jueves, abril 23, 2026
Ideas
Milagros Aguirre

Milagros Aguirre

Editora y escritora

¡Qué incoherencias!

No puedo entender que periodistas hayan tratado tan despectivamente a Alondra Santiago. Tampoco puedo entender que se recurra a los mismos argumentos del poder, usados diez o quince años antes, para desprestigiar a otros colegas periodistas: que es extranjera, que falta el respeto a la majestad del poder… ¿se acuerdan? ¿Y son justamente colegas periodistas usando esos mismos argumentos del poder ahora?

Ya no pongo mucha atención cuando enciendo la radio por la mañana, pero el otro día paré las orejas y no daba crédito a lo que escuchaba. Un colega periodista trataba de una forma tan despectiva a Alondra Santiago —la periodista cubana de nacimiento pero con veinte años viviendo en Ecuador,  a quien el gobierno revocó la visa ecuatoriana hace una semana— que sentí vergüenza. Esa señora, decía. Esa ac-ti-vis-ta disque periodista, (haciendo énfasis en la palabra activista, como si fuera ese un delito) esa señora cu-ba-na (con el mismo énfasis que activista) que se hace llamar periodista y que faltó el respeto al presidente y al Ecuador, esa, esa…

¿Cómo un colega, periodista, defensor de la democracia, defensor de la libertad de expresión, puede hablar de esa forma?, ¿por qué?, ¿con qué derecho? Puedo entender que no comulgue con el pensamiento de la periodista en cuestión, que estén en lados opuestos ideológicamente pero no puedo entender que el colega la haya tratado tan despectivamente, tampoco puedo entender que use los mismos argumentos usados por el poder diez o quince años antes para desprestigiar a otros colegas periodistas: que es extranjera, que falta el respeto a la majestad del poder… ¿se acuerdan? ¿y son justamente colegas periodistas usando esos mismos argumentos del poder ahora? No lo entiendo, de verdad. No entiendo a quienes se dicen demócratas, pero a la hora de la verdad no toleran a aquel que piensa distinto, aunque su pensamiento sea diametralmente opuesto. No conozco a Alondra Santiago, pero me solidaricé con ella, como con otros colegas cuyos derechos han sido atropellados por abusivos autoritarios. Creí que el gremio periodístico era unido, coherente, solidario y respetuoso de las libertades y los derechos. Sentí vergüenza y mucha tristeza.

Sentí vergüenza y tristeza en otro espacio, también supuestamente democrático: el sector cultural. ¿Cómo va a ser posible que expulsen a gritos del recinto ferial a las promotoras de una empresa que está incursionando en el comercio electrónico del libro en el país ofreciendo sus servicios? Qué daña el ecosistema del libro, dicen. Que quienes venden libros piratas dañen el ecosistema del libro estoy de acuerdo: la piratería es un delito, los piratas rompen el mercado, no pagan impuestos, no pagan derechos de autor… pero porqué ese afán de sacar del juego a una empresa debidamente registrada, que tiene ruc y facturas, que paga impuestos, que brinda la posibilidad de comprar y vender libros desde un modelo de negocio particular, que trabaja ya en varios países, que invierte en el país y que trabaja contratando personal ecuatoriano, que sea expulsada y maltratada de esa manera, no lo entiendo.

Quienes apuestan al libre mercado, la libre competencia, impidiendo a otros que incursionen en su negocio… más aún si se trata de libros, suena incoherente. Igual que en el caso anterior, creí que el gremio librero era unido, solidario y respetuoso de las libertades y los derechos.  Desde el gremio del que soy parte invito a los distintos actores a sentarse y dialogar para construir un ecosistema del libro sano, abierto, competitivo, fuerte, unido, por el bien del libro y por el bien de los lectores, que son quienes deciden en libertad qué, dónde y cómo consumir literatura, poesía, aventuras y sueños.

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