Sería un acto de excesiva ingenuidad suponer que la última intervención pública de Oswaldo Hurtado buscaba únicamente cuestionar al actual gobierno. O hacer un sesudo análisis sobre la situación del país. El expresidente es un político de cepa; no da puntada sin hilo.
El eje central de su entrevista (el leit motiv, para estar a tono con la condición intelectual de Hurtado) apuntó a trazar una línea divisoria entre el carácter autoritario de Noboa y de Correa y lo que sería un espacio democrático dentro del espectro político nacional. Hurtado no dudó en ubicar a ambos personajes en el mismo lado. Implícitamente, apostó por ese universo de ciudadanos que estarían inconformes con la polarización política que se ha instaurado en el Ecuador. En ese amplio espacio estaría la reserva democrática de un proyecto alternativo al populismo retrógrado de Correa y a la derecha empresarial de Noboa.
La idea de salirse de la hegemonía bicéfala no es nueva, sobre todo cuando las dos fuerzas en disputa comparten rasgos, propósitos, conductas y estrategias similares. No se trata del clásico esquema bipartidista que operó durante dos siglos en la mayoría de países latinoamericanos, sino de las nuevas formas de polarización con la que las élites han refrendado sus proyectos de dominación. Con frecuencia son mecanismos transitorios que muchas veces no sobreviven a una coyuntura, pero que rediseñan a los protagonistas para actualizar la confrontación en el escenario político. Más precisamente, en el escenario electoral.
¿Cuánto tiempo lleva el país atrapado en la dicotomía correísmo-anticorreísmo? Por lo menos, dos décadas. Y les ha funcionado a unos y otros. No obstante, es posible suponer que existe un importante segmento de electores que votan por cualquiera de los dos bandos porque no les queda más remedio.
Es muy probable que Hurtado cuente con información confiable respecto de este contexto. En consecuencia, es lógico concluir que la jugada política a partir de su repentino regreso a la palestra mediática busca incidir en el potencial de esta opción electoral. Al menos, para circunscripciones como el cantón Quito, un campo donde este tipo de reflexiones pueden encontrar eco. Y donde, además, se juegan los intereses de élites históricamente ligadas al exmandatario.
La iniciativa, no obstante, no le queda fácil. El campo político y electoral de los incrédulos seguramente se inclinará por opciones novedosas, incluso a riesgo de volver a equivocarse. La denominada tercera vía apela a un cuestionamiento radical de las estructuras convencionales del poder. Y Hurtado, le guste o no, representa el pasado.
En realidad, el campo está abierto para expresiones políticas y sociales más contemporáneas. Lo que en otros lados se ha denominado como nueva izquierda. Lamentablemente, aquí algunos partidos de izquierda optaron por dar un carpado hacia lo más retorcido y reaccionario de nuestra politiquería.
Agosto 13, 2026
