivamente a las organizaciones con estructuras territoriales consolidadas, recursos y candidaturas previamente posicionadas, mientras eleva los costos para movimientos pequeños, alianzas emergentes y organizaciones obligadas a reconstruir sus vehículos electorales.

La elección tiene además una dimensión nacional anticipada. Quito y Guayaquil concentran conjuntamente alrededor del 30 % del padrón. Lo que ocurra en noviembre permitirá medir hasta dónde ADN consigue transformar el poder del Ejecutivo en implantación territorial y si las oposiciones conservan capacidad para construir contrapesos desde los gobiernos locales. El verdadero comienzo de la elección ocurre así bajo una tensión doble: un calendario extraordinariamente comprimido y un sistema partidario en reacomodo.

Lo que ocurra en noviembre permitirá medir hasta dónde ADN consigue transformar el poder del Ejecutivo en implantación territorial y si las oposiciones conservan capacidad para construir contrapesos desde los gobiernos locales

II. Revolución Ciudadana: preservar el voto sin la propia marca

La Revolución Ciudadana ha debido construir acuerdos con organizaciones jurídicamente habilitadas para sostener candidaturas vinculadas a su espacio político. La negociación con Unidad Popular, el Partido Socialista Ecuatoriano y otras estructuras territoriales expresa una estrategia de supervivencia electoral que intenta conservar el voto correísta pese a la restricción sobre su marca partidaria habitual. Una marca política condensa identidad, memoria electoral, reconocimiento gráfico y lealtades acumuladas.

Distribuir candidaturas entre organizaciones diferentes introduce ruido en la comunicación con el votante y obliga a una pedagogía electoral acelerada: explicar quién representa a quién y bajo qué lista debe votar una base acostumbrada a reconocer una misma identidad. Pero esa debilidad contiene un efecto potencialmente inverso. Si la RC consigue presentar la imposibilidad de competir con su nombre como evidencia de exclusión, puede transformar un déficit organizativo en argumento movilizador. La disputa deja entonces de girar exclusivamente alrededor de candidatos y comienza a incorporar una controversia sobre las condiciones mismas de la competencia.

III. Guayaquil: cuando el tiempo judicial invade el tiempo electoral

Ningún caso expresa mejor la superposición entre justicia y competencia electoral que el de Aquiles Álvarez. El 3 de agosto, un Tribunal de Garantías Penales declaró al alcalde culpable en primera instancia dentro del caso Grillete y le impuso tres años de privación de libertad por incumplimiento de decisiones legítimas de autoridad competente. La defensa anunció apelación. Jurídicamente, por tanto, no existe una sentencia ejecutoriada y la resolución no produjo automáticamente la pérdida de la Alcaldía.

Triple A se encuentra en una situación diferente. Terminada el 2 de agosto la audiencia de juzgamiento y concluidos los alegatos, el tribunal entró en deliberación. No existe en el COIP un número rígido de días dentro del cual los jueces deban anunciar su decisión oral, por lo que el fallo puede conocerse en cualquier momento.

Goleada, por presunto lavado de activos, permanece en una fase anterior. El expediente se encuentra en la etapa preparatoria y evaluatoria de juicio, en la que corresponde determinar si existen elementos suficientes para llamar a juicio a los procesados. No se está decidiendo todavía la culpabilidad o inocencia de Álvarez. La precisión jurídica resulta indispensable: una condena de primera instancia no equivale a una condena firme.

Políticamente, sin embargo, sus efectos comienzan mucho antes de la ejecutoria. Los adversarios de Álvarez disponen de una secuencia judicial capaz de alimentar un encuadre de ilegalidad, incumplimiento y responsabilidad individual. Álvarez y sus aliados pueden articular exactamente los mismos acontecimientos bajo otro significado: persecución política, selectividad penal y neutralización de un liderazgo territorial adversario.

El alcance digital de opinión pública: exposición, reproducciones o interacciones no equivalen automáticamente a respaldo o rechazo.

