viernes, septiembre 4, 2026

Al borde del colapso, los pueblos amazónicos discuten su presente y futuro

Cientos de comunidades y pueblos indígenas amazónicos discutirán, durante cinco días, el presente de la Amazonía ecuatoriana, el territorio más grande del país, sometido ahora a la presión de la criminalidad, el extractivismo, la exclusión y el no futuro.

Por: Anamaría Varea

En el panorama tan violento, preocupante e incierto que vivimos en Ecuador hay que identificar pequeños gestos que emocionan. A mí me emociona y me da esperanza la forma en que se expresa la juventud. Cuando algo les gusta, con entusiasmo dicen: yo amo tal o cual cosa.  Amo caminar por el bosque, dicen, cuando caminan por un parque urbano (a veces les recuerdo que no esto no es un bosque, es una plantación).  Amo esa ruta que hoy vamos a hacer. Amo ir a la Amazonía.

Al referirnos a la Amazonía, todavía la imaginamos como una marea verde que se extiende hacia el oriente del país. Una selva prístina que sobrecoge y nos maravilla. Poblada por pueblos indígenas que viven en armonía con su entorno natural.

Banco del Pacífico

Lamentablemente, estos territorios están siendo presionados de forma creciente por diversos tipos de extractivismos: expansión petrolera, minería legal e ilegal, deforestación para agroindustria; a lo que se suman los grupos de delincuencia organizada, GDO; con Estados que están ausentes, que no dan seguridad y no son garantes de derechos. Si bien cada país tiene un porcentaje diferente de territorio en este bioma, lo que implica responsabilidades diferenciadas, la amenaza es compartida. Lo cierto es que la Amazonía está llegando a un punto de no retorno, que compromete su función climática y la supervivencia de los pueblos que la habitan.

En la Amazonía se encuentra el bosque tropical continuo más grande del planeta. Esta región abarca más de 7 millones de km². Funciona como un sistema ecológico interdependiente donde los ríos, los suelos, la atmósfera operan como una sola unidad biogeográfica. Almacena miles de millones de toneladas de carbono, regula la humedad continental y sostiene una biodiversidad sin equivalente, con decenas de miles de especies vegetales y animales, muchas aún no descritas. La Amazonía muestra signos de estrés ecológico severo —pérdida acelerada de cobertura forestal, contaminación de ríos por metales pesados, incendios frecuentes y sequías prolongadas— que comprometen su capacidad de regulación climática.

Pueblos amazónicos

En términos de control sobre este bioma continental, ocho países sudamericanos y un territorio francés lo comparten: en Brasil, casi 59% del territorio forma parte de la Amazonía; en Perú, la cuenca amazónica cubre alrededor del 76%; en Venezuela, el 47%; Guyana, casi todo su territorio, un 90%; Surinam, también sobre el 90%; Guayana Francesa, 94% de su superficie.

La Amazonía ecuatoriana, tiene una extensión de más de 120.000 km² y representa aproximadamente el 43% del territorio nacional, con la mayor continuidad de bosques nativos del país y una de sus concentraciones más altas de biodiversidad. Es una región clave para la regulación climática y los ciclos hídricos en todo el territorio nacional.  Aquí habitan 14 pueblos indígenas cuyas prácticas y sistemas de conocimiento sostienen dinámicas ecológicas esenciales. Siendo la región más extensa del Ecuador, tiene una baja densidad poblacional y también registra una presión destructiva creciente por actividades extractivas.

En este escenario, los pueblos indígenas y comunidades locales se encuentran en la primera línea de defensa, enfrentando la militarización de sus territorios, la criminalización de sus liderazgos y la erosión de sus sistemas de vida. La región amazónica es en un territorio donde se disputa la conservación de un ecosistema, de donde también surgen alternativas al desarrollo, como el kawsak sacha o selva viviente.

Estos y otros temas se analizarán y debatirán en el XII Foro Social PanAmazónico – FOSPA, que tendrá del 16 al 21 de agosto lugar en Puyo-Ecuador.

El objetivo principal del FOSPA es defender la vida y los territorios, enfrentar la expansión del extractivismo y potenciar alternativas frente a la crisis climática y civilizatoria, desde los pueblos amazónicos.

La Amazonía como un solo cuerpo vivo

El FOSPA se creó en 2002 como proceso paralelo del Foro Social Mundial.  Se ha consolidado como un espacio clave de articulación política, territorial y cultural de los países de la cuenca amazónica. Reúne a pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, organizaciones sociales, colectivos ambientales y academia para pensar la Amazonía como un solo cuerpo vivo, atravesado por fronteras políticas pero unido por ríos, bosques y sistemas de conocimiento ancestrales.

El objetivo principal del FOSPA es defender la vida y los territorios, enfrentar la expansión del extractivismo y potenciar alternativas frente a la crisis climática y civilizatoria, desde los pueblos amazónicos. Este foro plantea fortalecer gobiernos comunitarios, proteger derechos colectivos y proyectar una Amazonía que no sea tratada como zona de sacrificio, sino como un territorio estratégico para el futuro de Sudamérica y del planeta.

Durante décadas esta región ha sido tratada como una bodega de recursos donde el capital entra, escoge y extrae a conveniencia, sin reconocer la complejidad de sus tejidos ecológicos ni la profundidad de sus pueblos. Frente a esta mirada utilitaria, la selva insiste en su propia voz: es territorio vivo, generador de saberes que el modelo occidental intenta silenciar, y por eso, se ha convertido en un espacio de resistencias múltiples.

El XII Foro Social Panamazónico gira en torno a cuatro Casas temáticas, concebidas como espacios de análisis, debate y construcción de propuestas regionales: Casa de territorios libres de extractivismo para una Amazonía con derechos; Casa de la soberanía y libre determinación de los pueblos y nacionalidades indígenas; Casa de economías para la vida y la justicia climática, de la deuda y el extractivismo a la transición y economías transformadoras, y Casa de la resistencia de mujeres y diversidades. Cada una reúne delegaciones de toda la cuenca para trabajar sobre diagnósticos compartidos y rutas de acción frente a las amenazas que enfrenta la Amazonía.

El trabajo en las Casas inicia con una asamblea plenaria de apertura, donde se presentan los insumos de los pre-FOSPAs y se establecen los ejes de discusión. Luego se conforman grupos de trabajo que avanzan en tres momentos: diagnóstico de la situación territorial, identificación de estrategias y construcción de propuestas. El resultado final es un Plan de Acción por Casa Temática, que se integra en una plenaria general para conformar el mandato político del XII FOSPA. Este proceso se complementa con espacios autónomos indígenas, campamentos de juventudes, encuentros de defensores amazónicos y actividades culturales que fortalecen el intercambio entre delegaciones.

En el marco de las múltiples actividades culturales se presentará el libro Toda una vida con la Ceiba, a cargo de Ene Nenquimo, vicepresidenta de la Nacionalidad Waorani – NAWE, Elizabeth Bravo, destacada bióloga e investigadora de Acción Ecológica y Esteban Barriga, ecologista y activista del colectivo Quito Sin Minería. También se llevarán a cabo círculos de diálogo y escucha con grupos de mujeres y de jóvenes, como estrategia para compartir las preocupaciones, ilusiones y proyecciones.

Pueblos amazónicos

Desde la Latitud 0

La realización del FOSPA en Ecuador es un gesto regional de alerta y de solidaridad. El país vive una combinación de crisis democrática, expansión acelerada del extractivismo, debilitamiento de las instituciones ambientales, retrocesos en la protección de derechos colectivos y una creciente criminalización de defensores de la naturaleza. La fusión de competencias ambientales con sectores extractivos, la flexibilización de normas, la presión sobre territorios indígenas y la falta de cumplimiento de mandatos ciudadanos como Yasuní y Chocó Andino, han colocado a Ecuador en el centro de una disputa mayor por el modelo de desarrollo amazónico.

Que el FOSPA se lleve a cabo aquí significa situar la mirada panAmazónica en un país donde casi la mitad del territorio es amazónico, y donde las decisiones nacionales tienen impactos directos sobre la estabilidad ecológica de toda la cuenca. Es un reconocimiento a las resistencias comunitarias que sostienen la selva frente a la presión petrolera, minera y agroindustrial y un poderoso llamado de atención respecto a los Derechos de la Naturaleza, que están siendo sistemáticamente agredidos, al igual que quienes los defienden. En este escenario, el FOSPA en Ecuador no solo es un encuentro: es una afirmación colectiva de que la Amazonía es un territorio vivo, estratégico y decisivo para el futuro regional.

Banco del Pacífico

La Amazonía, este vasto territorio que sostiene a Sudamérica como una columna vertebral de vida, se debate hoy entre la continuidad y el colapso. Pensar la Amazonía exige nuevas perspectivas y rutas de salida a su devastación, rutas que nazcan desde los territorios y no desde los escritorios. En este momento crítico, es urgente construir respuestas globales, regionales, nacionales y, sobre todo, locales, antes de que la destrucción siga avanzando más allá del punto de no retorno.

En Ecuador, la Amazonía no es un paisaje distante: es una raíz que sostiene la vida nacional. Cuando este territorio se vulnera, no solo se pierde la selva; se fractura la memoria, se debilita la democracia y se compromete la posibilidad de un país que pueda mirarse a sí mismo con dignidad. Por eso el FOSPA llega en un momento crucial: para recordar que la Amazonía es más que un bioma, es un horizonte civilizatorio.

Un país que no ama a la Amazonía renuncia a su futuro.

 

Anamaría Varea

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