El riesgo político para los adversarios del alcalde reside en que la acumulación judicial termine produciendo un resultado comunicacional inverso al esperado. Una sentencia puede erosionar reputación; una sucesión de procesos percibida como desproporcionada puede construir victimización. La frontera entre ambas interpretaciones será decisiva.

IV. Economía política y riesgo operativo exportador

La economía ecuatoriana mantiene un desempeño externo positivo en términos agregados, con exportaciones en crecimiento y superávit comercial, pero enfrenta presiones estructurales que afectan los costos de producción y la competitividad.

Los últimos datos consolidados disponibles muestran exportaciones por USD 16.288 millones entre enero y mayo de 2026, aproximadamente 5 % superiores a las del mismo período del año anterior, y un superávit comercial de USD 2.144 millones. Sin embargo, ese saldo fue 38 % inferior al registrado durante igual período de 2025 y las importaciones aumentaron a un ritmo considerablemente mayor que las exportaciones.

La estructura del crecimiento también obliga a matizar cualquier lectura excesivamente optimista. El desempeño petrolero se benefició del incremento de los precios internacionales, mientras las exportaciones no petroleras crecieron alrededor del 2 %. El camarón, con aproximadamente USD 3.892 millones exportados hasta mayo, continúa funcionando como uno de los principales soportes externos de la economía.

Pero el problema central no se encuentra únicamente en la demanda internacional. Energía, seguridad y logística forman una cadena de costos que condiciona la capacidad de producir, transportar y exportar desde Ecuador.

La primera presión proviene de los costos energéticos y de transporte. En una economía dolarizada, las empresas carecen del amortiguador cambiario disponible en otros países: cuando aumentan los costos internos, el ajuste recae directamente sobre los márgenes empresariales, los precios, la inversión o la capacidad para competir en mercados internacionales.

La segunda proviene de la inseguridad. Cuando las empresas deben incrementar inversiones en vigilancia, custodias, trazabilidad, protección de instalaciones y transporte seguro, una parte del costo de garantizar condiciones básicas para la actividad económica termina trasladándose del Estado hacia el sector privado. La inseguridad deja entonces de ser exclusivamente un problema de orden público y se convierte en una variable económica.

La tercera presión aparece en la logística exportadora. La utilización de puertos, contenedores y cadenas comerciales por organizaciones dedicadas al narcotráfico incrementa controles, riesgos reputacionales y costos de prevención. El decomiso reportado el 9 de agosto de aproximadamente 1,25 toneladas de cocaína ocultas en carga de exportación con destino a España vuelve visible la penetración de las economías criminales en los mismos corredores sobre los que descansa una parte fundamental del comercio exterior ecuatoriano.

Seguridad y competitividad dejan de constituir agendas independientes: son dimensiones diferentes de un mismo problema de capacidad estatal

El problema no consiste, por tanto, en afirmar que Ecuador atraviesa una crisis exportadora. Los indicadores disponibles no permiten sostenerlo. La tensión reside precisamente en la coexistencia de resultados externos favorables con condiciones internas que encarecen progresivamente su sostenimiento.

Esta contradicción tiene consecuencias políticas. En vísperas de las elecciones seccionales, la seguridad puede comenzar a ser evaluada no solamente mediante homicidios, capturas o incautaciones, sino desde una experiencia económica más inmediata: cuánto cuesta producir, movilizar mercancías, mantener un negocio y proteger una inversión.

La economía política conecta así directamente con el territorio. Guayas, Manabí, El Oro y Esmeraldas concentran simultáneamente actividad productiva, corredores logísticos, infraestructura portuaria y algunas de las mayores presiones del crimen organizado. Seguridad y competitividad dejan de constituir agendas independientes: son dimensiones diferentes de un mismo problema de capacidad estatal. Y esas provincias son clave cuando se trata de definir qué partido o linea política administrará sus principales ciudades y las regiones.

Gustavo Isch

Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

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